La iglesia de El Chamical esconde un pedazo de la historia de Salta, de la Argentina y de América Latina. Ahí fue enterrado el hijo más gaucho que tuvo esta provincia. Por eso, el 7 de junio de 1944 fue declarada Monumento Histórico Nacional. Sin embargo, hoy luce abandonada. El campanario solo aguanta una de sus dos pesadas campanas. Las paredes muestran rajaduras y deformaciones. Una Biblia del 1700 está a la intemperie, acechada por la humedad. Según los vecinos del lugar, las últimas refacciones que llegaron a la capilla "fueron durante el segundo gobierno del general Juan Domingo Perón". Por eso, todos los años, fortines y seguidores del héroe empeñan tiempo y dinero en darle una mano de pintura para lucir presentable en las fechas que recuerdan la gesta de Martín Miguel de Güemes.

Cuentan los herederos de la finca que la iglesia data de fines del siglo XVIII. Está ubicada sobre el recorrido del antiguo Camino Real y el lugar era posta de carretas. Entre sus paredes supo sonar como un estruendo la voz de Güemes. La usó de oratorio. Ahí reunía a sus gauchos de la zona de Finca La Cruz, donde estaba el cuartel general de la guerrilla gaucha que hostigaba día y noche al invasor español, haciendo pesar el valor de sus jinetes, el filo de sus lanzas y el estruendo de los sables. La Cruz era la casa y el fuerte del general Güemes y donde algunos historiadores señalan que tenía lugar el adiestramiento de las milicias gauchas. La iglesia fue reconstruida por orden de Güemes, que según varios estudios era muy devoto.


LAUDINA TABARCACHI, DE 82 AÑOS, HEREDO LA TAREA
DE CUIDAR LA CAPILLA.
 

Laudina Tabarcachí tiene 82 años cumplidos. Nació y se crió en la finca. Después de más de 50 años de matrimonio cosechó seis hijos y como 20 nietos. Su madre, doña Isabel Cardoso, le dejó una herencia y un deber: el cuidado de la capilla de El Chamical. "Me acuerdo que la iglesia estaba caída en una época y una vez que la levantaron siempre estuvimos aquí para cuidarla", comentó. Según sus recuerdos, la última restauración data de la década del '50. Ella y su madre dieron alojamiento a los trabajadores que llegaron para la obra. "Tenía los chicos de meses. Mi esposo trabajaba de la leña y todavía no era policía. Mi madre se puso contenta con el arreglo, porque ella era bien devota. Todos los lunes prendía velas para alumbrar las ánimas", relató. "Siempre se encargó de mantener la capilla limpia y yo continué su trabajo. Hoy lo sigue haciendo mi hija", dijo con orgullo. "Con mi espalda machacada ya no puedo. Hay que acarrear el agua desde el arroyo para limpiar", se excusó.

"Yo le he dicho a mi hija que le ponga una mano de pintura al santo, que está estropeado. Lo están poniendo lindo para el 4 de octubre, que es la fecha de nuestro santito. Está descascarado, le falta un dedito y tiene el bastón apolillado. Pero ella solita ha pagado todo. Lo mismo con las paredes de la iglesia, que todos los años la pintan los gauchos de la agrupación para antes de las fiestas. Pero le hace falta mucho que la arreglen, porque en la sacristía se gotea. Las paredes tan como infladas. Siempre dicen que van a venir a arreglar, pero nunca vienen", dijo doña Laudina, que vive a unos metros atrás de la capilla.


VISTA DE LA CAPILLA Y EL CEMENTERIO DONDE FUE
SEPULTADO GÜEMES.

Personal de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos estuvo por el lugar y confirmó a los vecinos que en los próximos días podrían comenzar las tareas de restauración.

El domingo 17 de junio de 1821, bajo la sombra de un cebil colorado, se apagó la vida del general que combatió en la gesta que liberó al continente. Al día siguiente fue enterrado por sus seguidores en El Chamical "bajado a sepultura abierta en suelo virgen". En 1823 sus restos fueron trasladados para siempre a la Catedral de Salta.

 

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