Lejos del tradicional “dulce o truco” con el que los niños anglosajones disfrazados piden golosinas en halloween, en General Güemes los pequeños arrasaron con cuanto negocio encontraron.

Personificando duendes, diablos, monstruos y brujas, exigieron a los comerciantes la entrega de golosinas, caso contrario los insultaban “de arriba a abajo”, contó una vecina.

En algunos casos los fuertes epítetos a coro propinados desde las puertas y veredas de los locales comerciales obligaron a los dueños a entregarles caramelos, galletas y chocolates, para secarse a los chicos de encima. Las pérdidas no fueron menores.

Los testimonios

Gladis, una vecina de la zona centro, explicó que esta situación se da a causa de que las personas mayores no se involucran en esta tradición importada, que pegó fuerte en los jóvenes.

En tanto, Adriana, propietaria de un kiosco, contó a El Tribuno su mala experiencia con halloween. “Desde las 19 que están viniendo, ya no tengo casi caramelos y siguen llegando. Si les digo que no, me insultan antes de irse; hasta intentaron llevarse mercadería por la fuerza”, recordó consternada por la actitud de los niños, que le causó más susto que los disfraces.

Situaciones como esta las vivieron todos los negocios de venta de golosinas, incluyendo los almacenes y minimercados, lo que causó un malestar generalizado.

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