La cadena nacional de ayer, a solo 72 horas del décimo aniversario kirchnerista en lo más alto del poder, no fue una más de las tantas: hubo anuncios concretos, uno de ellos polémico, pero ambos de muy alto impacto para la opinión pública.

Todos los subsidios sociales serán aumentados en porcentajes mayores a la inflación que estiman los privados; en algunos casos, hasta más de diez puntos. Eso, en un país con índices de pobreza muy elevados y con una alta tasa de beneficiarios de la ayuda estatal, generará un efecto instantáneo en el fomento del consumo. La actividad económica viene particularmente baja este año, por lo que inyectarle plata al mercado será seguro la punta de lanza de un efecto multiplicador en las zonas más carenciadas, que son las primeras en dejar de gastar lo que no tienen.

El mensaje político que se buscó transmitir desde el Gobierno es claro: en medio de una crisis mundial que preocupa y se agrava, la Casa Rosada destina millones de pesos en asistencia a los que menos tienen. En medio de una oposición aún dispersa y algo lenta en sus reagrupamientos, la medida seguramente tenga algún impacto electoral positivo para el kirchnerismo en una amplia capa de la sociedad. Esto ocurre ni más ni menos que a solo seis meses de unas elecciones vitales para Cristina.

Tras diez años de crecimiento a tasas chinas, la enorme cantidad de excluidos que aún tiene el país es una deuda pendiente de este gobierno, pero también de todos los que lo antecedieron. Podrán discutirse las cifras, pero la realidad es cruda y el norte del país lo sabe muy bien. No fue casual que la jefa de Estado haya hecho este anuncio a solo tres días del aniversario del sábado.

El avance de la inflación, otro de los problemas que más preocupa a la gente, fue ubicado en un lugar central en el discurso de ayer por la mandataria. Es cierto, nunca dijo la palabra “inflación”, pero abordó públicamente el tema con muchísimo énfasis. Allí, sin lugar a dudas, estuvo el más controvertido de los anuncios: controlar con militantes y dirigentes sociales que se cumplan los precios puede ayudar al principio, pero resulta impracticable en el mediano plazo. Además, lo más importante es que controlar los precios es una responsabilidad indelegable del Estado y no puede hacerlo cualquiera.

Cristina parece haber entendido que no hablar de los precios, como vino haciendo el kirchnerismo por años, solo la dañaba políticamente. Eso es positivo, aunque bajar la inflación depende de mucho más que de un voluntarista plan de seguimiento popular.

 

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