Desde su debut con Lumbre no deja de sorprender. En 2011 obtuvo el Premio Gardel por su disco “Churita”. En 2013 realizó una nueva gira por Japón y fue seleccionada como una de las figuras que se reúnen tras la marca “Vino argentino”. En el aviso, que se verá a fin de año, ella lleva un poncho salteño sobre el hombro. 

Compositora, percusionista, dueña de una voz particular, verla sobre el escenario es una celebración. Esta noche presentará en Salta su nuevo trabajo “Sangre Buena” en la casa de la Cultura y jugará de local, porque ya hace un tiempo se ha radicado en San Lorenzo.

El tema que abre el disco habla de no mirar hacia atrás. En este sentido, ¿cómo te llevás con tu pasado?

Me llevo muy bien, porque esencialmente no reniego de nada que esté ligado al pasado. Al contrario, creo que todo lo que tiene relación con el pasado, de alguna forma, hace mi presente. El tema habla no tanto de no mirar atrás, sino de no quedarse mirando atrás, habla de avanzar y mirar siempre para adelante. Porque muchas veces, por quedarse mirando para atrás, uno se pierde todo el universo que tiene adelante. Tiene que ver con eso.

Desde Lumbre, tu primer disco en 2002 hasta hoy pasaron algo más de diez años. ¿Qué mantenés de esos inicios y qué se ha modificado?

Creo que hay un montón de elementos en común: lo que fue mi primer disco y mi situación como música. Otras fueron mutando, evolucionando. Hay elementos que se mantienen, que tienen que ver con esta idea de abordar la música nuestra, de partir siempre desde una raíz folclórica. Me siento ahora en un estado de mayor madurez, pero hay algo que sigo manteniendo y que sí es igual a cuando grabé mi primer disco: sigo estudiando canto diariamente, siempre trato de perfeccionarme y seguir investigando sobre esta música que amo e interpreto. Eso es algo vital, que considero muy importante. Creo que no hubiera podido hacer este último disco si no hubiera realizado todo este recorrido de comenzar con “Lumbre”, con los primeros discos que tal vez fueron más experimentales y que tienen otro color, otra orquestación. Siento que este último disco fue una síntesis de todo este camino recorrido.

Parte de esa síntesis de la investigación, ¿se plasmó en la versión más bien andina de Tonada del viejo amor?

En realidad, surgió de una manera muy natural y espontánea que tuvo que ver con una situación muy común en mí, que es ponerme a tocar y ver qué va saliendo. Tampoco tenía una idea de grabar para el disco versiones de algunos temas que no sean míos. Quería que el disco tuviera todas canciones propias para seguir un poco con la idea de Churita, mi disco anterior, donde había música original. Estaba tocando y apareció la melodía de la Tonada. Me gustó la idea porque para mí es un desafío. Ahora que vivo en Salta, la Tonada del viejo amor es como un himno de aquí, de Dávalos y Falú, dos grandes muy emblemáticos de lo que es la cultura argentina y, dentro de Salta, dos próceres. Entonces fue un desafío llegar a esta versión.

El hecho de radicarte en Salta ¿modificó tus paisajes sonoros? ¿Qué te motivó a hacerlo?

El motivo tuvo que ver con algo más bien personal, con el hecho de haberme casado con Mauro, que es salteño. La idea de venir para acá se fue dando muy naturalmente. A mí me gustó porque era algo que estaba sintiendo necesario: cambiar un poco el aire y el ritmo de vida, que en Salta es muy diferente a lo que es la vida en Buenos Aires. Llega un momento en que es difícil seguirle el ritmo a la Capital. Es muy intenso y a veces uno necesita bajar un poco los decibeles y comenzar a conectarse con otras cosas. Ya todo este disco fue compuesto y concebido en Salta, así que es inevitable que esté impregnado de todos los paisajes y las temáticas que están más cerca de la provincia. Mi cotidianeidad ahora tiene que ver con todo este entorno y con un montón de cambios que comienzo a vivenciar y que tienden a verse comunes. Todo eso se ve reflejado en el disco. Siento que ahora estoy más cerca de lo que es el folclore realmente. Fue así que empezaron a aparecer algunas ideas vinculadas, por ejemplo, al Chaqueño (Palavecino), con empezar a hacer el disco en su estudio, de generar un vínculo artístico con la gente de aquí como Carlos Ibáñez que es un gran guitarrista. También Daniel Villa que ha hecho los arreglos de violín. El es arreglador también del Chaqueño y a mí me interesaba que estuviera presente el color de los violines del Chaqueño y toda su impronta que tienen vinculación con el color de la música del Chaco salteño. Desde que yo vivo acá, ese color está todo el tiempo en el aire. Me interesaba rescatarlo y acercarlo un poco a lo que es mi estética musical.

Actuarás hoy en la Casa de la Cultura. ¿Qué implica para vos presentarte allí?

Es un concierto muy importante, porque es en el lugar donde ahora vivo. Yo lo siento con mayor inquietud, expectativa y responsabilidad. Siempre vivo los conciertos con mucha responsabilidad, pero en el lugar donde uno vive hay algunas diferencias. Tal vez antes el concierto más importante del año era en Buenos Aires y ahora el concierto más importante del año es en Salta. Estoy con mucha ansiedad trabajando para que todo salga como me gusta, cuidando hasta el mínimo detalle, viendo de darle forma para que suene lo más parecido al disco, tratando de incluir también a los músicos salteños. La idea es tocar todo el disco, también con los músicos de Buenos Aires, salvo Diego Arcaute que está de gira. Lo va a reemplazar Martín Misa en batería. Luego van a estar Carlitos Ibáñez y seguramente también Daniel Villa. En relación al show, me gusta generar la idea de que la música sí modifica estados y que la gente que venga a ver el show entre de una manera y salga de otra. Siempre me interesa generar eso, que la gente se pueda ir distinta de cómo vino. Es lo que me gusta provocar, lo que pretendo que me pase a mí cuando voy a ver un show: no volver a mi casa igual.

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