La urgencia de la  previsibilidad

El Consenso Fiscal no es un capricho de coyuntura: es una urgencia dramática.

El gasto consolidado del país (Nación, provincias y municipios) es de $134 mil por segundo. Y la recaudación global es de $ 109 mil por segundo. El déficit es, entonces, de $25 mil por segundo.

Un espiral que arrasa a todos, pero castiga a los más vulnerables.

El Gobierno provincial defiende el acuerdo con el acento en dos cuestiones que se consideran sensibles para generar previsibilidad y estimular la inversión. Una es la "eliminación de las contingencias entre Nación y provincias", por la cual se desisten 56 juicios por alrededor de 650 mil millones de pesos. Esa ligitiosidad, consideran los protagonistas, solo genera inseguridad y el resultado es absolutamente incierto.

La otra prioridad es terminar con la anarquía tributaria para evitar sobreimposiciones y "aduanas internas".

En este caso, Salta, que es la provincia con menor presión fiscal del país, gana y pierde, y se estima que el resultado será empate.

Pero se trata de proyectos concebidos por un gobierno. La Legislatura deberá analizarlos con lupa (lupa técnica, se entiende) y aplicar el privilegio que les da su función para analizar y decidir pensando en el bien de la comunidad. Un político debe pensar "para" la gente, "en" la gente y "desde" la gente, pero su compromiso es el de no pensar necesariamente "como la gente". Porque la gente se puede equivocar.

Si el pacto federal tiene éxito y termina generando empleo genuino, los usuarios del transporte público recibirán un beneficio superior a un boleto barato.

Si todo queda en un ajuste, seguiremos barranca abajo en materia de calidad de vida, de empleo y de educación. El país no anda bien desde hace mucho y la política no logra, hasta ahora, dar respuestas.

El acuerdo fiscal es un consenso cuyos resultados dependen de la convicción de todos los protagonistas, basados en datos de la realidad y no en retóricas ideológicas u oportunistas. Esa convicción solo puede provenir de un análisis serio de cada uno.

Nuestra Legislatura deberá revisar su estilo. El presidente de la Cámara de Diputados fue reelegido en alianza con el kirchnerismo y dijo que su límite es el macrismo, pero el problema no es Mauricio Macri sino el 50% de pobreza y la catástrofe laboral que aflige a la provincia. Esa decadencia coincide con los años que lleva Manuel Godoy al frente de Diputados. Ni él ni la Legislatura son ajenos al fenómeno.

Las fórmulas aplicadas hasta ahora, con inflación, facilismo y deterioro jurídico, fracasaron. Y no hay margen para más fracasos.

 

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Sección Editorial

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