Hace exactamente un año la noticia corrió como un reguero de pólvora. Era el atardecer del lunes 16 de julio de 2012 cuando toda provincia se estremeció al conocer la novedad. Yanina Nüesch (16 años) y Luján Peñalva (19 años), las chicas que eran intensamente buscadas desde el sábado 14 por la tarde, aparecieron colgadas de un misma soga en un árbol ubicado en un descampado, a unos 300 metros del barrio San Carlos, muy cerca del lugar donde habían sido vistas por última vez apenas dos días antes.


Lo que siguió fue vertiginoso. La televisión se llenó de imágenes de los familiares de Luján, quebrados por el dolor, enojados con los periodistas y luego gritando e insultando frente a la casa de Ezequiel Fredes, el novio de la joven. Sin conocer el resultado de la autopsia, el gobernador Juan Manuel Urtubey, secundado por el ministro de Seguridad, el jefe de Policía y el presidente de la Cámara de Diputados, brindó una conferencia de prensa para confirmar el hallazgo e informar como un hecho definitivo que Yanina y Luján se habían suicidado. Un aluvión de muestras de dolor, perplejidad, indignación y congoja inundó las redes sociales. ¿Por qué?, ¿qué pasó?, ¿cómo es posible que nadie las haya visto antes?, ¿por qué nadie se dio cuenta? Estas y mil preguntas más sin respuesta formaron parte de las conversaciones y debates, en los que todos buscaban darle una explicación a lo inexplicable.
 

 

En los días posteriores, y con la investigación judicial aún en marcha, las familias Nüesch y Peñalva optaron por formas distintas de enfrentar el duelo. Los primeros eligieron la intimidad, explicaron a los medios de comunicación -que se empeñaban en entrevistarlos- que el tema estaba cerrado y que necesitaban tomar distancia para superar la muerte de Yanina. Los Peñalva eligieron el camino contrario. Se presentaron ante los medios de comunicación y actuaron intensamente en las redes sociales asegurando que Luján y Yanina no se habían suicidado, sino que fueron asesinadas, y apuntaron todas las sospechas a Ezequiel Fredes.
También ofrecieron una jugosa recompensa por datos que permitan probar esa hipótesis, contrataron pericias privadas para cuestionar las oficiales y, más recientemente, hicieron declaraciones públicas responsabilizando personalmente al gobernador Juan Manuel Urtubey por supuestas “maniobras” para ocultar el supuesto homicidio de su hija.


El estado de la causa


A un año de la muerte de las chicas, la investigación judicial del caso cuenta hoy con más de 1.000 fojas divididas en cuatro cuerpos, con otros tantos de pericias.
“Para tratarse de una muerte dudosa -que es la carátula del caso-, se trabajó muchísimo” informó una fuente judicial consultada por El Tribuno. Tras la reforma del Código Procesal Penal, la investigación quedó a cargo del juez Pablo Arancibia, quien hace un par de semanas reunió a las partes (la fiscalía y la familia Peñalva) para que sugieran nuevas medidas judiciales o pericias antes de dictar sentencia.
En absoluta reserva, otra fuente judicial confesó que, con los elementos de prueba disponibles, la causa se encamina al archivo. La reconstrucción del caso que hicieron los peritos señalan a Yanina como una adolescente que sistemáticamente coqueteaba con la muerte. Venía de tener un noviazgo con otro chico de su edad con el que la relación era muy posesiva, al punto que él le prohibió que tuviera su propio Facebook. Tras la ruptura, Yanina le dijo varias veces a sus amigas que se iba a suicidar para “demostrarle (a su novio) cuanto lo amaba”; y las pericias realizadas en su computadora revelan que buscó varias veces en internet videos acerca de cómo suicidarse”.
Luján se había educado en Estados Unidos y proyectaba una carrera artística ambiciosa. La noche previa a su desaparición, el viernes, recibió permiso para salir con Fredes hasta la medianoche. La investigación certificó que la joven pareja estuvo esa noche en el motel Géminis. A las 2 de la mañana del sábado, cuando Luján regresó a su casa,discutió con sus padres y le prohibieron volver a salir con Fredes. Al amanecer, Luján se despertó y se sintió descompuesta; incluso vomitó. Angustiada, se puso en contacto con su amiga Yanina. El último mensaje de Yanina al celular de Luján dice: “¿Que moco te mandaste? Voy para allá”.
Al mediodía del sábado, desaparecieron solas; las buscaron con desesperación, per nada se supo de ellas hasta el lunes.
El resto de las pericias judiciales confirman que las únicas huellas que conducen hasta el árbol donde aparecieron colgadas son las de ellas. El informe oficial sostiene la probabilidad de que ambas se hayan colgado de una única soga. La pericia paralela encargada por Gustavo Peñalva deja abierta la posibilidad de que se trate de un homicidio.
 

 

La familia de Luján cuestiona al gobernador

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El apuro del gobernador Urtubey por presentar el caso como suicidio generó dudas en la familia.
Gustavo Peñalva, el padre de Luján, insiste desde hace un año en que su hija y Yanina “no se mataron” sino que “fueron asesinadas” y que sus afirmaciones se deben a “una fábula inventada desde el dolor” sino al convencimiento de que el presunto pacto suicida encierra un crimen. El nuevo juez, a cargo de la causa por la redistribución de los juzgados a partir del nuevo Código Procesal, recibió el expediente y ofreció a la familia llevar adelante las nuevas pericias que consideren importantes. Hasta ahora no hay indicios de la participación de otra persona y la hipótesis es la de suicidio.


Peñalva sostiene a los cuatro vientos que el gobernador Juan Manuel Urtubey “ordenó manipular” las actuaciones iniciales para que “todo quede en suicidio” ni bien la Policía informó que las dos amigas del barrio San Carlos aparecieron colgadas, de una morera, con una misma soga. Aquella aciaga noche, a un año del crimen de las turistas francesas, el gobernador apuró una conferencia de prensa en la que reafirmó la hipótesis del pacto suicida y aseguró que los cuerpos no presentaban indicios de violencia mucho antes de que se hicieran las autopsias y se informaran importantes manchas de sangre en el pantalón de Luján.


Semanas atrás, su padre se encontró con Urtubey. “Le pregunté si sabía la hora en la que desapareció mi hija y no supo responderme. Eso me molestó mucho, porque denotó su falta de conocimiento sobre la causa”, expresó Peñalva, quien tampoco dejó al mandatario fuera de las responsabilidades por el reprochable dispositivo policial que el jueves último impidió a familiares de Luján manifestarse en la Ciudad Judicial. “Nos siguieron, se nos cruzaron en la ruta para evitar que llegáramos a la sede de los tribunales a pedir justicia, me golpearon la cabeza y me quisieron ahorcar”, reseñó.


El padre de Luján también remarcó que, a pedido suyo, el perito Lucas Delgado elaboró un informe que expone una serie de contradicciones que deberían aclararse ante la Justicia. El informe no está incorporado formalmente en la causa que sigue caratulada como “muerte dudosa”. Su autor no fue formalmente aceptado como “perito de parte”.


Peñalva manifestó que “llegará hasta las últimas consecuencias” para demostrar que Luján y Yanina fueron asesinadas y que el gobierno “ordenó plantar pruebas, manipuló las autopsias con la complicidad de los forenses y se evitó otro costo político”, un año después de que Cassandre Bouvier y Houria Moumni fueran asesinadas en San Lorenzo.
 

 

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