El cielo está claro. Ya hace semanas que no llueve, pero los ríos vienen cargados. Los cerros que rodean el pequeño pueblo de La Poma, en los Valles Calchaquíes están nevados y corre un aire fresco. La casa de Eulogia Tapia se ve desde la parte vieja, abandonada tras un terremoto. Ningún perro sale al cruce. El rancho grande y con vistosa galería está rodeado de álamos que ya tienen las hojas amarillas por la cercanía del otoño. Un hombre aparece.

Buenas tardes. ¿Cómo anda?

Mal andamos don, muy mal.

¿Qué pasa?

Se andan muriendo las chivas don.

¿Es un mal día entonces para hablar con Eulogia Tapia?

No se preocupe, yo soy el marido. Ya se la llamo.

Eulogia de 66 años suelta a un chivo que tenía sujetado de las orejas. Es “criada y nacida en La Poma”, igual que sus padres que vivían en Saladillo, un puesto cercano. “Me gusta que me visiten, yo encantada de la vida. Lo que no me gusta es que me vengan a entrevistar”, dice. “A mi me da vergenza ya salir en el diario. La gente dice que la Eulogia tantas cosas pide, que tantas cosas le dan”. Su marido asiente con la cabeza. “Así dicen. En la cara le dicen”, agrega. “Me ven en el diario y ya piensan que soy millonaria. Mejor estar con las chivas, tranquila”, reflexiona ella.

La pomeña, que vive en una casa alquilada aunque en 2002 se le adjudicó una vivienda, agita rápido el brazo como si cortara con una guadaña el aire. Suelta unos aplausos espontáneos que de cuando en cuando logran su objetivo y matan una mosca. Se le apoyan las moscas en la pollera, en el sombrero y le bailan en la cara. “Hay que hacer, hay que hacer, pero después de acá se olvidan y listo, nadie hace nada”, dice.

¿Está enojada?

Yo estoy con las chivas. Estoy trabajando. Estoy engripada y recién se me está pasando. Ando regando, sembrando, tejiendo. Así andamos en el campo.

Pero además es un personaje importante de la cultura salteña...

La gente sabe ya lo que soy yo.

¿Se considera artista, coplera o paisana nomás?

No. Hace años me encontré con Manuel J. Castilla y con Gustavo “El Cuchi” Leguizamón. Decían que venían de allá, unos gauchos, de la ciudad. Yo por primera vez los he encontrado. Entonces era carnaval. De ahí hemos cantado y hemos bailado todo el día. Antes eran los carnavales bien lindos. Sabíamos andar a caballo, galopando, con caja y con todo. Por la tarde ya volvía la gente para las costas, pero ellos se quedaron cantando y yo me quedé cantando. Nos pusimos a contrapuntear y en el contrapunto yo les he ganado a los gauchos.

¿Le hicieron una apuesta?

Yo nunca he hecho ninguna apuesta. Yo he cantado por cantar nomás. No tenía ningún interés de nada.

¿Usted no sabía quiénes eran?

Yo sabía que eran cantores, pero yo nunca sabía que eran periodistas, nada de nada. Y entonces se había hecho la tarde y yo le había ganado contrapunteando y ellos me han dicho que me iban a dedicar una zamba o un vals. Yo les he dicho que a mi no me gustan mucho esas cosas del folclore. De ahí yo me he ido y ellos se quedaron. Al otro día, han ido a mi casa en un tractor que había. Me han encontrado en el potrero cortando alfalfa, trigo. Con mi padre estaba. Ellos han preguntado qué era y yo les dije esto es alfa y esto es trigo. En mi casa había un árbol grande; un sauce. Bajo el sauce había una laguna. Les digo que de ahí sacamos el agua. Y eso fue todo.

¿De ahí salió esa famosa zamba?

De ahí han hecho la zamba. La zamba es tal como dicen. Con el caballo blanco, con la caja, todo eso. Así he ido yo al carnaval. De ahí cuando dicen “porque te roban Eulogia carnavaleando” es por las chivas. Yo las había dejado botando para el cerro y después nos hemos venido a carnavalear. Cuando yo he vuelto se me habían "choreao' las chivas.

¿Sabe que esa zamba hizo conocida a La Poma en todo el mundo?

Sí. Y bueno. Yo doy gracias a Dios, a la Virgen y a las almas porque francamente me han hecho esa zamba que yo nunca he pensado.

¿No le gusta tanto ser famosa?

A mí famosa no me importaría, pero más me gusta ser humilde y pobre. Es lo mejor que hay en mi vida. Dicen otros que soy millonario y no es eso. A mi me gusta ser pobre y humilde. Basta lo que tenga para comer; que esté bien de salud y que estén todos bien. También le pido a la Virgen que colme de bienes y bendiciones a la gente pobre, a los huérfanos y a tanta gente que está enferma. Por todos ellos pido. Eso es lo mejor que tengo en mi corazón, en mi vida. Famosa soy de nombre, pero en mi vida soy así: humilde.

Es gente de campo...

Claro. Me gusta vivir con mi trabajo.

¿Cómo es un día de Eulogia Tapia?

Y bueno, me levanto a poner mis cosas, como todos ponen sus pavas y sus ollas para cocinar, para hacer el mate. Voy a ordeñar mis vacas y mis chivas. Cuando tengo leche sí y cuando no tengo no. Me levanto a las 6; a las 7; a las 8; a la hora que yo pueda levantarme me levanto.

¿Qué le pasa a la leche de sus animales?

Y bueno... se seca la leche y ya no hay. Y otra cosa es porque no hay pasto. Cuando no comen bien, ya no dan. No había nada de pasto, gracias a Dios que ha llovido. Hemos sembrado habas, arvejas. Pero las habas no se dan y las arvejas muy poquito. La papa no ha dado nada. La tierra es muy salada. Y otra cosa: sabía haber agua para arriba, pero serán los años, porque está secándose todo.

¿Nota que se está secando el agua?

Viene una plaga, una enfermedad para las plantas. Eso le hiela, lo seca y ya no da frutos. Así es.

¿Cambió mucho desde que usted era chica?

Claro, sí. Todo es más moderno. Antes no. Antes era todo vivir de aquí del campo: sembrar, cosechar y comer de aquí del campo.

¿Y ahora?

Ahora no. Todo tenemos que comprar.

¿Por qué piensa que pasó eso?

Porque ya no nos dedicamos a sembrar. Porque ya la gente se ha dedicado más a la ciudad. Vivía mucha gente. Ahora ya no, todos van para la ciudad.

¿Qué es lo que más le gusta recordar de cuando era chica?
Cuando era chica es lo mismo que hay ahora, un poquito ha cambiado nada más. Lo que extrañamos es que antes las habas y arvejas sabían haber ya en enero o en febrero. En diciembre ya había, pero ahora no hay más nada. Ahora se hiela o es más tarde. No se desde qué año. Pero ya ha comenzado a ser así nomás. Es más fiero y más fiero.

¿Tal vez por eso la gente se va?
Tal vez por eso termina yéndose a la ciudad, a buscar una facilidad para no trabajar.

¿Es dura la vida en el campo?
Es dura, pero es linda por otra parte.

¿Sale mucho de La Poma?
Sí. Para arriba siempre se vende muchas arvejas. Yo no acostumbro mucho salir. Si me voy, me voy al puesto y a la ciudad salgo por días, no voy a perderme por meses. Acá nomás vivo hace varios años. Yo he alquilado esta casita a una señora que vive en la ciudad.

¿Hace mucho que no canta?
Yo canto cuando quiero. Largo el trecho en cualquier lugar. ¿Que me voy a andar privando de cantar? ¿Quién me va a privar a mi? Nadie. Solamente la muerte me puede privar.

Es lindo lo que dice. Eso es poesía...
Claro. Canto con el aire, con los pájaros. Como las aves están cantando y yo estoy escuchando cómo cantan. Cuando me invitan a cantar le digo al señor intendente que me lleven. Cuando quiero y si no quiero, no. Para ir de gana y que no me reconozcan no, porque estoy perdiendo que hacer en mi casa.


Su marido entra a la galería. Hace un rato un chivo astudo soltó un grito y se acomodó junto a unos peleros gastados, como perro viejo. “¿Qué les pasa a las chivas?”, le preguntó Eulogia. “Ahí se están muriendo”, le contestó. “Están enfermas”, dijo Eulogia cambiando el temple. “Ayer les agarró. Esa se ha echado ahí para morir. Hay que pedir los remedios urgente porque cuatro o cinco ya han muerto”. Tapia apura el tranco mientras se va sacando las moscas a los manotazos. Sin detenerse recoge una piedra y se la tira al perro que olfateaba al animal enfermo. “Ya está bien señor, ya terminamos. Muchas gracias”.
 

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