Es la tenista más multada en los últimos años. Insultos, amenazas, raquetas rotas e incomparecencias en ruedas de prensa... Ya supera los 100.000 dólares

El incremento de intensidad física y competitiva en el tenis, tanto dinero de por medio, ha transformado en las últimas décadas un deporte en el que las buenas maneras y el decoro formaban parte fundamental de la educación de un jugador o una jugadora. El barón Von Cramm, probablemente el tenista que mayor respeto mostró por los asuntos de la etiqueta, se disculpaba cuando un juez le cantaba una falta de pie. Al contrario que Bill Tilden, su manual de 'fair play' no incluía el enviar a propósito la bola a la grada para compensar un error con el que el árbitro había perjudicado a su oponente, práctica muy habitual en los años 20. Así, opinaba el alemán, este acto de cortesía con el rival se volvía en contra del responsable del fallo, el avergonzado oficial.
La progresiva profesionalización y popularización del juego convirtieron su práctica en un modo de ganarse la vida. O de echarla a perder. Con dólares en juego, la presión de los tenistas se multiplicó y poco a poco se fue olvidando aquel comportamiento exquisito previo a la Segunda Guerra Mundial. Bob Hewitt, Cliff Richey, Pancho González, pioneros de las malas formas, precedieron a los Nastase, Connors o, varios escalones por encima de todos, John McEnroe.
 

Hoy, el circuito femenino padece también una crisis de valores. Ya no quedan barones o baronesas y las campeonas nacen en una pista pública de Los Ángeles (hermanas Williams) o de los confines de Siberia (Maria Sharapova). De una lista publicada por The Tennis Space, elaborada a partir de las multas económicas con que la WTA ha sancionado a sus integrantes en los últimos seis años, se deduce que Serena Williams es la tenista más grosera y alejada del 'espíritu Von Cramm'.
 

La tenista estadounidense roza ya los 80.000 euros en multas pagadas en los últimos seis años. La más cara y sonada se produjo durante las semifinales del US Open en 2009 ante Kim Clijsters. La pobre juez de línea, del tamaño de un microbio en comparación con el mastodonte que se le venía encima, sólo pudo tragar saliva mientras la campeona de 13 'grandes' juraba ante Dios y entre palabrotas que la pelota que sostenía en la mano pronto acabaría en su garganta. Comportamiento antideportivo y amenazas, una ofensa mayor que le salió cara (unos 72.000 euros en total). También en Nueva York, esta vez durante la final de 2011, desembolsó unos 1.500 euros por abuso verbal contra la juez de silla, a la que dijo: "Ni me mires... Estás fuera de control, eres aborrecible... eres una perdedora". Su lista de agravios se completa con otras multas por otros abusos de palabra y de raqueta, por "obscenidad audible" o por no comparecer en una rueda de prensa, que sale a 4.000 dólares (Wimbledon 2010).
 

En la lista de las diez tenistas más castigadas en estos últimos seis cursos aparece Anabel Medina. Los 3.500 dólares ya pagados por la tenista valenciana son la suma de los 2.000 por 'coaching' -recibir instrucciones de su banquillo- en el Abierto de Australia 2010, de los 500 por uso inapropiado del lenguaje en el US Open del mismo año y de los 1.000 por comportamiento antideportivo un curso después en Roland

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