Hora pico. Cientos de curiosos se acercaron a ver lo sucedido en el comercio del macrocentro, ya que el hecho ocurrió a las 13.20.
Lugar poblado. Miles de personas pasan a diario por la puerta del local, situado en San Martín 757 entre calles Ituzaingó y Florida.

Los celos son una respuesta emocional compleja y perturbadora que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera propio. El gran problema que se genera a través de esas inquietudes es que muchas parejas terminan sus vínculos amorosos con tragedias de por medio.

Un ejemplo de ello se pudo ver en directo el pasado lunes en el microcentro capitalino, más precisamente en un restaurante llamado Fai situado en la avenida San Martín 757 (y podría haber terminado de peor manera), cuando un hombre identificado como César Cabrera (38), agente del Servicio Penitenciario Provincial, fue apuñalado en el pecho por su esposa, Silvia Barrionuevo, tras haberlo descubierto mientras almorzaba con una atractiva joven, cuyo nombre el herido se negó a proporcionar.

En diálogo con El Tribuno, Faida García (45), dueña del comedor donde sucedió el ataque, aseguró que “a las 13.15 (del lunes), un uniformado llegó acompañado de una joven, se sentaron en la mesa siete y encargaron una Sprite de un litro y dos platos de milanesas con papas fritas (un consumo total de $67). El se sentó mirando hacia la salida del local y ella frente al hombre. Nuestro mozo, Diego Guzmán (21), les dejó la bebida y se retiró. En ese instante, ingresó una mujer de aproximadamente 32 años y se paró frente a ellos. Comenzaron a hablar, pero en ningún momento se sintió una discusión fuerte. Sin ser notada, se retiró y momentos más tarde, nuestro empleado llevó los pedidos a la mesa, pero notó algo raro y cuando se acercó vio que el hombre se sacaba un cuchillo (tipo sierrita) del pecho”.

La empresaria dijo que al ver la herida del hombre se dirigió corriendo hacia la mesa, retiró los platos y le puso gasa en la zona lastimada.

Por su parte, Guzmán, al ser consultado por este matutino, dijo: “Vi que el hombre se sacaba el cuchillo ensangrentado y lo ponía sobre la mesa. Se lo habían clavado hasta el fondo. Estaba pálido y lo único que atinó a hacer fue llamar a la Policía por celular. Le dijo a su acompañante que no dijera nada, y yo me retiré. No me voy a olvidar nunca de esa imagen. Lo raro es que el señor se quedó tranquilo, esperando la llegada del 911”.

“La gente que estaba en el local no se había dado cuenta de lo sucedido y recién tras escuchar nuestros gritos preguntaron qué es lo que había pasado. Más allá de llevar años en el restaurante, nos sorprende lo sucedido, pese a que he visto a más de una pareja discutir acaloradamente, nunca pasó algo así”, añadió Faida García.

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