Son muchos los políticos que pasan por el poder, pero pocos los que dejan esas huellas que con el paso del tiempo no dejan de conmover a sus respectivas sociedades. Miguel Ragone no fue un político más. No fue un simple gobernador. Fue un hombre de fuertes convicciones y profunda preocupación por las cuestiones sociales. Como gobernador de los salteños, luchó incansablemente por Salta, defendiendo los intereses de la provincia y de los desamparados. Su honestidad, su prudencia y sus principios lo convirtieron en un ejemplo poco común en la política.

En diálogo con El Tribuno, Damián Antúnez Harboure, economista y doctor en Historia, recibido en la prestigiosa Universidad de Salamanca (España), escribió su tesis basada en un análisis de casos en los que contempla la tendencia del peronismo durante 1973 y 1974 en los gobiernos de las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Salta, Córdoba y Santa Cruz. En la siguiente nota, se refiere particularmente al caso de Ragone.

Respecto al juicio por la desaparición de Ragone, se están dando pasos importantes. ¿Por qué considera que luego de décadas recién estamos un tanto más cerca de la verdad?

Probablemente porque en la actualidad hay una mayor voluntad política que hace dos décadas, cuando el tema no registraba siquiera una presencia como tal en los medios nacionales, aun cuando las organizaciones de derechos humanos venían trabajando en la materia.

En cuanto a la personalidad que tuvo, ¿usted cómo lo describe?

Ragone era un hombre honesto y muy consecuente con sus ideas. Una personalidad política de gran dignidad. Una persona que se tomaba en serio la responsabilidad que el pueblo le había otorgado al ser elegido gobernador el 11 de marzo de 1973. Tan en serio se tomó esa responsabilidad que se propuso llevar a cabo el programa votado en las elecciones, pese a las tremendas dificultades de gestión que debió afrontar al quedar preso o atrapado, por acción u omisión, en un conflicto que atravesaba al conjunto del movimiento peronista y que lo dejó a él y a su gobierno posicionados del lado de la Tendencia revolucionaria del peronismo.

El exgobernador Ragone fue un líder excepcional para Salta. Su sensibilidad no es un rasgo común en la dirigencia política. ¿Cuál fue la herencia más grande que Ragone dejó en Salta?

Yo creo que esa herencia, o más bien el legado político de Ragone, es esa dignidad de la que hablaba en un comienzo y que está en las antípodas del transfuguismo político que tanto abunda en la actualidad. Ragone era todo lo políticamente incorrecto que tenía que ser para mantener sus ideas, sus convicciones, aunque para ello tuviera que pagar altos costes políticos. Esto contribuyó en parte a que su gobierno se viera interrumpido por una intervención federal, al no transigir con una serie de posiciones que se le exigieron desde el orden nacional. Ahora bien, eso no quiere decir tampoco, como muchas veces se sostiene, que estuviera apoyado inequívocamente sobre la organización Montoneros, ya que la composición de su gobierno fue amplia al incorporar distintos sectores del peronismo salteño, lo que le valió que ciertos dirigentes o ciertos elementos de la Tendencia no ahorraran críticas hacia su gestión, sobre todo una vez avanzado 1974.

¿Cómo canalizaba la grave situación económica por la que atravesaba el país con su incansable necesidad de satisfacer la demanda de los más necesitados?

El empeoramiento de la situación económica mundial por la crisis del petróleo se hace notar de modo cada vez más importante en Argentina a partir del último trimestre de 1973 y se agudiza en 1974. Este es un dato de la realidad con el que debieron convivir todos los gobernadores y mandatarios públicos de aquellos años, de la que tampoco fue ajena la gestión de Ragone. Hay testimonios como los del Ing. Jesús Pérez, ministro de Economía de la provincia a partir de octubre de 1973, que resaltan la preocupación de Ragone por articular las políticas asistenciales- la atención a los abandonados pueblos indígenas, matacos- con proyectos de mediano y largo plazo, como las cooperativas de colonización agrícola o programas de desarrollo industrial, como fue el caso de Salta forestal.

¿Cual considera que fue la decisión política más delicada que tomó Ragone?

Todo aquello que tuvo que ver con el reordenamiento de la Policía provincial, el nombramiento de su compañero y amigo Rubén Fortuny como jefe de Policía, la decisión de investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas en las décadas anteriores por elementos de la Policía provincial, que junto a la decidida y valiente actuación de la Justicia provincial condujeron a un acto inédito hasta el momento: la identificación de los responsables de violaciones, torturas y diversos vejámenes a la dignidad humana. En este sentido, el derrotero de estos casos judiciales, que con el correr de los meses volvió a mostrar que la impunidad le ganaba en un mano a mano a la Justicia, junto a la decisión de tener que apartar a Fortuny, en octubre de 1973, representaron un duro golpe en las expectativas que tenía Ragone para su gestión de gobierno.

Como responsable de la implementación en Salta del Plan Trienal Nacional, el exmandatario intentó dar pasos muy importantes. El Plan no pudo implementarse como él lo deseaba debido a la situación nacional. ¿Se imagina qué beneficios pudo haber obtenido la provincia de él?

Las provincias se unían al Plan Trienal Nacional a través de unas actas que firmaban con la Nación. Estos programas no se hacían enteramente a la medida de los gobernadores. Ahora bien, en el caso salteño los proyectos incluidos en el acta firmada con la Nación quedaron finalmente en aguas de borrajas, no solo debido al corto tiempo que duró el gobierno de Ragone, sino también porque este intento de planificación llevado a cabo por el ministro de Economía de la Nación, Josef Ber Gelbard, fue abortado también desde la Nación cuando a la muerte de Perón su sucesora decidió relevarlo y, con esto, cambiar la orientación de la política económica.

Ahora bien, respecto a los beneficios que podría haber recibido Salta, de aplicarse el referido Plan Trienal para la provincia, por cierto un proyecto muy interesante y equilibrado en la asignación de recursos para la concesión de un desarrollo económico con equidad social. Debo decir que la historia contrafáctica no es más que un ejercicio especulativo y que en cualquier caso este planteamiento teórico debería contemplar que su éxito estaba estrechamente ligado a la resolución del conflicto político intraperonista. Dentro del PJ Ragone encabezaba la lista verde.

¿Cómo se plantea el conflicto entre las distintas listas? ¿Cómo ubica a la lista de Ragone en cuanto línea de pensamiento?

El Congreso partidario de diciembre de 1972, que resuelve la nominación de la fórmula Ragone-Ríos, reflejó una clara paridad de fuerzas entre las listas contendientes; nos referimos a la lista Verde, de Ragone; a Reconquista-Coalición del Interior, de Carlos Caro y Olivio Ríos; y a la lista Azul y Blanca, de lo que podría considerarse el peronismo ortodoxo o más tradicional de Salta y que postulaba al abogado laboralista Horacio Bravo Herrera. La resolución del Congreso tuvo lugar cuando se articula una alianza entre la lista Verde y Reconquista-Coalición del Interior para sostener la fórmula Ragone-Ríos. Esto nos muestra una resolución de la interna en la que no hay una lista hegemónica sino un acercamiento entre las dos listas que propiciaban posiciones propias de un peronismo más intransigente respecto a la versión provandorista del candidato de la lista Azul y Blanca.

Su política estaba orientada a solucionar los problemas más graves en la provincia, particularmente los referidos a cuestiones sociales, pero las luchas políticas muchas veces obstaculizaban su gestión. ¿Cómo afectaban al exgobernador?

Si hay algo que desataba ese carácter naturalmente impulsivo -“chinchudo”, en palabras de algunos de sus colaboradores- tuvo que ver con la impotencia que sentía al ver frustradas sus expectativas de resolver de manera rápida y eficaz esa situación de injusticia social que caracterizaba en particular a la provincia de Salta y que como decía, él no admitía que aquello continuase sin que se hiciera nada al respecto. Evidentemente, las luchas políticas, el conflicto político intraperonista en el que quedó atrapada su gestión volvió imposible el objetivo de llevar a cabo una gestión que pudiera transformar en el mediano y largo plazo las estructuras en las que se asentaba la injusticia social.

Ragone tenía una profunda convicción sobre el sistema federal del país. Reclamaba que el puerto de Buenos Aires castigaba a las economías provinciales y, con ello, a Salta...

Sí, es cierto. Ello lo deja expresamente manifiesto en su mensaje a la Asamblea Legislativa del 25 de mayo de 1973 y en algunos pasajes de discursos en mitines de campaña. Siempre fue muy claro en esta materia y podríamos decir que algunas de las rispideces que tuvo con ministros nacionales, como es el caso del de Bienestar Social López Rega, se debieron a ese carácter frontal que tenía Ragone en actuar siempre correctamente, ya que como él mismo decía: “Yo no sirvo para andar mangueando”.

Durante su investigación ¿qué hechos lo sorprendieron más?

Bueno, ­fueron tantos! No te olvides de que se trata de una historia comparada de cinco situaciones provinciales en un tiempo corto pero terriblemente convulso, que combinó casos como el Navarrazo, en Córdoba; el acoso y derribo al gobierno de Martínez Baca, en Mendoza; la situación que acabó con esa renuncia forzada de Bidegain, en Buenos Aires, a partir del ataque del ERP al cuartel de Azul; o el desgarrador enfrentamiento entre Cepernic y Encalada, en Santa Cruzz. En el caso salteño, sin duda la resolución del conflicto político conocido como Oliviazo y la determinación del pueblo salteño de sostener a su gobernador, pese a los embates que recibía desde el Gobierno nacional, me impactaron de manera especial. También, la valoración que del hecho hiciera la JP de las Regionales, cuando en lugar de capitalizar esta movilización popular comenzó a exigirle al gobernador definiciones que lo posicionaran netamente en la vereda de enfrente del Gobierno nacional.

¿Considera que Ragone tiene el reconocimiento que se merece?

Creo que desde hace algunos años comenzó a revalorizarse su figura política y eso es positivo, porque más allá de las distintas valoraciones que puedan hacerse de su breve gestión es importante que se rescaten experiencias políticas que apuestan por la convivencia pacífica entre los argentinos sin bajar los brazos en la lucha por mejorar la vida y la situación de aquellos que tienen menos oportunidades en una sociedad muy desigualitaria.

Cuando presentó su tesis en Salta, ¿qué críticas sobre su obra le llamaron más la atención?

En la presentación de mi tesis en Salta, realizada en el Centro de Archivos y Bibliotecas, llamó la atención la hipótesis que aparece sobre la vinculación de los derrocamientos de los cinco gobernadores estudiados: Bidegain, de Buenos Aires; Obregón Cano, de Córdoba; Martínez Baca, de Mendoza; Cepernic, de Santa Cruz; y Ragone, de Salta, con la Tendencia revolucionaria del peronismo. Circunscribir el conflicto político a un duro enfrentamiento interno en el Movimiento Peronista al que conceptualizo como conflicto intraperonista Tendencia-Ortodoxia. Se trata del enfrentamiento entre el propio Perón y todo aquello que se conformó o dio en llamarse Ortodoxia peronista, con su eje en Montoneros.

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