Este verano la economía volvió a ocupar un lugar central en la agenda del Gobierno y también en la de la gente. Hubo una aceleración inflacionaria y subió fuerte el valor del dólar paralelo. “Es muy difícil hacer magia con los acuerdos de precios. Es una ilusión”, sostuvo Martín Lousteau. El exministro de Economía recibió a El Tribuno en su amplio estudio del barrio porteño de Palermo y señaló: “La Presidenta le dijo a (Angela) Merkel que su modelo era Alemania y ahora estamos hablando de acuerdos de dos meses con los supermercadistas y cadenas de electrodomésticos”. El economista agregó que hay “incertidumbre en los formadores de precios”, y afirmó que una devaluación del dólar oficial no tendría mucho sentido porque “nadie puede acceder a él”.

¿Cuáles son los principales cuestionamientos que tiene para con los crecientes acuerdos de precios?

Creo que pasan por distintos lugares. Primero, en cómo están diseñados estos acuerdos. El pasado mostró hasta ahora que son más simbólicos que otra cosa. En el pasado ocurría que algunos bienes estaban incluidos pero después faltaban o te los vendían por otro lugar o ponían algunas marcas a un determinado precio y cuando se agotaban tenías que comprar las otras. Es un acuerdo de precios que funciona desde lo simbólico pero no desde lo efectivo. En segundo lugar, cuando la administración kirchnerista comenzó con los acuerdos de precios a fines de 2005 y 2006- la inflación era un tercio de la que está siendo ahora. Eso es otra muestra de que no es una herramienta que pueda servir como control final de la inflación. Te puede dar un tiempo, si es que en ese tiempo vos te sentás y organizás el resto de la economía. Y en tercer lugar el propio acuerdo de precios te marca cómo se ha deteriorado la situación en materia inflacionaria. Hace cuatro o cinco años la Presidenta hablaba de lograr un gran acuerdo nacional para ir en el sendero de Alemania. Ella le dijo a (Angela) Merkel que su modelo era Alemania, y ahora estamos hablando de acuerdos de dos meses con los supermercadistas y cadenas de electrodomésticos. Es una reducción abrupta de las expectativas de adónde uno quiere ir y eso te marca el riesgo de inflación que tenés y la incertidumbre que tienen los formadores de precios con respecto a lo que el Gobierno va a hacer.

¿Qué debería hacerse entonces para bajar la inflación?

Esto es lo mismo que yo le propuse a la Presidenta apenas arrancó su primer mandato. Uno tiene un nivel de gasto que está desbocado, en particular en lo que atañe a subsidios. Se está gastando cinco por ciento de lo que produce Argentina por año en subsidios, que mayoritariamente van a la Capital Federal y el conurbano. Gas, luz, transporte, un poco de alimentos. Eso es una bola de nieve que va creciendo porque el Gobierno gasta demasiado y gasta mal. El año pasado la cantidad de billetes que circulan en la economía aumentó casi cuarenta por ciento. Si uno no ordena la casa primero, es muy difícil tratar de hacer magia con los acuerdos de precios. Es una ilusión.

El Gobierno minimiza la importancia del dólar paralelo, que en enero subió mucho, ¿tiene eso que ver con la suba de la inflación?

Yo lo pondría al revés. Las causas por las que el dólar paralelo vale lo que vale es porque vos estuviste emitiendo dinero, dejaste que la inflación se desbocará y tuviste retrasado el dólar oficial. Cuando la gente vio que el dólar oficial estaba barato salió a comprarlo, y el Gobierno dijo: “No te lo vendo”, y entonces tuviste un dólar paralelo. Una vez que existe un dólar paralelo, la verdad es que es un mercado tan chiquito que sube y baja dependiendo de la noticia del día, de alguna transacción grande que alguien quiso hacer, de las vacaciones o de si el Banco Central interviene de alguna manera en ese mercado. Pero es evidente que si vos necesitas dólares para lo que sea y al dólar oficial no podés acceder, para una parte de la economía el dólar paralelo se transforma en una referencia. Y además de eso, como los argentinos tenemos una mente muy dolarizada por todos los ciclos del pasado, hay un porcentaje de gente no menor que para ver si la economía está sana o no mira el dólar.

¿Habría que devaluar el dólar oficial?

El dólar oficial está retrasado. Es difícil devaluar algo que vos tenés controlado y que nadie lo puede comprar. Si nadie lo puede comprar, no lo podés hacer subir de precio. En segundo lugar, si vos dejaras devaluar el dólar oficial seguramente eso también va a impulsar la inflación. Entonces vos tenés que corregir todas las cosas que estás haciendo que te generan inflación. Vuelvo a la política fiscal y la política monetaria: vos podrías depreciar el tipo de cambio si controlas lo demás. Hoy no se puede hablar de una depreciación porque el oficial es un dólar al que casi no se puede acceder.

Las cinco centrales sindicales criticaron al Gobierno por subir solo veinte por ciento el piso de Ganancias. Si la suba hubiese sido mayor, ¿no impulsaría aún más la inflación?

Una vez que el Gobierno dejó pasar mucho tiempo y que vos tenés una dinámica inflacionaria grave y que el dólar se ha retrasado, vos tenés la siguiente disyuntiva. Una es: “No quiero hacer política monetaria fiscal, que es lo que el Gobierno hace, y entonces hago acuerdos de precios y dentro de ellos presiono para que los gremios pidan 20 por ciento o menos”. Si el Gobierno logra eso puede ponerle un tope a la suba de la evolución de los precios. Pero, por otro lado, eso te genera que la gente tenga menos poder adquisitivo y consuma menos. El Gobierno, producto del lugar en donde se ha metido, hoy está tratando de resolver la manta corta: “Si consigo que los gremios pidan poco para que haya menos inflación, voy a tener menos consumo. Y si dejo que haya más consumo voy a tener más inflación”. Esa es una situación en la que ningún Gobierno está obligado a meterse.

¿Por qué todos los países de la región crecieron estos años y solo Argentina y Venezuela tienen una inflación tan elevada?

Producto de malas decisiones de política económica. La mayoría de los países de la región crecen por diversos motivos. Uno es porque todos tienen circunstancias externas muy favorables y otro es porque han ordenado con respecto al pasado los excesos en política económica que han tenido. Las dos coyunturas también generaron mayor inversión en los países, que es algo que acá no funcionó de la misma manera por la propia incertidumbre que el Gobierno genera. Cuando estás compensando con hormonas emisión monetaria, lo que no lográs por vías naturales, tenés un crecimiento artificial que te termina generando inflación.

En este contexto, ¿cómo entran las trabas a las importaciones?

Es otra consecuencia de la inflación. El dólar hoy vale cinco pesos y valía tres a fines de 2004, quiere decir que subió 66 por ciento en ocho años y pico. Eso es menos de ocho por ciento anual, y todos los precios de la economía subieron mucho más. A diferencia de lo que pasa en otros países de la región, Argentina empieza a perder reservas. Entonces el Gobierno no te deja comprar dólares para atesorar y empieza a poner trabas a las importaciones para que vos no tengas que venir a pedirme dólares para pagar afuera. Y esas trabas generan un inconveniente en la matriz productiva, porque un porcentaje importante de la producción requiere de productos importados para funcionar.

 

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