El Central detuvo la fuga de capitales y domina el tipo de cambio para hacer caer la tasa de interés para depósitos mayoristas.

El que opera la computadora en el Banco Central, en el área seguimiento de la política monetaria, encuentra sorpresas. El dinero en su circulación sigue buscando rentabilidad y encuentra varios atajos: la inversión en dólar, en plazos fijos, en aciones, en bienes durables, en fondos de ganancias, etc. A ese dinero es el que sigue día y noche la política monetaria para orientarlo de acuerdo al modelo económico. El economista del Central mira el monitor de la computadora y piensa: “El dinero es el sexto sentido, que nos permite apreciar los otros cinco”.

La calma de las finanzas es notoria y el dinero está en la mano del ahorrista que espera qué hacer con él. Las tasas de interés del sistema bancario bajaron, en promedio, más de ocho puntos porcentuales en el último trimestre porque la economía está más líquida. Entonces, el economista del Central, operador de una fantástica PC financiera, elucubra: “El dinero hoy en la Argentina con la inflación no es nada, pero mucho dinero, eso, ya es otra cosa”, y da instrucciones a los bancos que capten a grandes ahorristas para que estén capitalizados. Y los bancos deciden hacer una suerte de filosofía pragmática de la política monetaria y dicen “manos a la obra”. Usan el lema “el dinero solo trae problemas, por eso os animo clientes a que me lo deis”.

Salen a captar ahorros ofreciendo una disparidad impresionante entre las ofertas de tipos de interés con los que abonan los plazos fijos. Y cuando los bancos deciden todo eso, los temores a la devaluación se han disipado y ofrecer plazos fijos en dólares no tientan a inversores ávidos. Como la devaluación sigue programada, con formas acorde al modelo, nadie espera que el dólar haga un salto brusco y ni soñar con rentabilidades imposibles porque no es esperada ninguna corrida. Lo único que se devaluó fue el dólar paralelo y los rendimientos financieros soy hoy módicos.
 
La inflación produce pérdidas en el capital del inversor que quiera retenerlo en la alcancía o en el famoso colchón, y menos pensar ganarle a la suba del dólar. Y en ese marco, y en el agua quieta de la plaza financiera, el Central induce a los bancos siempre lo mismo: “No se duerman, creen atractivos productos financieros para que la gente invierta”. Y los gerentes de productos atractivos de los bancos le preguntan al técnico del Central: “¿Y cómo hacemos eso, señor?”. El Central responde con la misma filosofía pragmática de los bancos: “Ahora que la gente y ustedes están seguros de que el dinero no da la felicidad, hagan descubrir que la matemática financiera sí”. Entonces, los bancos hoy ponen en sus pizarras tasas de captaciones para que el cliente haga números entre y negocie con la entidad su capital.

El Central entonces se pone contento, no quiere que el dinero “duerma” en colchones ni en la mano de la gente. Los bancos ofrecen tasas muy por encima del promedio del mercado. Las entidades nacionales, por ejemplo, pagan entre uno y hasta casi tres puntos por encima de las cifras de varias pizarras. Todo depende del monto que se colocará. Y una mirada en la pantalla de la PC monetarista del Central muestra que es posible obtener rendimientos del orden del 17% a 30 días. Pero, todo -como se dijo- depende del monto a depositar. Esas altas tasas son porque los bancos quieren fidelizar clientes, hacerlos cautivos. Es una salida pragmática de las entidades que desean contarle al Central que hacen los deberes. Decirle: “Tenemos dinero ante todo, la virtud vendrá después”.

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