Con la necesidad de buscar la libertad, ese estado que naturalmente el ser humano necesita para vivir, Ezequiel Segundo y Diego Vidaurre cumplen condenas en el penal de Villa Las Rosas. Ante su imposibilidad de elegir libremente sus actos, y a través de una disciplina ejemplar, ambos consiguieron formar parte de la escuela de boxeo Carlos Monzón, perteneciente a dicho establecimiento. En pleno proceso de rehabilitación, los internos dialogaron con El Tribuno acerca del deporte que hoy aman, de su condición de púgiles reconocidos dentro del penal, sus anhelos y lo que harán más allá del boxeo una vez cumplidas sus condenas. Personas que arriba de un cuadrilátero encontraron su libertad.

¿Qué es el boxeo para ustedes?

E.S.: Lo empecé a practicar porque es un deporte sano. Nunca me llegué a imaginar que podía llegar tan lejos. Estoy agradecido con las personas que me ayudaron porque sé que sin ellos no hubiera podido hacer mucho.

D.V.: El deporte me ayudó a cambiar. Desde chico me gusta el boxeo y lo practicaba, ahora me ayuda para reintegrarme a la sociedad. Arriba de un ring nos sentimos libres.

¿Practicar esta disciplina, les otorgó algún beneficio?

E.S.: Es un paso para reintegrarse a la sociedad. Tenemos que estar bien psicológicamente porque hay informes constantes sobre si somos aptos para la sociedad. Es una gran puerta que se nos abrió para reintegrarnos.

¿El resto de los internos los ve diferentes?

E.S.: No, están felices de ver a una persona que sale adelante. Te alientan y dan ánimo. Cuando salimos en el diario ellos nos felicitan, nos preguntan cómo nos fue y todo eso.

D.V.: Este es un mundo aparte, hay muchos internos y ellos comparten el sueño que nosotros tenemos. No tienen la posibilidad y nosotros sí; se nos abrió la puerta y nos animan y alientan en todo momento, en especial cuando vamos a entrenar.

Hay quienes piensan que enseñar boxeo a presos es potenciar la delincuencia, ¿ustedes qué opinan?

E.S.: El año pasado leí en una carta de lectores en el diario que una señora que se quejaba porque nos iban a enseñar boxeo, pero esas son personas que tiene prejuicios contra gente como nosotros. Tratamos de que todo eso cambie, de mostrar a la sociedad que somos capaces de rehabilitarnos en serio para que no nos miren otra vez como violentos o delincuentes.

¿Cómo manejan su grado de violencia dentro del penal?

D.V.: El boxeo te disciplina como persona, no es que uno practica para andar peleando y creando problemas por todos los rincones. Nos enseña que enfrente hay un rival al que tratamos de ganar, pero al que debemos  respetar.

D.S.: Yo pienso mucho en la gente que está triste y son peleadores de la vida, que tienen que levantarse todos los días para salir adelante a pesar de las dificultades que pueden tener en la familia, el trabajo. Si uno pierde el objetivo se vuelve violento y hay que tener la fuerza para salir adelante a pesar de todo.

¿Si les toca salir en este momento, van a seguir con el boxeo?

D.V.: Voy a seguir practicando el boxeo porque es algo que nos abrió la puerta y que posibilitó este cambio en nuestro comportamiento. Afuera tendríamos más posibilidades de triunfar, de alcanzar nuestros objetivos con mayores libertades.

¿Qué expectativas tienen para el Campeonato Argentino?

E.S.: Lo esperamos con mucha alegría, con ansias de salir a pelear. Llegamos hasta aquí y todos esperan ver cómo salimos.

¿Cómo se enteran sus compañeros de los resultados?

D.V.: A veces los guardias mismos dan la información o si no tienen que esperar hasta que nosotros lleguemos.

¿Qué pasaría si les tocara enfrentarse en el Argentino?

D.V.: Yo creo que no nos va a tocar enfrentarnos ahora, pero sé que si él sigue y yo sigo en algún momento nos vamos a tener que encontrar.

¿Cuáles son sus sueños en el boxeo?

E.S.: Yo sueño con ser campeón del mundo, en lograr algo.

D.V.: Llegar a ser un campeón, tener un título argentino o sudamericano, tener dinero. Me crié en una villa, sé lo que es andar descalzo y comer pan duro por eso quiero llegar bien alto.

¿Cómo es un día en la cárcel?

E.S.: Me despierto a las 6 de la mañana, a las 6.30 nos abren la puerta. Hago tiempo hasta que sean los 8 para venir a entrenar hasta el mediodía. Voy a almorzar, duermo siesta hasta las tres, me baño y voy a la escuela. Me gusta leer (el Código Penal, la Constitución y libros de historia). También me gusta escribir.

D.V.: Yo igual que él, después de las 6.30 voy a trabajar a la parte de bienestar, limpiando los pasillos, las aulas y después me dedico a entrenar. Al mediodía almuerzo y por la tarde voy al secundario. Ceno, leo libros de cuento y hago gimnasia hasta las 22.30, después es el corte de luz.

¿Tienen referentes en el boxeo?

E.S.: Carlos Monzón y Gatica.

D.V.: Monzón y Pacquiao, es un gran boxeador y es completo.

¿Cómo es la relación con su familia?

D.V.: Yo tengo hermanos, padre, esposa y dos hijos de 4 y 2 años. La relación es muy buena.

E.S.: Yo tengo a mi mamá, que me viene a ver los días de vistas, jueves y domingo. Ella se pone contenta por lo que estamos haciendo en el penal.

¿Si tuvieran que elegir entre salir en libertad ahora y seguir boxeando en la cárcel, que eligen?

E.S.: A mí me faltan nueve meses de condena, pero sería bueno salir antes.

D.V.: Nosotros nos vamos a ir de aquí cumpliendo con nuestras condenas, pero el sueño de seguir boxeando siempre va a estar presente. Si nos vamos sería lindo poder estar con la familia, proyectar con ellos. Llevar a los chicos al colegio, algo que para la gente de afuera quizás sea común, pero que para mí es muy importante.

¿Tienen proyectos de vida más allá de la cárcel y el boxeo?

E.S.: Yo quiero estudiar abogacía. Pienso que si tuve la capacidad de hacer tantas macanas tengo la capacidad de hacer algo bueno. Quiero   seguir boxeando con mi entrenador, él me habla mucho de lo que es la vida   afuera, siento un apoyo en él.

 

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