Un multitudinario encuentro de fe en el cerro de la Virgen

Este fin de semana se realiza en la ciudad de Salta el V Encuentro Mundial de Jóvenes "Santa Teresa de Jesús", que congrega a unas 60 mil personas de diferentes localidades de Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia en el cerro de la Virgen.

El evento, que se hace cada dos años, en 2015 reunió a más de 30 mil personas y forma parte del fenómeno de fe que se vive en relación con la Virgen del Cerro en Salta.

Las actividades comenzaron el viernes, desde las 19, cuando alrededor de 15 mil jóvenes se juntaron a rezar y cantar durante una vigilia en el cerro, ubicado al norte de la ciudad, hasta pasada la medianoche.

Hoy, de 10 a 12, finalizará el encuentro en el microestadio Delmi, que, calculan, estará repleto. María Livia Galliano de Obeid, la mujer que desde 1990 asegura ver a la Virgen María y comunicarse con ella, dará una conferencia y responderá las preguntas de los jóvenes, los protagonistas de este encuentro.

Hacia lo alto

Ayer, a partir de las 8, el cerro de la Virgen, que para muchos es sagrado, comenzó a poblarse mucho más que cualquier sábado. Alrededor de 30 mil personas se reúnen en este lugar cada semana tras recorrer muchísimos kilómetros, motorizadas por su fe, para encontrar consuelo y paz.

Desde temprano, en el acceso al santuario había estacionadas varias decenas de ómnibus de doble piso. Sobre la ladera del cerro, miles de personas -entre jóvenes, adultos, ancianos y niños- hacían fila para subir a la cima, tanto a pie, por el sendero, como en colectivo, por el camino asfaltado. Quienes tenían dificultades de movilidad subían en camionetas.

Muchísimos voluntarios ayudaban con la organización, acompañando y orientando a los fieles que llegaban hasta el santuario, algunos de ellos descalzos.

En el predio donde se encuentra la capilla de la Virgen del Cerro trabajan alrededor de 650 "servidores", como se denominan ellos, que cada sábado, desde 2001, ayudan voluntaria y gratuitamente en las jornadas de oración.

Arriba, los peregrinos tenían acceso a agua, baños, cambiador de bebés y asistencia médica.

Un espacio de oración

Mientras el sol ascendía, la multitud se acomodaba en asientos de piedra o en sillas blancas, destinadas a las personas enfermas o con movilidad reducida.

Otros hacían fila para ingresar a la capilla de piedra, de unos tres metros de ancho por seis de largo, en cuyo altar está la imagen de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, conocida como Virgen del Cerro.

Cuando ingresaban a este lugar, fresco y tranquilo, los peregrinos se emocionaban. Unos oraban, tocaban la imagen de la Virgen María y agradecían.

Otros, entre sollozos, pedían calma a su dolor. Afuera, en un buzón, colocaban cartas y fotografías, que alojaban los deseos de que mejorara alguna situación o, simplemente, de encontrar algo de paz en medio de los problemas.

Un canto armonioso de voces, acompañadas por guitarras acústicas, acompasaba la oración de los feligreses. El ambiente era pura calma. Un oasis en medio de la agitada realidad cotidiana.

Momento de perdón

Los árboles del santuario, que viven ahí desde hace muchos años, poco a poco han ido coloreándose con los miles de rosarios que cuelga la gente con devoción. Quizá los ejemplares comienzan a sentir sobre sus ramas el peso de tantas plegarias acumuladas.

Abajo, un poco más alejado, un grupo grande de personas esperaba en silencio su turno para confesarse con los sacerdotes llegados de muchas ciudades.

Al parecer, los curas que trabajan en la Arquidiócesis de Salta no suelen atender a los peregrinos en este lugar.

Antes del mediodía la gente empezó a cubrirse del sol para rezar el rosario en comunidad. Cada uno iba preparando su corazón para la tarde, cuando María Livia hizo la oración de intercesión, en la que toca el hombro de los fieles que lo desean.

 

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