La réplica del Vía Crucis que encabezó Francisco en Roma se vivió en todas las provincias y localidades del país. Esta vez quizás con más fervor cristiano que en otras. Las doctrinas de fe reforzadas con la llegada de un argentino al papado se demostraron con el arribo de cientos de peregrinos a las distintas iglesias, vicarias y capillas. Pero, sin duda alguna, fue la Ciudad de Buenos Aires donde se vivió con más fuerza y algo de nostalgia la ausencia de Jorge Bergoglio, ahora Francisco. Fue él quien durante los últimos 10 años encabezó el Camino de la Cruz en Capital.

El aire de energía y fe que infunde Francisco pudo notarse durante el Domingo de Ramos y el lavado de pies realizado por su sucesor Mario Poli en la Catedral Metropolitana que desbordó de creyentes.

Ayer la imagen volvió a repetirse. Unas 40 mil personas participaron del Vía Crucis encabezado por el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Eduardo García.

“Tenemos una afluencia muy importante que se ha planteado por un escenario exacto: en primer lugar, el refresco que significó la elección del papa Francisco, luego por los feriados que contribuyen a la presencia de muchos turistas en Buenos Aires, y las celebraciones de Semana Santa en las que mucha gente se acerca a la iglesia”, dijo el rector de la Catedral, el sacerdote Alejandro Russo.

Un total de 35 seminaristas se apostaron en la puerta y el interior del templo recibiendo a los visitantes, impartiendo bendiciones y repartiendo estampas y material religioso. También se realizaron Vía Crucis por el interior de la Catedral porteña, deteniéndose en las imágenes que recuerdan las 14 estaciones de la “vía dolorosa” que recorrió Jesús. A las 15, hora en que la tradición cristiana asocia a la muerte exacta de Jesús, se realizó una oración especial

Posteriormente el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Luis Fernández, presidió la acción litúrgica de la pasión y muerte de Jesús.

Desde las 20.30, a lo largo de la avenida de Mayo, desde Plaza Lorea -en Congreso- hasta la Plaza de Mayo, encabezado por el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Eduardo García, se realizó el Vía Crucis.

El Vía Crucis fue presidido por el Cristo de “Buen Amor” y la imagen de la Virgen Dolorosa, realizada en 1870. Además se sumó otra cruz que fue transportada por los jóvenes.

Durante todo el camino acompañó un coro y músicos, mientras que una vez arribados a Plaza de Mayo se realizó la representación de la crucifixión de Jesús.

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