En una entrevista exclusiva con El Tribuno, el analista internacional Horacio Calderón estimó que es muy pronto para afirmar que una posible crisis nuclear con Irán se haya disipado luego del acercamiento entre los presidentes Hasan Rohani y el estadounidense Barack Obama.

Además, Calderón consideró que el régimen de los ayatollah no cederá ni un ápice en el desarrollo de su programa nuclear, que es su verdadero interés.

 

¿Es real la apertura del régimen teocrático de Irán hacia la comunidad internacional en general y occidental en particular?

Irán tiene uno los sistemas de tomas de decisiones más complejos y difíciles de descifrar de la región, aunque parafraseando una conocida expresión diría que todos los caminos conducen al líder espiritual y guía supremo del país, quien desde hace dos décadas es el ayatollah Ali Jamenei. En cuanto a mi opinión personal, esta supuesta “apertura” es una movida más, excepcional desde luego, en el marco de la gran partida de ajedrez geopolítico en juego por la conquista de la primacía regional en el Medio Oriente y por extensión en el Levante. En estos juegos de poder hay dos grandes actores regionales cuyos intereses van más allá de las fronteras que circundan a Irán: Arabia Saudita e Israel, quienes cuentan a su vez con la alianza de las principales potencias occidentales. Las “audaces” acciones de “apertura” del nuevo presidente iraní, quien es un clérigo con la jerarquía de Hoyatoleslám, grado religioso un nivel inferior al de ayatollah dentro de la jerarquía chiíta duodecimista, son y serán rechazadas por un sector del establishment clerical y militar del país. En consecuencia, su futuro depende de la evolución de los acontecimientos a corto plazo. La cuestión del desarrollo nuclear iraní, que nadie debería dudar tiene una aplicación dual, debería resolverse en un lapso no muy prolongado, ya que Irán quedaría en caso contrario frente a un muy probable ataque militar exterior contra sus sitios más sensibles; y tal vez más allá de estos.

¿Cómo se entienden las dispares reacciones en la propia Persia hacia la iniciativa de Rohani y su charla con el presidente Obama?

Irán está gobernado por una clericracia representada por el líder espiritual Ali Jamenei, quien al margen del gran poder que detenta en su condición de tal, debe lidiar permanentemente para mantener el control de sectores religiosos, políticos y militares que mantienen visiones opuestas e intereses contrapuestos; muchos de ellos arraigados en sectores extremistas y poco o nada dispuestos al diálogo con los EEUU y mucho menos descartar un ataque de Israel o a Israel. Ello explica las reacciones dispares observadas durante el regreso del presidente Hassan Rohani a Teherán luego de su exposición ante la Asamblea General de la ONU; y de la conversación telefónica a último momento con su par estadounidense Barack Obama, hecho que no cuenta con precedentes desde la revolución islamista de 1979, encabezada por el ayatollah Ruhollah Jomeini. Es impensable que Rouhani haya dado pasos tan importantes como el discurso en la ONU, la reunión del canciller iraní con John Kerry y otros que pertenecen a miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y su conversación telefónica con Obama, sin contar con el aval directo de Ali Jamenei. Sin embargo, debe aclararse, el presidente podría constituirse en una pieza prescindible si las acciones diplomáticas en desarrollo no alcanzaran los objetivos deseados. Pero Hassan Rohani no es Mahmoud Ahmadineyad, y su aquilatada experiencia diplomática como negociador nuclear no dejará de ser de una gran importancia en los tiempos por venir.

¿Es creíble la decisión de Rohani? Y... ¿los ayatollah acompañarán esa postura?

La “decisiones” del presidente Hassan Rohani responden a instrucciones del ayatollah Ali Jamenei, y sin duda han sido tomadas luego de un largo proceso de consultas con los sectores de poder, que ya he definido como de gran complejidad. Hay ayatollah que acompañarán firmemente esta postura; otros que quedarán a la espera por si las expectativas son defraudadas; mientras que aquellos allegados a sectores más extremistas conectados con Mahmoud Ahmadineyad se oponen duramente a abandonar su postura belicista.

¿Es una iniciativa de política de estado o está dada por la sensación de poner las barbas en remojo después de Siria?

Aunque hay en juego visiones e intereses que van más allá de la defensa del controvertido programa nuclear, como aquellos relacionados con la geopolítica regional, las políticas de Estado iraníes giran en torno de aquellas que se desea implementar en forma permanente. Por ejemplo, su desarrollo nuclear, que muy difícilmente vayan a rendir. Pero el futuro de Siria tiene y tendrá para el régimen iraní consecuencias estratégicas, en razón de que la guerra que sufre el país liderado por la dictadura de Bashar al Assad ha sido provocada por actores regionales y de primer nivel mundial, que desean provocar un cambio de régimen para debilitar a Irán y al Hezbollah libanés, actores estos últimos que a su vez consideran el derrumbe del alauismo gobernante como una amenaza existencial a futuro para ellos mismos. La guerra en Siria es una guerra de “proxies”, en la que ambos bandos son actores empoderados por patrones que están más allá de sus fronteras: EEUU, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudita, Turquía y Jordania contra el régimen sirio; mientras que Irán, el Hezbollah, Rusia y China operan en su defensa. De cualquier manera, la distensión relativa lograda por el acuerdo para neutralizar el arsenal químico y biológico del régimen sirio, y los alentadores pasos dados entre los EEUU e Irán, se han iniciado a mi modesto juicio con promesas oficiales de plazos que jamás podrán cumplirse, y que podrían extenderse mucho más allá de los tiempos establecidos; quebrando las expectativas de paz, y regresando al nivel de tensión alcanzado de manera previa.

Hay algunos medios internacionales que hablan de la disipación de una posible crisis nuclear, ¿usted comparte esa estimación?

Es difícil anticipar un solo escenario en este grave conflicto, pero sin descartar una solución pacífica a la crisis por el desarrollo desde ya sospechoso del programa nuclear iraní, siempre he sostenido que tras el mismo se esconde un plan tendiente a provocar un cambio de régimen en Irán. Y, en consecuencia, impedir que este país intente alcanzar la fabricación de armas nucleares para disuadir de tal intento a las principales potencias occidentales y a sus aliados en el Levante y el Medio Oriente, como Israel y Arabia Saudita. En lo personal, creo que sería de extrema peligrosidad permitir que un país liderado por una teocracia extremista cuente con armamento nuclear. A fuerza de ser coherente, creo que no debería existir país alguno en toda la región que no adhiera al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, y respete la necesidad de alcanzar una región libre de estas armas de destrucción masiva, comenzando por Israel, que sí cuenta con arsenales no declarados.

Luego del desenlace sobre Siria que parece encaminarse hacia una solución, y esta apertura de Irán, ¿hay espacio para poner la cabeza en la almohada pensando en Medio Oriente y descansar tranquilos?

En absoluto, aunque sería deseable. “Descansar tranquilos” pensando en Medio Oriente es un sueño casi imposible si uno compara lo que sucede en estas regiones con una cadena de pequeños volcanes, eslabones todos a punto de entrar en erupción al mismo tiempo.

 

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