El próximo jueves 24 de septiembre se cumplirá el 50§ aniversario de la muerte de don Robustiano Patrón Costas, fundador del ingenio San Martín del Tabacal, exgobernador de Salta y exsenador nacional y provincial.
A su muerte, ocurrida en Buenos Aires, el gobierno de Arturo Umberto Illia dispuso honras al desaparecido hombre público y que "la bandera nacional permanezca a media asta en los establecimientos públicos y unidades del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, durante el día del sepelio". En los fundamentos expresó: "El ciudadano fallecido participó activamente de la política de su provincia natal y del país, desempeñando distintos cargos electivos y ocupando una banca en el Honorable Senado de la Nación, cuya presidencia provisional desempeñara... Fue indudablemente representativo de las ideas y programas de un sector de la ciudadanía y que, en el campo de sus actividades, contribuyó al desarrollo de su provincia".
A su vez, el Gobierno de Salta también adhirió al duelo, aunque sorprendió a los observadores políticos de la época que el decreto respectivo no haya sido rubricado por el gobernador Ricardo Durand, quien asistió al sepelio del extinto.
Los restos de Patrón Costas, arribaron a Salta al otro día de su fallecimiento, en un avión del Ministerio de Salud Pública de la Nación, cedido por su titular Arturo Oñativia. En nuestra ciudad la capilla ardiente se instaló en Leguizamón al 600 y el día 26 sus restos fueron inhumados en el panteón de la familia, en el cementerio de la Santa Cruz.
El sepelio
Al respecto, el cronista de El Tribuno describió así la ceremonia: "A las 16 partió el cortejo fúnebre de Leguizamón 669. Tres coches tirados por caballos portaban flores. Una larga caravana de automóviles y centenares de personas que aguardaban frente al cementerio decían de la repercusión que produjo el fallecimiento del doctor Robustiano Patrón Costas. A las 16.20 la Banda de la Policía recibió al exmandatario con los acordes de la marcha fúnebre, mientras la Escuela de Policía y el Cuerpo de Infantería rendían honores.
El ataúd fue colocado en el peristilo del cementerio, donde se inició la serie de discursos.
Hablaron Ernesto M. Aráoz; Francisco Uriburu Michel; Carlos María Cornejo Costa; Mario Mora, por la Asociación Mutual de Trabajadores del Ingenio Tabacal; Abel Mónico Saravia; Ricardo Usandivaras; Roberto García Pinto y el padre Higinio Vecchi, por el Arzobispado y la Universidad Católica de Salta.
La emotiva despedida finalizó casi dos horas después, y a ella asistieron dirigentes de todos los partidos políticos de Salta, incluso radicales y peronistas, que no hablaron en la ocasión.

La vocación política de un genuino hombre de em­presa
Fue abogado, político y empresario. En dos años levantó en la selva una planta industrial. Por su parte, diario El Tribuno publicó al día siguiente de la muerte de Patrón Costas una breve biografía del extinto. Había nacido en Salta en 1878 y era hijo de Robustiano Patrón Escobar y de Justa Francisca Costas Figueroa Güemes.
A los 22 años se graduó de abogado en la Facultad de Derecho de Buenos Aires y a poco fue ministro de Hacienda del gobernador Angel Zerda.
Simultáneamente se inició como hombre de empresa al tomar a cargo la curtiembre fundada por su padre. Por la tecnología que introdujo a la vieja planta, el producto conocido hasta entonces en el mercado mundial como "suela de Londres" comenzó a conocerse con el nombre del lugar de origen, es decir de Salta.
Pero pese a las múltiples actividades privadas, Patrón Costas, convocado por su vocación política, se puso al frente de un nuevo partido conservador salteño: la Unión Provincial. Reapareció entonces a los 32 años como ministro de Gobierno de Avelino Figueroa, a quien luego sucedió como gobernador entre 1913 y 1916, aunque un año antes (1915) la Legislatura local lo eligió senador nacional. Integrado al Honorable Senado Nacional, le tocó ser parte de la bancada opositora del flamante presidente Hipólito Yrigoyen. "Esta circunstancia puso de relieve -dice la crónica- su clara posición política, integrando hasta el final de su mandato legislativo la Comisión de Hacienda y Presupuesto .
En los años 30 presidió el partido Demócrata Nacional y la Concordancia, alianza integrada por los partidos conservadores, radical antipersonalista y socialista independiente.
Su carrera política culminó cuando pretendía suceder al presidente de la Nación, Ramón Castillo. Su candidatura era auspiciada por sectores de la intelectualidad, de la economía, de la docencia y de las fuerzas vivas del país, antes de ser proclamado por su partido.
La proclamación de su candidatura a presidente debía realizarse en la convención convocada para el 4 de junio de 1943; pero ese día estalló un golpe de estado encabezado por el ministro de Guerra, general Pedro Pablo Ramírez, quien derrocó al presidente Castillo y desbarató la candidatura de Patrón Costas, quien se alejó definitivamente de la militancia activa.
El ingenio azucarero
La obra del ingenio San Martín del Tabacal comenzó en 1918 y, pese a los contratiempos y dificultades propias de la época y de la selva oranense, la planta realizó su primera zafra en 1920. Los trabajos estuvieron bajo la personal dirección de Robustiano Patrón Costas. Y al momento de su muerte el ingenio ocupaba el octavo lugar en el mundo.
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“¡Che Armando, se han robado el muerto!”
En el seno del peronismo salteño, Patrón Costas tuvo varios amigos. La muerte de Robustiano Patrón Costas generó opiniones encontradas en el seno del peronismo local. Un grupo de dirigentes sostenía que se debía asistir a las exequias, pues “lo cortés no quita lo valiente”. Otro grupo, no menos importante, rechazó la idea hasta que primó un acuerdo: todos quedaban en libertad de acción, pero nadie podía alegar representación alguna del peronismo. El día del sepelio muchos peronistas acudieron por la tarde al Bar Los Tribunales, a una cuadra de la capilla ardiente. Desde allí podían observar detalles del velatorio y la solemne partida del cortejo fúnebre.
Cuando finalizó la ceremonia del cementerio los peronistas que habían asistido regresaron presurosos al Bar Los Tribunales para contar detalles.
Fue entonces que arribó don Amadeo Sirolli, hombre de criterio amplio, que al acercarse a la mesa del doctor Armando Caro le espetó: “¡Armando, se han robado el muerto!”. Don Amadeo quería significar que los únicos que habían podido despedir al difunto eran los de la Unión Provincial.
Desde entonces la frase de Sirolli se hizo famosa en el ámbito del peronismo local.

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