La ruta provincial 21, que permite el acceso a los barrios capitalinos Limache, Valdivia y Lapachos, y al Parque Industrial, de noche se transforma en una “boca de lobo”. Desde su intersección con avenida Ex Combatientes de Malvinas hasta el primer acceso a Limache, ubicado a unos 700 metros, la iluminación es normal. A partir de allí la oscuridad va en aumento hasta Río Ancho, límite con Cerrillos, desde donde la falta de luz se hace total. Es verdaderamente el reino de las tinieblas, pese a que contar con un sistema de iluminación instalado desde hace mucho tiempo y que se extiende a lo largo de la Autopista Sur-Este .
Resulta obvio señalar los inconvenientes que trae aparejada la oscuridad. Todos saben que atenta contra la seguridad de las personas y del tránsito vehicular. La falta de luz favorece la actividad de los delincuentes y de los desaprensivos que no dejan de arrojar basura a la vera de la ruta.
Pero no solo la falta de luminarias obstaculiza la visibilidad en esta ruta, sino que también aportan lo suyo la altura de los pastos cubanos que crecen en las banquinas. La zona más peligrosa es la rotonda que forman la ruta 21 y la autopista. Aquí la altura de la vegetación impide ver la proximidad de los vehículos que se acercan por los otros carriles.
Lo peor de todo es que se trata de dos caminos relativamente nuevos, que por estar inconclusos y sin mantenimiento se transformaron de a poco en verdaderas trampas para peatones, ciclistas, motociclistas o automovilistas.

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