En América Latina son solo tres los países que tienen la reelección indefinida en sus constituciones: Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Fueron muchos los presidentes de la región que se retiraron con altísimos índices de aprobación y que contaban con los votos como para reformar la constitución y permanecer en el poder. El brasileño Lula Da Silva es quizás el caso más emblemático, pero en ese grupo entraron también el uruguayo Tabaré Vázquez y los chilenos Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. ¿Se cansaron del poder o hicieron táctica política pura? Todo indica que la segunda hipótesis, claramente, es la que gráfica con más precisión a la realidad.

Lula, Tabaré y Bachelet son serios candidatos presidenciales en sus países para las próximas elecciones, y todo indica que ganarían con comodidad sus contiendas. La estrategia de ellos no se diferenciaba en nada de la de Néstor Kirchner. El expresidente no fue reelecto en 2007 justamente pensando en la continuidad en el tiempo de su proyecto político. Se hablaba de kirchnerismo hasta el 2020 con rotaciones en la presidencia entre los dos integrantes del matrimonio. El plan podía sonar fuerte, pero no contemplaba el costo político de ninguna reelección indefinida. Todo eso se esfumó con la muerte de Kirchner.

Solo Cuba, Venezuela y Nicaragua permiten la eternización en el poder en América Latina; los tres países están conducidos por gobiernos fuertemente centralistas y con fricciones constantes con buena parte del mundo.

Coincidentemente, también son tres las provincias argentinas que posibilitan la reelección in eternum: Santa Cruz, Formosa y Catamarca. En Europa, son varios los países que autorizan más de dos reelecciones, pero la mayoría de ellos tienen regímenes parlamentarios o semi presidencialistas, donde el poder del jefe de Estado es inmensamente menos personalista.

Está claro que el tema es ríspido para la inmensa mayoría de los gobernantes del planeta.

¿Por qué el Gobierno instala tan apresuradamente el debate por la re-re de Cristina si las encuestas muestran que la mayoría de la gente se opone? Suena contradictorio pero es solo por un motivo: conveniencia. En general, los gobiernos que tienen fecha de vencimiento tienden a desgastarse más que los que no la tienen. Es que las disputas internas por la sucesión suelen ser tan encarnizadas que dejan marcas inocultables en cualquier gestión ejecutiva.

Las excepciones, básicamente, tienen que ver con liderazgos fuertes pero más horizontales. Otra vez aparecen los nombres de Lula y Tabaré: ambos le entregaron el poder a un aliado que ya contaba con alta imagen pública, pero que ellos mismos se encargaron de ayudar a construir.

En Argentina la situación es diametralmente distinta por la falta de cuadros electorales que tiene el oficialismo a excepción de Cristina, que demostró ser una formidable candidata cada vez que se postuló en la última década.

¿Querrá la Presidenta realmente ir por otro mandato en tiempos de tanta incertidumbre económica mundial? La respuesta, quizás íntimamente más cercana al no que al si, solo la tiene ella. Lo importante ahora para el Gobierno es no descartarla definitivamente para, así, minimizar el crecimiento de peronistas como Daniel Scioli o José Manuel De la Sota, dos dirigentes celosamente mirados por la Casa Rosada.

La coincidencia

Son muy pocos los debates públicos que benefician tanto al Gobierno como a la oposición, y el de la reelección indefinida es ahora uno de ellos. ¿En qué favorece a la pobre oposición actual esta discusión? Sencillo: le permite encontrar al menos un punto de contacto para combatir unificadamente al kirchnerismo.

No lo pudieron hacer ni con la expropiación de la exCiccone, ni con la expropiación de YPF, ni con la estatización de Aerolíneas Argentinas ni con la nacionalización de los fondos jubilatorios.

En todos esos casos el antikirchnerismo mostró contradicciones argumentativas de alta envergadura. Abundaron las críticas a proyectos que después votaron positivamente o al revés. La UCR, por citar a la segunda fuerza legislativa, cuestionó en duros términos la expropiación de YPF pero la acompañó en el recinto. El mismo partido que había presentado una iniciativa para expropiar a la polémica exCiccone y que luego se pronunció en contra de hacerlo.

Mientras, Mauricio Macri se muestra con De la Sota y se diferencia de Scioli, el gobernador bonaerense apoya la re-re de Cristina pero espera agazapado que no se presente, Hermes Binner naufraga con la dificultad de hacer política sin un cargo y el radicalismo sigue sin un líder carismático definido. ¿Y el movimiento obrero? Bien gracias: partido en cinco.

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