Catalogar como fracaso rotundo el presente institucional que hoy vive el Centro Juventud Antoniana, por la suspensión de las elecciones del jueves pasado y que privó que la asamblea se pueda desarrollar bajo las normativas estatutarias correspondiente, produjo un agrietamiento muy pronunciado que generó mucha preocupación y un golpe muy bajo a un club con más de 100 años de historia.
En este contexto en el que la lista del oficialismo se vio involucrada con la confección del padrón de socios, con la intervención de Personas Jurídicas, anulando a 441 socios del derecho a participar en el acto eleccionario porque no cumplen con el requisito de la antigüedad, que fue denunciado por el grupo de los socios protectores que llevan como candidato a presidente a Juan Barbarán, ahora entró a tallar cuáles son los pasos a seguir en diferentes órdenes internos en el club antoniano.
Eso si los que integran la Junta Electoral, encargada de revisar los padrones, están preparando la revocatoria e intentar la normalización con un nuevo llamado a elecciones.
Pero es sabido que Juventud vive del fútbol y en este plano, qué puede llegar a pasar con el DT Salvador Ragusa, de ahora en más y el resto del plantel (cuyos referentes), quienes a viva voz en plena campaña electoral respondieron y respaldaron plenamente la continuidad de Pepe Muratore como presidente. Lo cierto es que desde los mismos colaboradores directos de Muratore hicieron saber que Ragusa dio su palabra de que solo se quedaría si el presidente sigue en funciones.
Pero una vez que ya se hizo la convocatoria a una asamblea, la actual dirigencia considera también que el mandado ya está vencido. Entonces, ¿con qué fuerza Pepe Muratore también puede llegar a encarar el trabajo para ser reelegido nuevamente presidente?
No hay certeza firme de que alguien lo pueda suplantar a Muratore para ponerse a la cabeza del grupo y salir a hacer frente para pelear la presidencia. Los mismos allegados a Pepe Muratore, por su salud, también no quieren que continué al frente de la entidad.
Y aquí está el quid de la cuestión, Juventud se encuentra sin saber qué rumbo tomar. Con la intervención cada vez más cerca de llegar a gobernar nuevamente al club de la Lerma, como ocurrió antes del arribo de Muratore.
En fin, caló muy fuerte ese divisionismo entre los propios antonianos. Mucho de ellos no toman carta en el asunto y eluden la tarea de unir fuerzas.
Para los que acompañaron a Muratore durante su gestión fueron muy claros que en todo este menjunje el poder político participó en forma incondicional y vaya a saber por qué.
Es decir, Juventud Antoniana atraviesa un momento delicado con un futuro incierto y está lejos de volver a acomodar las cargas.

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