Si el Gobierno sabía de antemano que iba a asumir el costo financiero de la operación para no perjudicar a las provincias, por qué esperó hasta último momento para anunciarlo. De haberlo realizado antes, seguramente se hubiese evitado el mal trago con la CGT (los dirigentes se quejaron porque no lo hicieron participar desde un principio) y además cedió la pelota a los gobernadores, que se están encolumnado cada vez más detrás de la "liga de los doce".
Un simbólico nombre que agrupa, en la misma medida, ansiedad y necesidad para negociar desde un propio espacio.
Hábiles y experimentados en la tarea de distracción, (ayer se sumó sorpresivamente Alberto Rodríguez Saá) antes de la reunión mantenida en un hotel céntrico, fortalecieron su mensaje diciendo que ellos llegaban hasta donde se especificaba en el presupuesto. Se comprobó después.
Allí se expresa claramente que los distritos provinciales cederían $13.500 millones en lo que respecta al costo fiscal que implicaría el impuesto a la ganancia. Los estados subnacionales resignarían la mitad de los $27.000 millones de costo que la administración de Mauricio Macri estaba dispuesta a convalidar en la ley de Presupuesto 2017.
Roxana Bertone, gobernadora de Tierra del Fuego, resumió la intención de los mandatarios: "Vemos auspicioso lo que se ha trabajado con la CGT. Vemos que se ha encontrado un punto de equilibrio. Soy peronista, defiendo a los trabajadores, pero tampoco quiero que se desfinancie a mi estado".
La otra cara de esta situación la vive Santa Cruz, una provincia paralizada por la falta de dinero. Con los números en rojo, la cuñada de Cristina Kirchner responsabilizó al ministro Rogelio Frigerio por el retraso en el pago de sueldos. "Espero que me vuelva a atender el teléfono, porque dijo que iba a llamarme y no me ha hablado aún", replicó en un comunicado de prensa. La Casa Rosada reiteró que fue una de las provincias que más asistencia recibió este año.

Una mesa amigable

En el encuentro con mandatarios participaron los ministros de Trabajo, Jorge Triaca; de Hacienda, Prat Gay; el coordinador del Gabinete Económico, Mario Quintana y el titular de la AFIP, Alberto Abad.
Los gobernadores Carlos Verna (La Pampa), Gildo Insfran (Formosa) y Juan Manuel Urtubey (Salta) fueron los mandatarios que no estuvieron en el encuentro que convocó el Gobierno para consensuar una reforma del impuesto a las ganancias, luego del acuerdo al que llegaron el oficialismo y las autoridades de la CGT.
Urtubey (que tampoco participó en la mañana de la mesa chica de los mandatarios), avisó y envió a su vicegobernador, Miguel Ángel Isa, en tanto que Verna notificó que no iba a poder acudir. Insfran, en cambio, nunca dio aviso a los funcionarios del Ejecutivo.
Luego de la reunión con los gobernadores, el Gobierno a través de Rogelio Frigerio y el reaparecido Alfonso Prat Gay, salieron a decir en conjunto que la Nación pagaría los "platos rotos" de la desgastante operación.
Frigerio, que está en todas partes, ayer después de la reunión se fue directo al Senado para avanzar en el tema y agregó que "el diferencial entre el nuevo proyecto y el presupuesto nacional, en la parte que les corresponde a las provincias, será cubierto con una parte de los (Aportes del Tesoro Nacional) ATN que se financian con el propio tributo".
En esa línea, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, añadió que las modificaciones acordadas con distintos sectores sobre el Impuesto a las Ganancias implicaron un "punto intermedio" entre los distintos proyectos, y admitió que la mejora para los trabajadores no será mayor porque "la frazada es corta".
Analizando que todos buscaron el consenso fortaleciendo el diálogo, muy pocos entienden la jugada del Gobierno porque ganaron los gobernadores, se fortaleció la CGT y encima con la plata de la Nación. Tal como querían los goberna dores.

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