María Sol amó a su papá, Herman. Un día, la sangre de ella corrió el velo de la historia y entonces dejó de llamarse María Sol para ser la actual Victoria, y el hombre no fue más su padre sino su apropiador, además del asesino de sus padres. Dolorosísima la historia. Dura. Fuerte. Como tantas otras que dejó en el país el paso de la dictadura militar de los 70.
Victoria es Victoria Montenegro, hija de Roque e Hilda, una pareja de jóvenes (20 y 18 años), militantes de izquierda, oriundos de Metán que, escapando de la persecución salteña, fueron a parar a Buenos Aires. Allí, pasaron a engrosar la lista de desaparecidos, y su hija de apenas 13 días, fue uno de los miles bebés robados que la democracia y las Abuelas encontraron con el paso de los años.
Esta porción de historia, relacionada con los siniestros vuelos de la muerte, está contada en una obra de teatro que los salteños tendremos el privilegio de ver este fin de semana en la Capital y en Metán. Se llama “La marca en el orillo”, y se enmarca en el ciclo “Teatro por la identidad”, y es dirigida por Eugenia Levín y Becky Garello. La escribió Cristina Merelli y los protagonistas son Manuela Pal, Federico Saslavsky y Jorge Noya.
Sobre el escenario transcurre la historia de amor real de Victoria y Guti, compañeros en la vida real desde hace 22 años, durante los cuales juntos atravesaron todo el proceso de cambio de identidad de Victoria para que sea quien verdaderamente es y no otra.

Del otro lado de la vida

María Sol, vivía en Buenos Aires como hija biológica de Mari y de su marido, un militar alemán, el coronel Herman Tetzlaff, jefe de tareas del campo de detención El Vesubio. María Sol creció bajo la influencia ideológica de los colegios de señoritas y la doctrina militar. Su papá era un héroe para ella que había recibido una formación opuesta a su verdadera vida. Más aún, creía que el llamado Proceso de Reorganización Nacional había sido necesario y que no había desaparecidas.
Mientras esto ocurría, las Abuelas de Plaza de Mayo sospechaban sobre la identidad de María Sol, por su fecha de nacimiento y por la trayectoria militar de quien decía ser su padre biológico; además el parecido físico no se correspondía con el del alemán ni el de su señora. Por eso las Abuelas llevaron el caso a la justicia, pero la causa se demoró muchos años por el vínculo que el apropiador tenía con algunos jueces y fiscales. Cuando la causa pasó a manos del juez Roberto Marquevich, María Sol fue obligada a someterse a una extracción de sangre para compararla con el banco genético con el que cuentan las Abuelas.
El 5 de julio de 2000, del otro lado de la vida, apareció Victoria Montenegro, hija de dos militantes salteños del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), Roque Montenegro e Hilda Torres, quienes huyeron de Salta escapando del Operativo Independencia.
Victoria estuvo con sus padres sólo 13 días, hasta que un grupo de tareas, relacionado con Triple A y encabezado por el coronel Herman Tetzlaff, desapareció a sus padres y se apropió de ella. “Fue muy duro saber quien era, en realidad Herman, a quien yo amaba. Él fue el jefe del operativo que nos hizo desaparecer, era quien había matado a mis padres y me había secuestrado a mi. Fue difícil aceptar el horror de la persona que uno quiere. Fue más fácil culpar a mis verdaderos padres por haber militado políticamente. Me llevó casi 8 años aceptar mi nuevo nombre, con la historia que tiene. Me llamo Victoria por la victoria que mis padres soñaron con su lucha”, dijo.
La obra se llama “La marca en el orillo” porque Victoria tiene un lunar muy grande en la rodilla izquierda. La única que pudo verla al nacer fue la hermana mayor de Roque, Susy. Después de la desaparición de su familia, Susy recorría las plazas de Buenos Aires buscando a una nena con un lunar en la rodilla. Lamentablemente Susy murió sin poder abrazar a esa niña, hoy una mujer adulta, madre de tres hijos y secretaria Nacional de Derechos Humanos de la Agrupación Kolona, de Alicia Kirchner.

Homenaje a Roque

“Yo conocí a Victoria hace muchos años. Su historia me impacto mucho y entendí que ella quería contarla. Por eso decidí armar este equipo y contar esa historia a través del arte”, dijo Eugenia Levín, directora de la obra. “Para mí es una emoción muy grande poder llevar esta obra a Salta, conocer a la familia Montenegro y homenajear a Roque, añadió la directora de la obra teatral.
 

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