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La pobreza en el norte y la minería

Martes, 14 de febrero de 2012 12:14

Según los datos obtenidos del CFI (Consejo Federal de Inversiones), similares a los de la página del Ministerio de Economía (similares y no iguales solo por algún error), y comparables con los presentados por la consultora abeceb (una de las consultoras multadas por el Gobierno, cuyo titular es Dante Sica), al año 2009 las provincias más pobres, de acuerdo al producto bruto geográfico per cápita, de nuestro país eran: Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Misiones, Jujuy, Tucumán, Corrientes, La Rioja, Salta. Todas estas con menos de US$ 5.000 por habitante. Si nota alguna coincidencia, no se extrañe: es justamente todo el norte del país.

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Según los datos obtenidos del CFI (Consejo Federal de Inversiones), similares a los de la página del Ministerio de Economía (similares y no iguales solo por algún error), y comparables con los presentados por la consultora abeceb (una de las consultoras multadas por el Gobierno, cuyo titular es Dante Sica), al año 2009 las provincias más pobres, de acuerdo al producto bruto geográfico per cápita, de nuestro país eran: Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Misiones, Jujuy, Tucumán, Corrientes, La Rioja, Salta. Todas estas con menos de US$ 5.000 por habitante. Si nota alguna coincidencia, no se extrañe: es justamente todo el norte del país.

La única provincia del norte que no figura entre las más pobres es Catamarca: producto de las explotaciones mineras que, por supuesto, no hacen a los catamarqueños más ricos, pero que, como expusiera Darrell Huff en su famoso libro “Cómo mentir con estadísticas”, permite al Gobierno exponer sin pudor cifras que hacen suponer que aunque las mineras se coman dos pollos y el obrero ninguno el promedio perfecto dé un pollo por catucho.

La postergación que ha sufrido el norte del país es histórica. Las estimaciones de saldos de migración interna son negativas en todas las provincias antes mencionadas, con excepción de La Rioja y Salta, figurando Corrientes, Misiones y Chaco como las más afectadas, con saldos negativos de entre 20.000 y 30.000 personas por año, según datos del Indec en una estimación que me parece algo exagerada, pero que representa cifras oficiales (número 31 de la Serie Análisis Demográfico). Por supuesto, la provincia más receptiva de migraciones internas es Buenos Aires.

Estos datos representan solo un extremo de la estadística nacional, en el otro extremo, las provincias más “ricas”, las provincias del sur y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires presentan en sus valores un nivel europeo. La disparidad entre las distintas regiones no es novedosa, es la deuda de una política de colonialismo interno de más de 200 años, que los cientos de gobernadores, diputados y senadores que pasaron por el poder en estas provincias durante estos dos siglos, y particularmente desde la Constitución de 1853, la primera supuestamente “federal”, no pudieron revertir. Tal vez sea hora de que el reclamo sea una bandera del propio pueblo, sin esperar la “iluminación” de nuestros dirigentes.

Los pueblos de las provincias con menos infraestructura (si agregamos a las antes mencionadas San Juan, San Luis y Entre Ríos) son representados por 85 diputados nacionales (resulta insólito que 13 provincias reúnan apenas 15 diputados más que la sola provincia de Buenos Aires, una muestra más de la macrocefalia originada por esta misma política colonial interna). Las 13 provincias son representadas por 39 senadores.

Los datos aquí presentados son conocidos por la mayoría de esos representantes (pues se supone deben saber los problemas de fondo de quienes representan), quienes debieran responder más a sus representados (el pueblo y las provincias) que a las decisiones de bloque, pues justamente el espíritu en la toma de decisiones de un cuerpo colegiado es la diversidad de opiniones. A lo mejor estas actitudes hicieron que en las últimas elecciones la categoría de diputados nacionales obtuvieran 2.234.836 (sí, leyó bien) votos anulados o blancos, en contraposición a los 984.330 de la categoría presidente-vice (datos del Ministerio del Interior).

Quizá estos representantes del pueblo y las provincias encontrarían un mayor acuerdo y empatía con sus representados si antepusieran las necesidades de sus lugares de origen antes que el cierre de caja nacional. Al fin y al cabo el Gobierno nacional es solo una delegación de cierta porción del poder de las provincias (ver el art. 121 de la Constitución Nacional).

No quiero pecar de inocente: no espero que el Gobierno nacional gire su cabeza y atienda los problemas de un grupo de provincias pobres cuyo aporte electoral es exiguo. La tarea corresponde a los gobiernos y representantes de éstas provincias, que si no actúan conjuntamente y sin esperar a las próximas elecciones, van a convertir estas tierras en el patio trasero (¿escuché antes esas palabras?) de nuestro país.

Eso sí: ahora se duplicaron la dieta y parece que el concepto de “productividad” solo sirve para los discursos frente a empresarios.

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