Con el inicio, hoy, de la Fiesta Chica de Sumalao, en el departamento de La Merced, vuelve una de las celebraciones más antiguas de los habitantes del Valle de Lerma. Su historia está cruzada de mitos y de su origen misterioso nos llegan varias versiones. Pero el profundo sentido religioso, la sacralidad del momento que construyen todos los intervinientes, los ritos de la Iglesia y las creencias populares, le dan el marco a uno de los enigmas de la fe en Salta.

Dentro de las festividades de la Iglesia salteña, el primer viernes después de Pascua comienzan los siete viernes de preparación para la festividad de Sumalao. Es litúrgicamente una festividad movible, ya que se celebra el día de la Santísima Trinidad, la cual depende de la celebración de la Pascua de Resurrección.

El Domingo de Pentecostés se celebra la Fiesta Chica, con la participación de misachicos de todo el Valle de Lerma. Pequeñas procesiones, cuyo origen se remonta a las antiguas religiones del continente, se acercan a Sumalao desde puestos alejados dándole un colorido especial al momento. Al domingo próximo, muchos promesantes marcharán a pie los 37 kilómetros que hay entre la ciudad de Salta y el paraje. La mayoría son personas humildes. Adoran un óleo de Jesús, flanqueado por la Virgen María y María Magdalena. Mide 1,80 metros. Se supone que fue realizada en el siglo XVII, en la provincia de Puno, Perú.

El Cristo de Sumalao sufrió dos principios de incendio hace varios años. Los fieles solían prender las velas de sus promesas y las colocaban al pie de la imagen. Es por ello que presenta quemaduras y está oscura por el calor de las velas al que se la sometía. Se intentó restaurarla, pero la gente no permitió que el cuadro saliera de su lugar. Por esa razón se le puso vidrio, y un marco más grande.

Los orígenes

Una de las historias que intentan explicar el evento cuenta que a comienzos del siglo XVII, don Gabriel de Torres y Gaete, volviendo del Alto Perú, traía entre sus equipajes una copia del Señor de Vilque para su hacienda de El Pucará. Cuando atravesaba el paraje denominado “Sumalao” (lugar hermoso), la mula que traía el bulto se desprendió de la tropa y fue encontrada en el mismo lugar anterior. Los arrieros la azotaron en vano. Ante la situación, y como fervientes creyentes, don Gabriel de Torres interpretó que el Señor quería quedarse en ese lugar hermoso. Se ordenó entonces que se descargara el cuadro y se lo dejara bajo un algarrobo al cuidado y culto de los lugareños.

Otra historia cuenta que a mediados del siglo XVIII, el rey de España, Carlos V, envió hacia América tres óleos de Cristo. Uno quedó en Cuzco, donde se lo venera con el nombre de Señor de los Temblores. El segundo está en Tacna, Chile, y el tercero era para la provincia de San Juan. Cuando el Cristo “sanjuanino” salió del Cuzco, la caravana tuvo dificultades en Puno. Como no pudieron continuar, los viajantes dejaron el cuadro en la Parroquia de Vilque. Para cumplir con el mandato del rey, un anónimo artista cuzqueño hizo una réplica exacta del Cristo y el cuadro fue enviado hacia el sur a lomo de mula.

Por entonces, Sumalao era un paso obligado hacia el Virreinato del Río de la Plata, y lugar donde se cambiaban las mulas y se realizaban ferias de trueques. Cuando los encomendados partieron hacia San Juan, uno de ellos tuvo que regresar porque la mula que llevaba el cuadro no estaba. Se la encontró en Sumalao, debajo de un algarrobo. Volvieron a recogerla y otra vez el animal se extravió y fue encontrado nuevamente en Sumalao, echado en el suelo bajo la sombra del mismo árbol y no se levantó hasta que no le sacaron el cuadro de su lomo.

Esto fue entendido como que el Cristo quería quedarse en el lugar y así comenzó una leyenda que dura hasta nuestros días.

La antigüedad y lo sagrado

Aunque en general se asegura que estos orígenes de la Fiesta de Sumalao se remontan a la época de la Colonia, cuando en este paraje se realizaban las famosas ferias de mulas, restos arqueológicos señalan que el sitio fue muy poblado en épocas anteriores. En la finca “El Puesto”, de Sumalao, existe un museo arqueológico del sitio, único de su tipo en el Valle de Lerma.

En su colección podemos contar más de 2.000 piezas líticas, entre las que se encuentran una curiosa colección de puntas de flecha, hachas de guerra, morteros, pipas, urnas, entre otros. En todo el mapa de la región, la mayoría de las celebraciones religiosas de la actualidad tienen su origen en fiestas anteriores a la Conquista. Pero esta fiesta tradicional es muy significativa para el pueblo de Salta. Gente de todas las regiones vecinas concurrían año tras año a realizar sus transacciones comerciales y asistían a carreras de caballos, bailes y todo tipo de diversiones.

Inclusive varios de nuestros héroes de la Independencia rezaron allí previamente a las batallas.

Es para destacar también que la imagen de la mula, muchas veces asociada a lo diabólico, en este caso participa de lo sagrado. Nos recuerda la época en que Salta era el muladar que alimentaba de bestias a la extracción de plata del cerro Potosí, centro del Imperio español y razón por la cual se había fundado. Y también nos recuerda la importancia de la actividad económica en la vida de los pueblos, tanto en la organización de lo cotidiano como de lo sagrado.

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