“No hubo negligencia, no es fatalidad, es extrema pobreza”, aseguró ayer un vecino del pequeño Emanuel Guitián, poco después del multitudinario cortejo fúnebre que acompañó a su madre, su única familia, al cementerio San Antonio de Padua.

La totalidad del barrio se solidarizó con la desgracia familiar de una mujer sola, cuyo único bien era su pequeño hijo de cinco años, fallecido al caer en una letrina abandonada y sin tapa.

“Todos colaboramos con ella, todos, porque compartimos la misma situación de extrema pobreza”, dijo un vecino.

“Vivir en las laderas de los cerros significa calles intransitables, donde ningún vehículo quiere subir. Debemos caminar de doce o catorce cuadras para abordar el corredor 2B, en villa Mitre. El agua la recogemos desde un grifo público y en esta parte alta no hay servicios de cloaca, por lo que abundan las letrinas, algunas abiertas, otras tapadas”, graficó una mujer duarante las exequias.

Floresta Alta está enclavada sobre las serranías del este de esta capital, y se extiende por debajo de un tendido de alta tensión, sin cloacas, sin servico de transporte urbano y con agua a retirar de un caño público.

Limita con el Parque Industrial en su lado sur y con el barrio El Mirador en su lado norte.

Por el medio de este viejísimo barrio salteño fue trazado el acceso para el transporte pesado, inconclusa obra que lleva décadas y que parece no tener fin.

Al respecto, varios vecinos aseguraron que esa obra haría llegar los servicios al barrio, pero lamentablemente los terrenos expropiados en su momento en la parte central de villa Floresta fueron ocupados nuevamente por otra gente y a estas personas no las quieren indemnizar como a los verdaderos propietarios, que ya cobraron la expropiación, por lo tanto estas personas ahora se niegan a salir y, por supuesto, la obra está paralizada desde hace ya varios años”, afirmó uno de los vecinos más longevos del lugar. Otro dijo a El Tribuno que la muerte de este pequeño “nos dolió como ninguna otra, no solo por que su madre, discapacitada visual, no tiene más que una pequeña pieza contra el cerro, en lo más alto del barrio, sino porque su hijo era todo lo que tenía. La desgracia, la miseria, la marginalidad dolorosa que no se ve desde abajo, no duele a nosotros mismos”.

“Aquí, señores, la pobreza mata”, definió. “Sin calles transitables, confinados en las alturas de las faldas de los cerros, caminando cuesta abajo para salir, caminando cuesta arriba para llegar, la mayoría de nosotros somos como refugiados de Salta. La muerte de ese niño, es una conse cuencia”, finalizó.

 

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