“Lo saquearon en un solo día. Algunas cosas quedaron y las fueron sacando de a poco en poco, hasta que finalmente lo han terminado de destruir”, dijo resignado Solís. Es difícil imaginar que, hace menos de un año, funcionaba en ese territorio arrasado una escuela modelo en la zona. Solo quedan algunos postes del cerco perimetral. Se llevaron el portón y el alambre. “Estaba todo bien armadito, todo arregladito”, explicó el cacique.

Para Pablo Solís, lo que pasó fue un intento para destituir al actual director de la escuela, Federico Ávila. “Si un grupito no estaba de acuerdo con su trabajo podía denunciarlo al ministerio, pero lo que hicieron es un delito. Porque no estemos de acuerdo no podemos ir a romper las cosas que son nuestras”, razonó.

“Acá había una bomba de agua que no la destruyeron, pero se la llevaron. La policía sabe donde está, pero parece que no le interesa recuperarla”, dijo el cacique señalando un hueco en el suelo. “El lugar fue desmantelado por gente mala, cuando recién se estaba terminando. Algunos, lamentablemente, se prestaron para eso y desde afuera se ve como que toda la comunidad es la culpable. Pero ahora lo sufren nuestros chicos, que ya no tienen lugar para las prácticas”, agregó.

“El tanque de agua, el techo, los tirantes, los pisos: todo han llevado. Sacaron las puertas, las persianas, las ventanas y los vidrios. Adentro había más de 120 hojas de chapa, palas, picos, herramientas, pizarrón, armarios y estantes. Se llevaron todo”, cuenta Solís mientras camina por las ruinas del establecimiento. Los cajones para hacer colmenas y herramientas para la apicultura están por el piso destruidos. “No sólo se llevaron y robaron, sino que destruyeron el resto”, agregó.

“Tenemos a Gendarmería y a la Policía, pero cuando uno ve estas cosas parece que no hay justicia. Los policías han visto con sus propios ojos como estaban sacando las cosas, pero no tuvieron la capacidad para resolver el problema. Si hay un robo es un caso de la policía y debería actuar de acuerdo a la ley. Hay denuncias, pero nadie reintegró lo robado. Como fue un robo de mucha gente se ve que no pudieron actuar”, analizó Solís, quien diferenció a los delincuentes del resto de la comunidad de La Puntana. “Estas cosas no deben suceder y si suceden se tienen que aplicar las leyes para que no vuelvan a suceder. El daño que se hizo está penado. Siempre nos enseñaron los abuelos que robar es un delito, algo que no se puede hacer; más allá de que seamos pobres”, explicó.

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