Como lo hizo su amado River: se fue, pero volverá. Ramón Díaz sabe que su alejamiento no es para siempre y que las puertas del Monumental seguirán abiertas, de por vida.

Ramón fue el autor de la noticia bomba de la semana, porque el Pelado es un personaje popular, distinto, importante y que trasciende más allá de River Plate. Es peleador, es amiguero, es amado por los hinchas millonarios y rechazado por los “bosteros”. Pero también lo respetan y Ramón siempre supo respetar a los ídolos o referentes de Boca.

Su gran relación, casi amistad, con Juan Román Riquelme es un ejemplo, como aquellas apuestas que solía hacer con Mauricio Macri en cada superclásico.

El técnico riojano es ganador, un viejo zorro; un personaje dentro del fútbol argentino.

Tiene “feed back”, sabe jugar con las declaraciones, les pone pimienta, sabe polemizar y siempre deja tela para cortar.

Por esto, y por representar el sentimiento de millones de argentinos, su dimisión fue como un tsunami, capaz de reemplazar las portadas, las tapas de los diarios y de los medios digitales que en estos tiempos están monopolizados por Messi, la Selección y el Mundial.

Ramón tiene peso propio, como pocos en el fútbol nacional. Se fue porque él es vacilante, cambiante y, ahora, revanchista.

El más ganador de los entrenadores que tuvo River tenía pensado irse de Núñez hace rato.

Pero quería irse bien, por la puerta grande, ganador. Y aguantó, asimiló cada golpe que le dio el irregular fútbol de cada día y las indirectas de los dirigentes.

El trasfondo de su renuncia, que se conoció ni bien le dijo a Rodolfo D'Onofrio y a Enzo Francéscoli que daba un paso al costado, fue una convivencia falsa, tirante y “mal parida”.

Sin mediar palabras, sin importar el superclásico de anoche y la triple competencia que tendrá River en el segundo semestre; a Ramón no le importó nada de esto. El quería vengarse, “pasar factura” y cobrarse los disgustos por su merma en el contrato tras el traspaso Pasarella-

D'Onofrio, su saludo “buena onda” para los borrachos del tablón y aquel mensaje desafiante del presidente cuando el Torneo Final todavía estaba en pañales.

Esta relación no fue buena desde el principio según los expertos riverplatenses. Cuando se fue Daniel Pasarella (el presidente que le devolvió a River su técnico predilecto) Ramón tuvo que renegociar su contrato con la nueva CD. Bajó la cabeza y aceptó el reajuste, siendo uno de los DT más prestigiosos de Argentina; pero agachó la cabeza y prefirió esperar su revancha.

“Si le va mal, quiere tanto a River que él solo va a decir hasta acá llegué”.

El equipo millonario andaba “chueco” en las primeras fechas y el presidente le mandaba tiros por elevación. El Pelado no dramatizó, tampoco perdió el optimismo pese a que sus dirigidos no lo hacían quedar bien. La historia cambió a partir de la quinta fecha con la victoria ante San Lorenzo; luego vino el gran triunfo en la Bombonera y la vuelta olímpica en el Monumental; pero, en el medio, Ramón metió la pata con la dedicación de un triunfo a “los borrachos del tablón”, la barra brava millonaria.

El presidente D'Onofrio fue el abanderado de las críticas que cayeron entonces sobre el técnico y su mensaje con los violentos. De esto también se tomó revancha el DT, pese a que él estuvo errado.

El Pelado no solo se está vengando, sino también hace abuso de su idolatría. Los hinchas de River lo aman y serán los nuevos justicieros, los que le harán saber a D'Onofrio y compañía que nunca debieron provocar al técnico riojano.

Y ellos mismos serán los que impulsarán su regreso, su revancha.

 

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