Los familiares de Roberto Raúl Bonifacio (24), un pequeño productor de Pueblo Viejo, La Poma, se encuentran en la puerta del hospital San Bernardo, mientras en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) el joven se debate entre la vida y la muerte a raíz de un supuesto accidente de tránsito ocurrido el sábado 17 de noviembre, alrededor de las 14, en la ruta 40, cuando se trasladaba a bordo de su motocicleta.

Sin embargo, los médicos que lo atendieron, al revisar su cuerpo hallaron heridas no compatibles con un siniestro vial, sino con huellas de una descomunal paliza proporcionada por terceros. Entre ellas un violento golpe en la parte de atrás de la cabeza, realizado, probablemente, con una barra de hierro o un palo, y marcas de rebencazos en el torso.

A los pocos minutos del supuesto accidente, unos conocidos informaron a Sara Teófila Guanuco (53), madre de Roberto, que éste estaba tirado en un arenal. Cuando la mujer llegó al lugar lo encontró a punto de ahogarse en su propia sangre y con una herida de gran profundidad en la cabeza y las marcas de azotes. El cuerpo estaba sobre la moto y había rastros de sus pies, como si las puntas de su calzado las hubiesen dejado. No habían signos de derrape de la moto ni raspones en su cuerpo.

Testigos temerosos

La madre del joven relató que “cuando lo estábamos asistiendo, se acercó un vecino, Elio Carpanchay, y entre lágrimas me dijo: "Es horrible cómo le pegaron'. Además, otras personas expresaron que me iban a contar lo sucedido. Pero al otro día se callaron la boca y hasta ahora nadie nos quiere decir qué paso”, dijo Sara.

Adriana, hermana de la víctima, contó que “todos hablan de que hubo una gran pelea, que a mi hermano lo insultaron y que él discutió con varias personas, y que ahí también intervino la señora Cristina, que es la dueña del bar donde estaba y quien sería la que lo azotó antes de que le dieran un golpe desde atrás”.

Según la familia, al joven lo tienen “marcado” porque él trabaja unas tierras que tenemos en Pueblo Viejo y en las que hay tres familias arrendatarias a las que les iniciamos un juicio de desalojo. Sus jefes son Felipe Bonifacio, Bruno Bonifacio y Bartolomé Casimiro, que no son parientes nuestros, quienes ahora se declararon miembros de la etnia diaguita-calchaquí y dicen que esas tierras son de sus ancestros. Por eso comenzó la bronca”, dijo.

 

 

La familia pide Justicia

La familia ya ha realizado una denuncia y una ampliación de denuncia, aportando datos sobre el hecho. “Sin embargo, todavía no han actuado y esto sigue siendo para la Justicia, un simple accidente de tránsito. El médico que los atendió, el doctor Muñoz, nos dijo que averiguáramos lo que le había sucedido porque las heridas no son compatibles con un accidente, y sí más bien con un golpe con un hierro o algo por el estilo”, dijo Gladys, otra de las hermanas. El abogado Santiago Pedroza, quien representa a la familia en este caso, remarcó que ya no puede estar la causa en la fiscalía Correccional. “El lunes vamos a estar en Cafayate y vamos a pedir que la fiscalía Correccional se aparte de la causa y se remita todo a un juez de Instrucción de Salta. Además, vamos a pedir la inmediata detención de los involucrados en el hecho, porque hay una clara intención de ocultar la verdad. Hay intereses políticos entremezclados, orquestados por quienes apañan los reclamos de quienes dicen ser los dueños ancestrales de tierras que tienen dueño”, dijo el letrado. Los Bonifacio son una familia compuesta por los padres y nueve hermanos. La mayoría de ellos viven en Salta. Roberto es el que trabaja la tierra. “El tenía muchas expectativas; estaba trabajando con un socio y dedicado a su hijito de 3 años”, dijo llorando Gladys. Ayer los médicos les dijeron que el estado de salud del joven es gravísimo.

 

 

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