Siesta salteña de noviembre. Bajo un crespón a punto de estallar en flores fuccias, está el perro. De raza calle, cordón y vereda, con su lomo atigrado y una mancha en la cara, permanece ajeno a la gente y a los autos que pasan, como si ese sueñito fuese sagrado. De tanto sentirse observado levanta con fiaca la cabeza y se le nota un curioso tic que expresa con el ojo izquierdo. Desde la vereda opuesta se escucha un grito: ¡Cachafaz! Es Liliana, una vecina que se compadece de éste y otros que andan sueltos en la San Martín arriba. Así lo llama para convidarle, sobre papel de diario, los restos del almuerzo.
 
Animado se levanta y moviendo la cola cruza la avenida canchero para esquivar una moto y un par de bicicletas. Tiene una cicatriz en la cadera, tal vez souvenir de una pelea. Y mientras devora los fideos con algunas verduras, trozos de pan y un par de huesos, la samaritana vecina comenta que sobran las bocas hambrientas de perros abandonados en esa zona. “El Cachafaz está en esta cuadra desde chiquito, le quedó el tic en el ojo por el moquillo. Pero al menos se salvó”, dice con cariño.

La vida de los perros callejeros y vagabundos, siempre sueltos, está llena de riesgos. El hombre y el hambre son sus principales amenazas. La Organización Panamericana de Salud (OPS) los llama perros de dueños irresponsables. Las agrupaciones protectoras aseguran que la cantidad de animales sueltos es alarmante y que crece día a día. “Todos los veranos pasa lo mismo: se acrecienta el abandono. Debido a la pirotecnia de fin de año que los aturde y hace que se escapen asustados. Y también porque son dejados en la calle por sus dueños cuando se van de vacaciones”, señalaron desde el Movimiento Argentino de Protección al Animal (MAPA).

Históricamente se plantearon irracionales soluciones para la proliferación de perros sueltos. Nadie podrá olvidar la perrera, una pesadilla para cualquiera que tuvo la mala suerte de ver a su perro atrapado en la jaula móvil. También permanecen como manchas en la memoria las noticias de perros envenenados y ahorcados por asesinos que sólo encuentran respuesta a su histeria en el exterminio. Y nada de ésto solucionó el abandono de animales que no tienen la culpa del irresponsable proceder de los ciudadanos. En cambio, otras propuestas, como la castración y la vacunación gratuitas, resultan motivadoras, aunque desorganizadas nunca darán frutos visibles.

Medidas eficientes

Desde un análisis ético es inadmisible legalizar la muerte si existen métodos eficientes para evitar la procreación. Antes de matar es conveniente evitar que nazcan. Es la prevención por medio de la esterilización, el método idóneo para frenar la superpoblación de animales domésticos, controlándose también las patologías con posibilidad de transmisión al hombre.

La capital salteña no está al margen de esta problemática. En el centro y en todos los barrios abundan los perros sueltos. Algunos son callejeros pero no “por derecho propio” como cantaba Cortéz, sino por la desidia de sus dueños que no los controlan, que les dejan la puerta abierta sin pensar en el daño que pueden provocar o que pueden sufrir. Otros son hijos de la calle, criaturas sin techo, fogueados en peleas por un hueso, investigadores de bolsas de basura, auténticos vagabundos.

Panorama en la ciudad

El Tribuno recorrió la zona Centro y los barrios Santa Lucía, San Remo, Leopoldo Lugones y Solidaridad, para consultarle a 100 vecinos sobre la situación de los perros en su entorno y cuáles soluciones divisan como posibles y efectivas. En la zona Norte fue constante el reclamo por el incremento de perros de razas peligrosas, comprados o robados, a los que adolescentes y jóvenes sacan a pasear para presumir y armar peleas por apuestas.

La mayoría consultada coincidió en que los perros sueltos son un problema por el peligro que significan y porque ensucian mucho las veredas y los espacios verdes. Todos los que manifestaron tener perros aseguraron que los tienen encerrados. Nadie reconoció que deja salir a su perro de tanto en tanto. La gran mayoría fue víctima o conoce a personas que sufrieron mordeduras de perros sueltos. Incluso se conoció el caso de un hombre que perdió uno de sus dedos. Casi todos consideran que la solución al problema es la castración y esterilización; y proponen campañas de concientización sobre la importancia de cuidar a los animales. Se notó, además, que en la conciencia colectiva “perrera” es una mala palabra y le atribuyen la bien merecida fama de crueldad que se ha ganado en otros tiempos.

¿Qué te pareció esta noticia?

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Salta

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Encuesta

¿Para qué vas a usar el aguinaldo?

Vacaciones
Pagar deuda
Consumo
Ahorro
ver resultados

Importante ahora

cargando...