La Poma, tierra bendecida con las frías y cristalinas aguas del río Calchaquí, no solo es conocida por la belleza de sus paisajes y la calidez de su gente, sino también por su gastronomía cuya fama creció con los años hasta convertirse en uno de sus principales atractivos.

Sin duda, en la actualidad la trucha ocupa el primer lugar en la carta local. Tanto es así, que el pueblo organiza desde hace 16 años un festival folclórico en su honor. Esta especialidad creció luego de que en los años 40, durante el gobierno del expresidente Juan Domingo Perón, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación sembrara alevinos de la variedad Arco Iris en los cursos de agua que nacen en el nevado del Acay.

Desde entonces en la zona se obtienen peces de carne muy sabrosa, con ejemplares de unos 300 gramos en promedio. “Su carne tiene un sabor único, por el ambiente en el que se desarrollan: aguas cristalinas y puras de deshielo que bajan desde el Acay y recorren montañas y cavernas en La Poma, para luego escurrirse por Cachi, Seclantás, Molinos y Cafayate, hasta fusionarse con el Santa María. El curso sigue hasta Guachipas, donde toma el nombre de esta localidad y desemboca en la Junta o Junta Grande, en la zona del Cabra Corral”, contó el intendente David Choque.

Las truchas

Para los pomeños, las formas más populares de preparar las truchas son a la plancha o fritas, aunque en los últimos tiempos los pocos restaurantes y comedores que hay en el pueblo han incursionado en técnicas más sofisticadas de preparación.

Entre ellas se encuentra la sazonada a la manteca con pimienta negra y cocida al horno o a la plancha.

En este último caso, se le agrega un chorrito de aceite de oliva. El pescado es acompañado con papas andinas y perejil.

El vino torrontés de los Valles Calchaquíes suele ser buena opción para acompañar este plato.

La chanfaina criolla

Los pomeños también hacen gala de su chanfaina criolla. Según contaron, se trata de una vieja receta en la que utilizan sangre y menudencias de cabríos y cordero. 

De acuerdo con la costumbre, la sangre se sala y se deja coagular. Se lavan los menudos y riñoncitos con su grasa, se hierven en salmuera y se agrega la sangre cortada en trozos. Cuando todo (bodrio) está cocido, se deja enfriar y se corta muy finamente. 

Luego, se prepara una salsa con dos cucharadas de grasa y dos de aceite, se añaden cebollas picadas, tomates, pimientos, sal, pimienta, pimentón, perejil y orégano. Una vez frito, se le agrega nuez pisada o pasas de uva, se colocan los menudos cubriéndolos de caldo, un poco de vinagre y azúcar a gusto. 
Finalmente, se deja cocer a fuego lento para espesarlo. Hay quienes le agregan harina o migas de pan. De esta manera, queda lista la chanfaina criolla, para deleite de los comensales.

Sin duda alguna el éxito de la gastronomía local se va convirtiendo con los años en uno de los principales atractivos de las tierras pomeñas, bendecidas por la belleza de un paisaje inigualable y la calidad humana de su gente.

Corderos al horno 

Los cabritos y el cordero al horno de barro, también caracterizan a la cocina artesanal pomeña. Existe una marcada rivalidad con Cachi, acerca de quién tiene los mejores corderos. En ambos casos, su carne adquiere sabores especiales a causa del agua y el pasto, que las ubica entre las más demandas por la cocina gourmet. Las papas andinas (criollas o del cerro), suelen ser la guarnición típica junto con las habas y los choclos cocidos al horno. 

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