Luego de que la ley fuera publicada en el Boletín Oficial, el 24 de mayo, los padres mantuvieron reuniones con los directores de Centro Gallego donde se encontraba internada para solicitar que se aplicara el derecho a una muerte digna.

El lunes último firmaron un documento que ratificaba su voluntad de que se le retirara el soporte vital a su hija. También de que no se le practicaran más terapias invasivas ni maniobras de resucitación.

Tras los días que se tomaron los facultativos para analizar nuevamente el caso, les informaron a los padres que el procedimiento médico se haría el jueves. Ante ello, sus padres Selva y Carlos decidieron no estar presentes cuando se le desconectara todo a su hija, pero si autorizaron a un amigo de la familia.

Cabe recordar que la pequeña sufrió severas secuelas después de nacer, a causa de una mala praxis. La falta de oxígeno derivó en un paro cardiorrespiratorio y después de 20 minutos de reanimación logró sobrevivir, pero el daño fue tan grande que entró en un estado vegetativo permanente.

Frente a esa situación, tres comités de bioética se pronunciaron sobre el caso y afirmaron que su estado era irreversible, pero los médicos no podían desconectarla porque, ante la ausencia de una ley, tal acto se consideraría homicidio. Fue por ello que los madres fueron al Congreso y “pelearon” por la ley de muerte digna y finalmente los legisladores atendieron el reclamo de este caso y de varias otras familias en igual situación.

“Su pasó por este mundo y nos dejó más derechos a todos. No fue en vano tanto dolor y sufrimiento", dijo Selva Herbón, la madre de la niña, que el jueves vivió una mezcla de emociones: del alivio porque el pedido de que no se prolongara el sufrimiento de Camila se concretó a la tristeza y el profundo dolor por la pérdida de su hija.

"Fue muy duro y difícil. Primero, cerca de las 10, los médicos comenzaron a reducirle el oxígeno del respirador. Finalmente, cerca de las 12.15, sufrió un paro cardiorrespiratorio no traumático, ya que Camila tenía una deficiencia respiratoria aguda y dependía del respirador. El momento de la muerte fue muy difícil, pero después a uno le sobreviene la convicción de que fue lo mejor para ella, que la vida vegetativa e indolente a la que estaba condenada no era vida”, contó la madre. 
 

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