La presidenta Cristina Kirchner deja su mandato cumplido y también se va llena de diagnósticos médicos; pero, faltaba uno: el psiquiátrico. Este último merece hoy más atención que los otros, tal vez porque sea llamativo meterse de lleno en la subjetividad y conducta de la Presidenta.
El periodista y médico Nelson Castro en los próximos días lanza un nuevo libro ("Secretos de Estado") que investiga el diagnóstico psiquiátrico de bipolaridad que se le adjudica a la Presidenta.
Castro ya había publicado su ensayo "Enfermos de poder: la salud de los presidentes y sus consecuencias", ediciones Vergara, donde asoció los problemas de la enfermedad a las cuestiones de la gestión política, sugiriendo que Cristina está enferma de poder.
Castro en su nuevo libro trabaja la línea muy delgada entre la razón y la locura, aplicándosela a la Presidenta. Tomó documentos de otros profesionales y argumentó esa bipolaridad. El periodista aclaró que el diagnóstico de bipolaridad no es de él y dijo: "Yo creo que sí (que es bipolar), no lo digo yo, lo dijo el médico que la trató, cuyo nombre no vamos a dar a conocer, y ya falleció, lamentablemente".
El trastorno bipolar es una enfermedad psiquiátrica que la medicina localiza en el cerebro. El bipolar tiene cambios de ánimo inusuales, a veces es feliz y en otras triste; pasa de la hiperactividad (manía) a la depresión. Un maníaco depresivo.
El caso de Cristina bipolar preocupa muchísimo a Castro. Pero, otros advertidos de la opinión pública piensan que el estado de ánimo de la mandataria es su propia posición moral y, por ello, no los perturba la circularidad del humor presidencial con relación a la política nacional. Creen que la subjetividad presidencial no entra en la polémica que causaron todos sus diagnósticos.
Dicho con humor, a lo mejor, ser presidente de Argentina es organizar la "locura" de otra forma.

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