La Cámara de Diputados ha ratificado, una vez más, que es el instrumento de la democracia que amplifica con mayor nitidez los acordes de la política. En la sesión del martes quedó marcada como una impronta la virtual ruptura del frente que llevó a la gobernación a Juan Manuel Urtubey. El idilio comenzó a romperse en el mes de junio pasado cuando el vicegobernador Andrés Zottos dio un portazo en el Grand Bourg, molesto por la decisión de Urtubey de imponer a Cristina Fiore como candidata a senadora nacional en la fórmula con su hermano Rodolfo. Esta situación produjo sus efectos en el Partido Renovador de Salta, cuando el ministro de Gobierno, Julio César Loutaif, optó por cuidar su cargo y lo propio hicieron Marcelo Lara Gros y Carlos Villalba, los intendente de San Ramón de la Nueva Orán y Salvador Mazza, respectivamente. Pero los hechos terminaron confirmando que en política la obsecuencia no es la mejor aliada. Lara Gros perdió las cuatro elecciones en el municipio de Orán, a tal punto que en la última terminó cuarto y solo pudo obtener tres de las doce bancas en el Concejo Deliberante. A Villalba le fue peor aún porque luego de ser destituido como intendente al ser descubierto en un prostíbulo donde se explotaba la prostitución y la trata, vio frustrado su intento de recuperar el poder al ser derrotado de manera categórica por Rubén Méndez en los comicios del domingo pasado.

El caso de Loutaif no le va a la zaga, luego de haber sido acusado de manipular las máquinas del voto electrónico en beneficio de determinados partidos políticos. Su proceder provocó la ira de las propias fuerzas que conforman el frente gubernamental. El ejemplo más patético fue el de Antonio Hucena, jefe de la bancada justicialista de la Cámara de Diputados, quien tres días antes de las elecciones alertó lo que estaba pasando con las máquinas en tres municipios del departamento Orán y acusó de la maniobra a Loutaif y al secretario de Planificación, Guillermo López Mirau. El martes Hucena no solo ratificó lo expresado a los medios, sino que acusó a los dos funcionarios de haber producido un atentado contra un sistema que fue declarado como política de Estado. “La capacitación del voto electrónico debe estar a cargo del Tribunal Electoral y no me parece serio que la realice un ministerio”, sentenció. Y para no dejar dudas acerca del malestar que le produjo lo vivido en Oran, advirtió: “Las máquinas no son caramelos que se reparten en una fiesta”.

Ramón Villa, otro de los legisladores oficialistas, también fustigó el manejo irresponsable de las computadoras, en este caso para beneficiar a los candidatos del PJ en el departamento Rivadavia. “Pese a ser parte del gobierno no hemos recibido un trato igualitario”, se quejó. “Yo he visto punteros políticos del senador Mashur Lapad y del exintendente Atta Gerala llevando las computadoras al hombro para capacitar a las comunidades aborígenes”, reveló. Villa también denunció que el mismo domingo el camión de la Municipalidad de Santa Victoria Este salió a repartir mercadería. “Pese a todas estas maniobras, hemos triunfado de manera holgada en los tres municipios del departamento”, dijo con orgullo.

Lo expresado por Villa grafica con más fuerza el malestar que produjo el uso indiscriminado de las máquinas, por tratarse de un legislador que triunfó en las elecciones y que por su condición de oficialista pudo haber optado por quedarse callado. Sin embargo quiso hacer escuchar su voz por considerar que con estos procederes el sistema del voto electrónico puede ser condenado al fracaso.

Marcelo Astún se sinceró

Cuando estalló el escándalo, la secretaria del Tribunal Electoral, Teresa Ovejero, declaró a El Tribuno que la decisión del organismo fue no entregar máquinas a los partido político y cuando éstos lo requerían se enviaban las computadores con capacitadores propios. De allí se desprende que el ministro Loutaif no procedió de igual manera y distribuyó las terminales a los candidatos de su preferencia, como en los casos de Orán, Gemes y Rivadavia. Esto lo terminó confirmando el reelecto diputado Marcelo Astún, a la sazón, uno de los beneficiados con los favores del ministro todoterreno del gobernador. “No sé de qué se quejan, si con una simple notita ya te daban una máquina”, se sinceró, confirmando con ello las peores sospechas.

“En el Gobierno no hay peronistas”

Las críticas de Hucena, Villa y otros diputados oficialistas confirman el rompimiento de la disciplina de la tropa urtubeicista, luego de comprobar que en el frente hay hijos y entenados. La estrepitosa caída del caudal de votos en el lapso de dos años achicó la torta para los comensales y esto provocó la lógica reacción del rebaño que ya no puede seguir abrevando en los campos fértiles de un paraíso de ilusión, hoy devastado por los resultados electorales como los de capital. Rubén Cabana fue el primero en abandonar la majada del PJ antes de las elecciones como un presagio de lo que iba a suceder. “Yo estoy chocho con los resultados de Gemes”, dijo en alusión a la derrota de Federico Segura, que no pudo retener su banca de senador. Cabana tuvo palabras de elogio para Hucena por haberse animado a denunciar el manejo de las máquinas en Orán, al tiempo que pidió que no se castigue al legislador norteño por decir la verdad. “Estas cosas pasan porque en el Gobierno, lo que menos hay son peronistas”, ironizó.


 

 

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