Existe consenso tanto en el presupuesto 2013 como en la opinión de varios analistas que durante el próximo año nuestra economía crecerá en valores que van del 2% al 5%. Las causas de esa recuperación son muchas, destacándose la buena cosecha agrícola estimada, menores compromisos de deuda pública (hoy condicionados a lo que determine el juez Griesa) y mejoras en el comercio con Brasil. Ante este panorama se puede entender que varias actividades se verán beneficiadas, pero no será el gran crecimiento que se produjo entre 2003 y 2006 por varios motivos. Entre ellos podemos citar:

1) el atraso cambiario que encarece el costo de los bienes y servicios en dólares;

2) el cada vez más alto costo laboral comparado con la productividad;

3) que ya está cubierta la capacidad ociosa preexistente al año 2002;

4) el resurgimiento de altos índices de informalidad en el trabajo, y

5) la fuerte caída de la inversión (especialmente privada) que disminuyó la creación de nuevas fuentes de trabajo.

Con todas estas variables será muy difícil la creación de nuevas fuentes de trabajo en la actividad privada. No se descarta que el sector público sea otra vez el que absorba la oferta laboral durante el próximo año.

Es importante destacar que desde 2010 las provincias y los municipios generaron casi tres veces más puestos de trabajo que la Nación, a pesar de la compleja situación fiscal por la que atraviesan.

Privados no crearán empleo

Las perspectivas de crecimiento de nuestra economía para el próximo año son buenas, pero la realidad nos muestra algunas variables relacionadas con el empleo que son difíciles de revertir en el corto plazo.

Se diagnostica que al no aumentar considerablemente las inversiones, las actividades que sean beneficiadas con el crecimiento no tomarán mayor cantidad de empleados, pero sí aumentará la cantidad de horas trabajadas con la misma planta de personal.

Aumenta la informalidad

Es preocupante el resurgimiento de la informalidad en las relaciones laborales en nuestro país, ya que:

a) los exportadores tienen costos muy altos porque el tipo de cambio no les favorece y, para no perder competitividad, hacen sus ajustes entre otros con la variable sueldos, y

2) Para los que operan en el mercado interno, al disminuir las ventas no pueden cumplir con todas las disposiciones legales ya que además tienen presiones para subir los salarios y no reducir el empleo.

Ante la pérdida de competitividad por los altos costos internos, la inflación, la disminución de las ventas y el atraso cambiario, los empresarios tratan de bajar sus costos y comienza a romperse el círculo de la economía formal con el no pago de impuestos por la excesiva carga tributaria, aparecen las facturas truchas, el pago con cheques diferidos que tampoco son pagados a su vencimiento cortándose la cadena de pagos y la subfacturación en el comercio exterior para pagar menos impuestos.

Todos estos son mecanismo de autodefensa por parte de las personas para no desaparecer. El resultado es el aumento de la informalidad.

No existe consenso entre los economistas sobre cual es el porcentaje de la economía informal o en negro, pero la Encuesta Permanente de Hogares del Indec nos da algunos datos para realizar proyecciones: el 35% de la población asalariada no aporta al sistema jubilatorio y entre los trabajadores independientes ese porcentaje aumenta a más del 60%, especialmente entre los trabajadores de baja calificación.

Presión tributaria

Sabemos que la presión tributaria es muy alta. Si la medimos en términos macroeconómicos vemos que los impuestos nacionales representan un 31% del Producto Bruto Interno (PBI). A esto hay que agregarle un 10% que representan los impuestos provinciales y las cargas municipales. También debemos sumarle el impuesto inflacionario (al subir los precios, suben los impuestos). Es evidente que esto tiene un límite y existe el riesgo de que la gente reacciona no pagando impuestos para poder seguir trabajando.

Algunas luces amarillas

No es una buena señal el incremento de la economía en negro. Si a esto le sumamos el diagnóstico de alta inflación y el inicio de un proceso recesivo, el cuadro se agrava. Es mas o menos así: los empresarios y emprendedores -ante el aumento de precios- buscan comprar pagando a plazos largos antes que suba, pero si bajan las ventas es muy probable que los ingresos no sean los suficientes para cumplir con todos los compromisos, es decir pagar a proveedores, impuestos, sueldos, etcétera. Y como no le alcanzan los ingresos, se corta la cadena de pagos. Lo primero que dejan de pagar son los impuestos, agrandando la economía informal o en negro y a mayor economía informal menor recaudación. Al haber menor recaudación el Gobierno no podrá cumplir con todas sus obligaciones, o tendrá que seguir emitiendo dinero para poder cumplir, ya que no tenemos un plan antiinflacionario. ¿Será esta la solución?

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