Casi todos los que conocen o visitaron este paraíso, ubicado a 320 kilómetros al norte de Salta capital, sospechaba que si había consumo de sustancias ilegales era propiedad exclusiva de los hippies, mochileros y turistas que llegaban con sus extrañas costumbres.

A partir de esta situación, se puede decir que cae un mito respecto del consumo de drogas en esta zona salteña.

Una imagen traicionada por las representaciones sociales y por el sentido común que generalmente nos hacen ver cosas equivocadas.

Lo que dicen las autoridades

Algunas autoridades sanitarias confirmaron, de manera confidencial, desde su experiencia en esa localidad, que no es que sean los extraños quienes traigan las drogas, sino que cuando llegan puede conseguirla en Iruya.

Y eso cambia toda la óptica.

Los docentes, que son quienes más contacto tienen con los adolescentes y niños, también afirman que las adicciones existen y que son los mismos iruyanos los que venden paco y marihuana.

“Los que vienen de afuera no se van a arriesgar a traer su droga hasta aquí; si uno se pone a pensar tienen que pasar por varios controles de Gendarmería. Entonces vienen y la compran aquí. Lamentablemente, Iruya ya se hizo famosa por eso”, afirmó una docente.

Lo que más preocupa a la gente del lugar es que el pueblo no está preparado para contener ni atender a los chicos adictos. En el tema del paco, que es lo que más temor provoca, no tienen herramientas para tratar las adicciones ni la prevención.

Pedido

La gente del lugar dice que les pidieron a las autoridades provinciales que estudien y develen la situación que es muy compleja.

Hay que recordar que Iruya puede sonar para el salteño común un lugar muy alejado e inhóspito, pero está dentro de los destinos mejor calificados para el turismo internacional. Y que se haga conocido por el consumo de drogas, se convierte en una idea que desvela a sus pobladores.

“Son solo rumores”

El intendente de Iruya, David Canchi, quien perdió en las últimas elecciones y debe entregar el mando comunal en diciembre, dialogó con El Tribuno.

Sostiene que nadie de la comunidad le llevó algo en concreto. Todos fueron rumores y que ante eso no puede hacer nada.

El cronista se conmueve ante la superposición de la imagen mental de las dimensiones del pueblo y el desconocimiento de la problemática por parte del funcionario que tiene enfrente.

Canchi sigue inalterable con su sonrisa y confirma que existieron reuniones con los diferentes actores de la pequeña sociedad iruyana y recalcó que en esos cónclaves nadie se quejó por ese tipo problemas y “hasta ahora no se confirmó nada”.

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