Mabel Bianco: “Como Estado no se puede omitir o negar la información sobre educación sexual”

Presidenta y fundadora de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), Mabel Bianco es médica, máster en Salud Pública y especialista en Epidemiología. Desde la década del 70 trabaja en género y salud, realizó estudios epidemiológicos sobre cáncer de mama, útero y morbi-mortalidad materna en la Escuela de Salud Pública de la UBA y el Centro de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina, en cuya creación participó a comienzos de los 80 y luego integró como jefa de Investigaciones.
Días atrás visitó Salta, como parte de las actividades organizadas para conmemorar el Día Mundial de la No Violencia Contra la Mujer y disertó sobre el “amor romántico”. 

¿Qué es el amor romántico?
Las mujeres nos socializamos, así como los varones, en una cultura. Mientras el hombre está educado para ser el fuerte, el que tiene que aportar a la casa -cuando ahora sabemos que no es el único y a veces ni el que más aporta-. Además, tiene que ser el que protege, mientras que las mujeres estamos educadas para ser obedientes, ser buenas chicas, estar siempre pensando en los otros más que en nosotras. Desde el “me arreglo para los otros, que también son las otras, hago, no hago, siempre pospongo mis intereses y mis prioridades a las del otro o la otra. Eso nos hace estar educadas para la dependencia. Todos somos educados para el amor: hombres y mujeres. Pero las mujeres están orientadas hacia el romanticismo, que nos hace pensar que cuando encontramos al que creemos que será el amor de nuestra vida, será para siempre, nos debemos a él, tenemos que pensar siempre en el otro, no ponemos límites, nos entregamos más. El hombre tiene algunos elementos que lo hacen distinto. Primero que su prioridad no es el hogar, ni la pareja; es el trabajo y su desarrollo. En segundo lugar está eso de que tiene que sobresalir, porque es el que trae el dinero a la casa y, por último, no tienen que demostrar su debilidad. No tienen que llorar, no tienen que expresar amor, no tienen que participar demasiado en el cuidado de los chicos ni hacer tareas del hogar, porque eso atenta contra su rol de masculinidad. Y en cuanto a la fidelidad, el hombre tiene el permiso de tener impulsos eróticos, porque si los reprime se puede volver loco. Eso todavía existe en el imaginario social femenino y de la sociedad. Esto sumado a que el hombre marca su masculinidad en su potencia fértil, motivo por el que en muchos casos no quieren que sus parejas usen métodos anticonceptivos: porque las mujeres no quedan embarazas y porque es una forma de asegurarse de que no van a tener parejas por fuera del vínculo. 

Esto queda claro al ver las estadísticas de las mujeres que se hacen ligaduras de trompas y los hombres que se hacen una vasectomía...
La idea que tienen es que van a perder capacidad sexual, que van a cambiar la voz, que van a perder espermatozoides, que van a dejar de producirlos, y eso no es real. Esto se dice así y sigue siendo un motivo.

Parecería que en la primera parte de la juventud hay una cierta liberación para caer luego en los modelos culturales tradicionales...
Esos son justamente los mandatos sociales que tenemos las mujeres y los hombres. El mandato social del hombre es que debe mantener a la familia y el de la mujer que debe ser madre, a cualquier costo. Estos son mandatos que nos determinan y dan una diferencia de poder que tienen que ver con una menor autoestima en las mujeres y una mayor dependencia, facilitando la violencia. El hombre tiene derechos a decidir sobre cualquier situación y si la mujer no obedece puede pegarle o castigar aunque no sea con un golpe. Nos puede castigar el papá, el hermano, el novio, el marido. 

¿Qué acciones debemos tomar para cambiar estas conductas culturales y sociales?
Tenemos que desnaturalizar la violencia. Para hacer esto hay que hacer campañas informales a través de los medios de comunicación, pero después viene la educación formal y para eso tenemos una herramienta que es la educación sexual. Esto es lo que no tenemos en el país ni en la provincia. No es la única provincia pero es una en las que tenemos problemas importantes. La educación sexual se sigue orientando hacia la genitalidad y eso no tiene nada que ver. Tiene que ver con esto de ser mujer, ser varón, cómo nos vemos, cómo nos imaginamos y cómo nos acostumbramos a valorarnos como mujeres o como hombres o como otras identidades sexuales. Esto es algo que lamentablemente la escuela debería hacer, la escuela no lo hace y la familia no lo puede hacer en muchos casos porque no tiene elementos. Los padres piden ayuda porque no saben cómo hacerlo. Y si no lo hacen la escuela ni los padres lo hacen los pares. Lo hace internet. Un chico dice “leí esto” y bueno, “más o menos le cuento a mi amigo, a mi hermano”, pero con errores conceptuales importantes. En cuanto al aprendizaje por internet, el problema más serio que tenemos es que en la red se encuentran personas mal intencionadas, que fingen edad, situaciones. Estas personas captan chicas y chicos que corren peligros. Hay que entender que nuestros adolescentes tienen relaciones sexuales muy prematuramente y no están formados para eso. Y no por el simple tema de que no tengan bebés, sino que no conocen el placer, entendiendo que el placer no es meramente una penetración.

Salta mantiene un fuerte enfrentamiento entre la educación religiosa en las escuelas públicas y la educación sexual que no se dicta. 

Creo que todas las religiones, por principio, tienen algunos aspectos de la sexualidad y de la reproducción que son muy especiales. Creo que ellos deben transmitir estas formaciones a sus comunidades y me parece perfecto porque eso es libertad. Pero no pueden obligar a que toda la gente carezca de información porque no tiene que ver con la religión. Además, hay que hablar, por ejemplo, de la prevención del VIH. Y por ahora esto se logra con el preservativo. No hay otra. Como Estado no podemos negar el acceso a la información. Lo que tiene que hacer la religión es educar a su feligresía con los principios por los cuales no debe aplicar el uso del preservativo en función de su creencia, pero no podemos -bajo ningún concepto- no dar información. Porque no dar información u omitir es castigar a la gente y volcarla a la infección, a la enfermedad. Fui la responsable del programa de Sida en este país por dos años. Hicimos la campaña “La confianza no alcanza”. Esto significada que en la pareja esto no alcanza, porque ¿qué nos pasó antes? 

Salta tuvo el caso de una niña indígena víctima de abuso a la que se le negó un aborto...
Hay que entender que el aborto es el final de un proceso. Primero debe estar la información para poder decidir. Los chicos no saben cómo cuidarse. Están bombardeados para tener relaciones sexuales, pero nadie les explica cómo cuidarse. Muchas veces cuando consultan a un servicio de salud, les niegan la información y tenemos una oportunidad perdida. Llega el final. Nadie quiere el aborto pero cuando la gente llega a una situación como esta, a veces lo elige. No es que uno se embarazó porque es un placer abortar, pero, en estos casos, la madre y la niña quieren que esto no suceda porque se hipoteca la vida de esta niña, su salud, la posibilidad de seguir estudiando, cómo se inserta en la sociedad. Muchas veces estos chicos nacen con problemas de salud. No hay que decir: “Estoy en contra del aborto”. Hay que decir: “No estoy a favor del aborto pero no sé que haría en esa circunstancia y no le puedo negar a quién lo está, la posibilidad. Me parece que ahí llegamos al termino de permitirlo en los casos que la gente lo elige. 

 

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