El médico veterinario Céltico Rodríguez brindó días pasados una interesante conferencia sobre el agro y la ganadería de Salta y el país.

Uno de los puntos de interés estuvo centrado en la producción de granos, especialmente soja. Sumados todos los granos (soja, maíz, trigo, girasol, sorgo, etc.), la Argentina produce actualmente unas 100 millones de toneladas anuales. Junto a los países del Mercosur, nuestro país participa de la mayor cuenca granera del planeta. Grandes planicies, entre ellas la Pampa Argentina y el Chaco Sudamericano, sumado a una faja climática con precipitaciones y temperaturas adecuadas, dan el marco ideal para una producción sostenida y un potencial que puede duplicarse o triplicarse en el tiempo.

Téngase presente que uno de nuestros principales compradores, la China, pasó de consumir 4 kg de carne por habitante y por año en la década de 1960, hasta 56 kilogramos en la actualidad.

El mundo demanda alimentos y Argentina y sus vecinos tienen las posibilidades de proveerlos en cantidad y calidad. Nuestro país con poco más de 40 millones de habitantes produce alimentos para 400 millones. Agua, suelo, clima y buenas semillas, son la síntesis para lograr plantas saludables y ricas en granos. Lo que pasa desapercibido en este asunto es el trabajo minero que realizan las plantas durante su crecimiento y desarrollo.

La minería de las plantas

El agro es una forma de minería, una minería invisible que toma minerales del suelo y los concentra en los granos. Los cereales y oleaginosas además de proteínas, glúcidos y lípidos, contienen minerales y agua. El contenido de minerales es del 5% y esto nos pone en situación de que cada año se marchan al exterior, junto a los granos, unas 5 millones de toneladas de minerales.

Esta exportación no convencional de minerales no figura en ninguna estadística y es sin embargo la mayor exportación en volumen y cantidad de recursos mineros del país. Téngase presente entonces que cada planta trabaja como un pequeño minero, donde las raíces “explotan” los minerales del suelo, los tallos los transportan y los granos los acumulan.

Toda la planta es una factoría que intercambia gases con la atmósfera, absorbe agua y fija nutrientes. Comparando con la actividad minera tenemos allí representadas las etapas de explotación, concentración y beneficio. Ahora bien, además de los granos están las pasturas. La superficie con pastizales duplica a la sembrada con granos. Esos pastos y forrajeras también necesitan de los minerales del suelo. La alfalfa por ejemplo consume 226 kg de calcio por hectárea y por año y 56 kg de magnesio.

La producción forrajera anual supera las 250 millones de toneladas. Tomando en cuenta las millones de hectáreas bajo cultivo podemos hacernos una idea somera de los millones de toneladas de minerales que deben reponerse a los suelos. Lo único que baja del cielo y gratis es el agua, en años normales se entiende.

La remineralización

El resto, los minerales, deben agregarse ya sea como fertilizantes o como correctores o enmiendas de los suelos. Los fertilizantes aportan elementos sustanciales como nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K), conocidos en conjunto como los NPK. También son necesarios otros macro y micronutrientes como: Azufre (S), magnesio (Mg), boro (B), zinc (Zn), hierro (Fe), manganeso (Mn), cobre (Cu), molibdeno (Mo), carbono (C), hidrógeno (H), oxígeno (O) y cloro (Cl) a los ya mencionados anteriormente.

Si lo comparamos en cantidad de camiones lo que hay que reponer por año de los distintos elementos químicos esenciales, se necesitarían en números gruesos unos 18.500 camiones de potasio, 8000 camiones de fósforo, 5000 camiones de azufre, 3000 camiones de calcio y 1450 camiones de boratos. Por supuesto que eso no ocurre y por lo tanto los suelos se van empobreciendo y van perdiendo su capacidad productiva.

Por ejemplo, el fósforo se repone en un 38% y queda un déficit de 62%, el nitrógeno un 29% con lo cual queda un déficit de 69% y el azufre un 10% quedando un déficit de 90% sin cubrir las necesidades básicas del suelo. En 10 años se calcula que la producción de granos alcanzará los 130 millones de toneladas de los cuales la mitad será de soja, seguida por maíz, trigo, girasol y maní.

Esta expansión productiva tiene que venir acompañada de una remineralización de los suelos. Para ello se necesitarán nitratos, fosfatos, boratos, potasio, azufre, calizas, dolomitas, yeso, turbas, magnesio, manganeso, hierro, cobre, zinc, molibdeno, entre otros muchos elementos químicos, minerales metalíferos, minerales no metalíferos y rocas varias. Por ejemplo el basalto finamente molido ha demostrado ser un valioso producto mineralizante de los suelos. Igualmente ocurre con algunas rocas ígneas alcalinas.

Nuestros recursos

Muchos de estos insumos minerales se importan cuando tenemos en el país abundancia de unos, y hay que reconocerlo, carencia de otros. La Argentina es un país pobre en fosfatos y a lo sumo contamos con algunas rocas fosfóricas. Tenemos uno de los principales yacimientos de potasio del mundo en Río Colorado, Mendoza, pero la empresa brasilera Vale que lo estaba desarrollando abandonó el proyecto por un sinnúmero de causas políticas y macroeconómicas.

Nos queda la posibilidad de obtener el potasio como subproducto de las salmueras de litio en los salares de la Puna. Importamos nitratos cuando podemos producirlos a partir del gas en nuestro territorio. Tenemos ricos y abundantes depósitos de calizas, yeso y turba, tanto en Salta como en el país, y podemos proveernos también de magnesio, manganeso, hierro, cobre, zinc y molibdeno sin recurrir a las importaciones.

Sobra demanda y falta oferta en esta minería silenciosa que es el agro, el principal motor económico del país. La sinergia productiva mancomunada de la expansión agrícola y minera podría hacer salir del estancamiento a grandes regiones generando riqueza genuina para el conjunto de los argentinos.

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