Las perspectivas de Salta  luego del 22 de octubre

Los resultados de una elección suelen generar equívocos. El temple y la experiencia son esenciales en los éxitos y en los fracasos.

La derrota de Unidad y Renovación (el segundo lugar de Zottos, con un retroceso vertiginoso con respecto a las PASO) sorprendió a muchos, pero probablemente entraba en las previsiones de Juan Manuel Urtubey. En la entrevista con El Tribuno, éste se había mostrado cauto en cuanto a las posibilidades de que se repitiera el resultado de agosto. El oficialismo contaba con un retroceso de seis puntos, pero fueron catorce. Por momentos, durante el escrutinio, pareció que resultaría tercero, detrás de Sergio Leavy.

Más dura, por inesperada, fue la derrota en Salta capital. Nadie imaginaba que Guillermo Durand Cornejo daría vuelta el resultado de las PASO y devolvería a Adrián Valenzuela a su rol de periodista. Tampoco era razonable suponer que Manuel Godoy con su antimacrismo setentista iba a sacar menos votos que en agosto y que mantendría la banca casi por milagro.

¿Falló la ingeniería? ¿O fue la crisis del peronismo?

Los votos de Bernardo Biella no fueron a Valenzuela; a pesar del rito de la entrega de los proyectos, sus votantes parecen haber preferido a Durand Cornejo. Ni Biella ni Valenzuela son peronistas. Habría que verificarlo, pero todo indica que muchos votantes de Sonia Escudero prefirieron a Leavy.

Como sea, quienes ganaron en la capital y en la provincia son los que se encolumnaron con Mauricio Macri.

Las reacciones

Juan Manuel Urtubey ya tiene años de fogueo y se supone que tendrá temple como para estudiar sus próximos pasos. En primer lugar, le quedan dos años de gobierno por delante y deberá mantener el timón en sus manos. Si bien afirma que no tiene sucesor, deberá evitar descalabros.

De las derrotas se puede volver si se actúa con sabiduría.

Además, el gobernador salteño no solo se propone llegar a la presidencia. Él se convirtió en interlocutor del presidente Mauricio Macri y de su gobierno porque intuyó -y lo dijo- que el ciclo kirchnerista había concluido. El discurso de la expresidenta, anoche, parece haberle dado la razón. Mientras que Urtubey admitió el traspié antes de que se conociera el escrutinio, Cristina Fernández no pareció percibir la magnitud de su derrota. Ni siquiera supo hablar con grandeza hacia quienes gobernó durante ocho años. Su discurso tuvo resonancias de ultratumba.

Urtubey, como muchos peronistas, cree que es el momento de construir un "bipartidismo" que otorgue previsibilidad al sistema.

A su vez, Gustavo Sáenz corre el riesgo de creer haber ganado más de lo que ganó. Nadie triunfa antes de empezar el partido.

Lo que está en juego es más que una elección. Sáenz y Urtubey piensan que el justicialismo está en "terapia intensiva". El resultado de ayer ratificó el diagnóstico.

Para Sáenz, 2019 es una fecha tentadora. Cree que es su gran posibilidad de ser gobernador, de la mano de Macri. Para Urtubey, esa fecha y 2023 eran las dos oportunidades para pelear la presidencia de la Nación. Sus pretensiones de liderar al peronismo sufrieron un golpe, pero los únicos sobrevivientes del PJ no tienen quilates como para reclamar el liderazgo. Insfrán, Manzur y Verna rezuman olor a naftalina; Uñac, Bertone y Corpacci no parecen estar todavía en esa carrera. Pero Macri sigue necesitando interlocutores, porque el peronismo está herido, pero no muerto. En ese punto, Urtubey ya se había anotado y, a pesar de todo, sigue siendo gobernador.

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