Un casamiento atípico. Ante más de 3.000 peregrinos cantando Aquí se siente la presencia de Dios/ Yo siento el fuego del espíritu santo/ Yo siento gozo, siento paz/ Yo siento el amor que Dios me da...Dominga Martínez entró a la iglesia. Con su vestido de seda y voile blanco con bordados lilas y un ramo pequeño con flores naturales rosas llegó hasta el altar donde la esperaba Jorge Choque.

La joven pareja de San Antonio de los Cobres decidió ofrecerle al Señor y la Virgen del Milagro su amor eterno. Jorge es peregrino del Milagro desde hace 10 años y Dominga, hace 6. La peregrinación de la Puna este año está cumpliendo sus bodas de plata, motivo por el cual los ahora flamantes esposos no dudaron en unirse para siempre en una fecha tan especial.

La ceremonia multitudinaria en la parroquia Santiago Apóstol, de Campo Quijano, fue presidida por monseñor Dante Bernacky, quien también dio la Primera Comunión y la Confirmación a la novia (y a una abuela de 80 años) un día antes, en la localidad de Ingeniero Maury.

Jorge y Dominga están juntos desde hace casi 8 años. Tienen dos hijos, Luis Fernando de 7 y Carlos Jesús de 10 meses. Luego de dar el “sí quiero”, el padre Bernacky alzó y mostró a los fieles a Carlitos, quien rompió en llanto.

Una ceremonia muy distinta a cualquier otra. Los invitados no estaban vestidos de gala, pero sus almas y corazón sí. Los miles de rostros abatidos por el cansancio de varios días de caminata no quisieron perderse ni un detalle de la boda peregrina. Muy emocionante.

En medio del frío del viernes por la noche llegaron a la parroquia de Quijano abrazados a sus cuadros o trayendo en andas a imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, del Divino Niño y otras, y enseguida las acomodaron en fila a un costado del altar. Los aplausos y los abrazos fueron la postal de la noche.

Otra anécdota linda del matrimonio fueron los padrinos. Miriam y Néstor conocieron a los novios una semana antes de casarse. Es que Dominga vino a la ciudad a encargar unas tarjetas para su boda y rápidamente entabló una relación de amistad con Miriam, quien hasta le ofreció en préstamo su vestido de casamiento. Esta no aceptó, pero a cambio le pidió a la mujer y su marido sí podían ser sus padrinos. Por supuesto que con gusto aceptaron.

Con pocas palabras, Jorge contó que eligieron casarse en medio de la peregrinación porque “queríamos darle un regalo a Diosito en estos 25 años”. ¿Qué les van a pedir este año al Señor y la Virgen?, pregunté. “Que seamos muy felices”, dijeron en coro.

Jorge y Dominga cumplieron ayer su sueño y su meta: “Llegaron a la Catedral Basílica casados”.

 

Un gesto conmovedor


No era amiga ni familia de los novios, pero sí peregrina de San Antonio de los Cobres. Estaba casi adelante para no perderse ni un detalle de la boda. Una mujer delgada con la piel curtida, las líneas dibujadas en su rostro develan la mucha experiencia de vida. A pesar del tiempo frío, tenía una pollera hasta las rodillas, un cancán viejo y unas ushutas. La humildad de los peregrinos conmueve y cómo. Sin embargó, en el momento de la limosna, la mujer sacó entre sus ropas un trapito, donde guardaba seguramente el poco dinero que tenía para dejar su colaboración.
 

 

 

 

 

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