El triunfo de Cambiemos llegó a Salta y replantea el escenario

Las elecciones causaron una sorpresa y produjeron en Salta un cambio en la relación de fuerzas con respecto a los resultados de las PASO. Martín Grande (Cambiemos País), con el 31% de los votos; Andrés Zottos (Unidad y Renovación), con el 24% y Sergio Leavy (Frente Ciudadano para la Victoria) con el 22,53% son los nuevos diputados nacionales. Para que esto ocurriera, el urtubeicismo perdió cerca de cien mil votos con respecto a las elecciones de agosto, mientras que Cambiemos creció más de trece puntos y el kirchnerismo sumó casi 40 mil sufragios.

El nuevo escenario

En las elecciones legislativas de ayer, Cambiemos obtuvo una victoria nacional de magnitud superior a lo esperado.

Por su contundencia, el resultado evidencia que la política del siglo XXI adquiere un nuevo perfil, y que esto ocurre porque la ciudadanía se maneja con otras demandas, otros criterios y otros valores.

El macrismo lo detectó antes que los demás y por eso, a pesar de las feroces críticas de la oposición y del exasperante "gradualismo", en el que aún cuesta descubrir "brotes verdes", consolidó notablemente su posición en ambas cámaras del Congreso y, además, equiparó, con el 42% de los votos en el país a la suma del kirchnerismo (21,5%), del massismo (6,5%) y del resto del peronismo (14%).

El triunfo de la coalición del PRO y los radicales rediseña así el mapa parlamentario y político. Al haber ganado en 14 provincias, incluidas ahora Buenos Aires, Salta, Chaco y Santa Fe, Cambiemos tienen la posibilidad de negociar desde una mejor posición con los gobernadores leyes cruciales como la reforma tributaria, la reforma laboral, la reforma previsional y la coparticipación.

Cambiemos tiene a partir de diciembre 107 diputados, apenas 22 menos de los que requiere el quórum propio. Y en el Senado, llega a 24 bancas, un tercio del total.

Tanto Mauricio Macri como María Eugenia Vidal prometieron anoche, en medio de la euforia, estrategias de concordia, conciliación y diálogo.

El resultado obliga al justicialismo a repensar su estrategia y a revisar, incluso, la valoración que sus cuadros y dirigentes hacen de sí mismos.

La derrota de ayer ratifica lo ocurrido hace cuatro años, cuando Cristina Fernández no logró la mayoría que necesitaba para reformar la Constitución y eternizarse en el poder, cuando el kirchnerismo no pudo proponer un sucesor genuino, y luego, hace dos, no logró entronizar a su sucesor: obligada a recurrir a Daniel Scioli, se sumergió en la debacle.

Ayer no solo perdió Cristina, sino que también sufrieron un fuerte retroceso figuras centrales como Daniel Filmus, Agustín Rossi, Jorge Capitanich y Alicia Kirchner, vapuleados en sus distritos.

En Salta

El triunfo macrista en Salta fue arrasador y mostró no solo el desgaste de una larga gestión de Juan Manuel Urtubey, anticipado en la fractura del Frente par la Victoria, sino también la onda expansiva del macrismo, impensada hace pocos meses, que se hizo sentir en las candidaturas a diputados nacionales y en el departamento de la Capital, donde Guillermo Durand Cornejo, Bettina Romero y Matías Cánepa duplicaron sus votos y privaron al justicialismo de una victoria que en las PASO consideraban inevitable.

La bajísima performance de figuras eternas como Manuel Godoy y Pedro Sandez fueron un signo de la urgencia de esos replanteos.

El oficialismo provincial esperaba una elección pareja entre Zottos y Grande, ya que admitía un retroceso de su candidato y vislumbraba un avance del macrismo.

La clave estuvo en el departamento capital, donde el intendente Gustavo Sáenz se erigió en interlocutor privilegiado, conformó la alianza con el macrismo y logró revertir los resultados desalentadores de las PASO, especialmente en la categoría de senadores provinciales. En este distrito, el mayor de la provincia, Cambiemos creció en los 80 días que pasaron desde las PASO de 93 mil a 124.500 votos; Frente Ciudadano, de 30 mil a 48.800 votos, mientras que Unidad y Renovación retrocedió de 91.000 a 52.200 votos.

Una elección nacionalizada

En una provincia de fuerte tradición peronista, la confrontación para diputados nacionales resultó todos un síntoma.

De los siete postulantes, solo Leavy se mostró como una oferta de ese signo, aunque plenamente identificado con el kirchnerismo. Por una parte, la fidelidad a Cristina Fernández le reportó credibilidad y lo ubicó en un espacio provincial que antes no tenía. En su reducto, San Martín volvió a su hegemonía: logró el 49,63% de los votos sobre el 23,35% de su rival comarcano, Andrés Zottos, y el 12,62 de Cambiemos.

Sin embargo, cargó con el declive de la expresidenta y con el hecho de que el kirchnerismo, en su último tramo, se convirtió en un factor de conflicto en el seno del peronismo.

Zottos intentó, sin éxito, mostrarse como justicialista. Luego de 25 años de trayectoria renovadora, la metamorfosis fue poco convincente.

De los que quedaron afuera, Carlos Raúl Zapata, con el 10% de los votos, conservó parcialmente la presencia del controversial Salta Somos Todos.

Pablo López obtuvo menos del 8% de los votos y evidenció el declive del Partido Obrero, que hace cuatro años había teñido de rojo la política salteña. El Frente Popular de Liberación con la candidatura de Edmundo Falú encarnó la añoranza del peronismo setentista, y logró apenas el 2,51% mientras que la inquieta Cecilia Gómez del Movimiento Socialista de los Trabajadores alcanzó el 2,39%.

Cambiemos

Más allá de los reacomodamientos legislativos, las elecciones imponen un nuevo escenario, que a su vez requiere nuevas metodologías y nuevos criterios. Los triunfos de Cambiemos en Salta y en el país tienen un fuerte acento urbano. También es de destacar que su triunfo abarca la región central del país, donde la reactivación rural repercutió en el campo, pero también en la ciudad.

Por ahora, el éxito de Cambiemos radica en promesas. Las urnas indicaron que son promesas bien formuladas

Maldonado, un punto de inflexión

La muerte de Santiago Maldonado en una refriega en Chubut entre la organización mapuche y la Gendarmería se introdujo en la campaña electoral apenas concluidas las PASO, y conmovió al país. A Salta, no tanto. El kirchnerismo intentó utilizar el caso como una prueba de que Cambiemos es la reencarnación de la dictadura. De repente, ante una desaparición sin testigos, el mundo político intentó colocar al Gobierno y a la Gendarmería en una situación de “inversión de la prueba”. La aparición del cadáver cinco días antes de las elecciones y el dictamen de la autopsia, en la madrugada del sábado, esfumaron el mito. Como antes se habían desvanecido las amenazas de catástrofe.

Es aventurado decir si el caso alteró la elección. Podría conjeturarse que la ciudadanía no quiere que la política siga lucrando con la vida y la muerte; también, que la tragedia de los años setenta pertenece a la historia, y que el uso y abuso del argumento que hizo el kirchnerismo la agotó como recurso. La resolución judicial es lo que la gente espera. Los juicios su marios ya no van.

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