Efectivos de la División Trata de Personas de la Policía detuvieron a un hábil detective privado, propietario de la agencia de seguridad GPS Investigación, que prostituía chicas de entre 12 y 17 años, las que captaba a través de las redes sociales, especialmente Facebook o con las cuales trababa amistad en la plazoleta 4 Siglos de Salta, donde diariamente se juntan colegiales.

El sujeto, que se hacía llamar Nene Cantero (31), pero cuyo nombre real es Alfredo Demetrio Rojas, con sagacidad intuía cuáles deberían ser sus presas, luego de hacer un estudio de las mismas y acercarse a aquellas de personalidad volátil o con evidentes problemas de personalidad y familiares, y apuntaba, específicamente, a las que advertía que poseían sexualidades indefinidas.

Se especializaba en chicas bellas. La investigación que dio con el paradero y las pruebas suficientes como para detener al sujeto se inició en 2011 y se hallaba bajo la órbita del juez de Instrucción Formal 2, Esteban Dubois; el fiscal penal 1, Eduardo Barrionuevo, y la psicóloga Mónica Jarruz, del Servicio de Asistencia a la Víctima (SAVIC), ya que con el paso del tiempo el Nene Cantero iba sufriendo la deserción de muchas de las chicas que había cooptado.

La investigación policial fue difícil, ya que el sujeto, con sus conocimientos en tareas de seguimiento propios de su actividad profesional, jamás daba su verdadero nombre a nadie y en forma recurrente cambiaba sus números telefónicos.

Sus lugares de caza, además de la plazoleta IV Siglos, eran los boliches La Roka, La City y Dr. Jeckill, estos dos últimos con clientela heterogénea pero mayoritariamente perteneciente al mundo de lesbianas y gays.

Justamente, una de sus virtudes era convertir a la chicas en “chongos”, vocablo de la jerga nocturna que define a una mujer con hábitos sexuales mixtos.

El seguimiento del Nene Cantero llegó a su clímax el sábado pasado, cuando este llevó a una chica de 14 años a un raid por los locales bailables, la hizo beber, le mezcló sus tragos con Rivotril y luego la “comercializó” a un grupo de hombres y mujeres que armaron una fiesta en uno de los albergues transitorios de la ruta 26. Finalmente, la dejó en el palier de su departamento semiinconsciente y con severas lesiones en sus órganos sexuales y en la zona anal.

La chica contó todo ante sus padres y dio a conocer nuevos datos del sujeto: que no había podido dejarlo porque él tenía filmaciones pornográficas de ella teniendo relaciones sexuales con hombres y mujeres, y que la mantenía en silencio y obedieente bajo amenazas terribles; además, si llegaba a abrir la boca y decir algo, enviaría todos los materiales a sus padres y los subiría a las redes sociales.

Un allanamiento realizado en el domicilio del sospechoso no dejó lugar a dudas: le encontraron filmaciones de decenas de chicas en acciones comprometidas y fotografías del mismo tono, amén de otras imágenes algo más civilizadas en que el Nene Cantero aparecía con sus jóvenes en fiestas de boliches.

Con esas pruebas fue detenido pero, además, los efectivos de la División Trata de Personas contactaron a otras mujeres que fueron sus víctimas y que hicieron narraciones espeluznantes relacionadas a la forma de trabajar del hombre. Según ellas, primero las llenaba de regalos, las introducía en el mundo de las fiestas, les compraba ropa adecuada y, cuando se habituaban al jolgorio, les combinaba sus bebidas con soporíferos y tranquilizantes. Y en estado de inacción, las hacía participar en prolongadas orgías, donde eran abusadas por hombres y mujeres, mientras él las filmaba. Con esas imágenes, el camino ya estaba allanado para el negocio del investigador privado.

 

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