Pasar la puerta de entrada del Museo de Bellas Artes de Salta y comenzar a recorrer las salas, perfectamente balanceadas con obras artísticas variadas, es un bálsamo para el espíritu.

La antigua Casona Usandivaras, construcción de estilo francés de principios del siglo XX, empezó a recuperarse y adecuarse en 2006.

Hoy guarda una pintura invalorable: “Vista de la ciudad de Salta desde la cima del cerro San Bernardo” del pintor italiano Carlo Penuti, integrante de la Legión Italiana que llegó al país con Giuseppe Garibaldi. La realizó en 1854, fue rifada al año siguiente y adquirida por el Gobierno Provincial bajo la gobernación interina del coronel Miguel Francisco Aráoz, que ordenó comprar todos los números para que el cuadro sea de los salteños.

Más allá de su importancia estética, el cuadro de 1,82 por 0,95 m, proporciona información histórica sobre la Salta de entonces: el Convento San Bernardo, la iglesia San Francisco aún sin torre (que será terminada casi 30 años después), la plaza 9 de Julio llamada “Del inmortal Urquiza” sin forestar ni bancos para sentarse, y la iglesia de la Compañía de Jesús que oficiaba de catedral, en la esquina de Caseros y Mitre.

Entre lo antiguo y moderno

Este museo, que nació en 1930 en la Casa de Arias Rengel (La Florida 20), tiene el privilegio de ser uno de los más antiguos del país. Hoy, en su nueva casa de una esquina de Sarmiento y Belgrano, recibe cientos de visitantes por mes. Según revela la última estadística, durante 2012 fue visitado por 34 mil personas entre salteños, turistas y especialmente estudiantes que están dentro del programa de visitas guiadas.

La planta alta tiene una muestra permanente, mientras en la planta baja se recicla con muestras temporales que se cambian cada dos o tres meses.

La colección permanente tiene expuesto el patrimonio artístico de la Provincia y se exhibe con criterio cronológico desde el periodo prehispánico hasta el siglo XXI.

“Como recurso de atracción y especialmente de acercamiento de la gente, planteamos cambios del guión museográfico. Esto significa que le damos movimiento y visibilidad a las obras, pasando del depósito a la exposición para que una misma persona se sienta tentada de entrar varias veces y tener la posibilidad de conocer todo el patrimonio”, explicó la directora, Andrea Elías, quien acompañó a El Tribuno en la recorrida por el museo.

Visitas y talleres

La curadora, especializada en Francia y profesora de Historia del Arte en la Universidad Católica, puso el acento en la tarea de extensión que se realiza con talleres y visitas especiales para discapacitados. En el auditorio del museo se ofrecen muestras de esculturas y fotografía para ciegos, actividades para hipoacúsicos y para pacientes psiquiátricos del Hospital Ragone que concurren una vez por mes. En este caso, a partir del segundo semestre contarán con una profesora de pintura y dibujo para proporcionarles mayores herramientas a la hora de elaborar sus propios trabajos artísticos.

Y adecuándose a los tiempos, también se incorporó el código QR para la lectura de información.

El patrimonio

Entre sus colecciones cuenta con arte religioso del siglo XVIII, arte del siglo XIX, obras de Ernesto Scotti, Aristene Papi, Ramiro Dávalos, Guillermo Usandivaras, María Martorell, Carlos “Pajita” García Bes, Luis Preti, Osvaldo Juane, Jorge Hugo Román, Rodolfo Argenti, Elsa Salfity y otros artistas salteños que dejaron su impronta en el arte de principios y mediados del siglo XX.

Tiene además una Sala de Arte Precolombino y el Legado de la familia Leguizamón, que se integran a la colección permanente.

Dibujos, pinturas, esculturas, grabado, fotografías y hasta videos se articulan entre lo más antiguo y lo moderno que se incorpora.

“Ramona obrera” en una de las salas

A través del Programa Matching Funds arteBA-Zurich, el Museo adquirió en arteBA del año pasado la obra “Ramona Obrera”, del destacado artista rosarino Antonio Berni, premiado en 1962 en la Bienal de Venecia, una de las más prestigiosas del mundo.

Se trata de un grabado xilocollage de 1,42 x 0,52 m, creado en el año 1962 y ganadora del Gran Premio de Grabado en ese mismo año.

Desde principios de los 70, Berni trabajó en una serie nueva, cargada de compromiso político y social. Las obras dedicadas a Juanito Laguna y Ramona Montiel, dos personajes inventados por él para utilizarlos como símbolos de la niñez explotada en América Latina. Ramona Montiel es la chica de la villa miseria convertida en prostituta para sobrevivir. En las obras Ramona aparece rodeada de los hombres que la explotan: Ramona como costurera, Ramona trabajando en el cabaret, Ramona y la adivina, Ramona y su casamiento, Ramona esperando en la Panamericana.

Nueva técnica

Para estas obras Berni utilizó una técnica inventada a principios de siglo: el collage, el agregado a la pintura de materiales reales que son pegados sobre el cuadro. El artista utiliza un abundante collage transformando sus imágenes en superficies cargadas de elementos como latas, plásticos, hierros, maderas, telas, zapatos, juguetes, papeles, señales de tránsito y más. Incorporó desechos y materiales varios que el artista recolectó en los barrios marginales de Buenos Aires donde podrían vivir Juanito y Ramona.

Con su ciclo de Juanito Laguna y Ramona Montiel, Antonio Bemi desarrolló hasta los años ochenta, uno de los capítulos más originales de la historia del arte argentino y concluyó su tarea como uno de los artistas claves de la cultura.

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