Llega el quinto tomo de Duende Amigo

El arte de narrar, de contar historias verídicas o ficcionales, se remonta al génesis del hombre y todo el histrionismo de los abuelos que narraban cuentos se agita en los relatos del Duende Amigo. Fabio Pérez Paz está ultimando detalles del quinto volumen de la saga, que saldrá a la venta a principios de mayo. “Duende Amigo 5...rtes” viene a demostrar, como sus antecesores, que motivar la experiencia de la lectura poco tiene que ver con la erudición y nada con la pedantería, sino con el ser capaces de escribir y leer a través de los sentidos asombrados de un niño. 
Él le contó a El Tribuno que emplea un recurso, el del diálogo imaginario, al que emparienta más con el oficio periodístico que con el de escritor. Sus diálogos tienen resonancias de aquellos que mantenía el ciudadano D. Espirideo Tintilay con el Diablito de la torre del Cabildo de Salta, escritos por Ernesto Miguel Aráoz. 
Los relatos de próxima publicación de Fabio se inscriben en tres líneas: los históricos como la bandera de Macha, el Himno Nacional Argentino y las guerras calchaquis, los legendarios como el origen del cardón, el maíz, la yerba mate y el chancho verde y los de misterio como la Umita, la Llorona de Valdivia y el fantasma del Tanoa. La novedad llega con la presentación de dos personajes: Duendezita y Duendechito, los hijos de Duende y Duendecilla, y en el cambio de escenario donde se relatan los cuentos. 
Acerca de la evolución que nota en su escritura Fabio comentó que nunca es del todo consciente de cómo el ejercicio de la redacción va aceitando sus engranajes creativos. “Siempre tratamos de ir describiendo más, leyendo más, conversando más con gente y que todo ese crecimiento se refleje en los temas elegidos y la forma de transmitirlos, aunque siempre con la misma premisa: utilizar un lenguaje más que sencillo y accesible porque la idea es introducir a los chicos a la lectura, pero siempre mejoramos de acuerdo con las observaciones que nos hacen las personas que van leyendo el libro”, señaló. 
Los diálogos intermedios que actúan como eslabones entre una historia y otra dejan entrever el devenir diario en el que interactúan familiares del autor, docentes, escolares y vecinos. Fabio dice tomarse estas licencias porque el de Duende Amigo es un emprendimiento familiar. “El suplemento didáctico lo hace mi señora (Sandra Moya), el control de calidad lo hace mi hija Pilar, que es niña, por lo que veo sus reacciones y escucho sus sugerencias para darles continuidad a los personajes. Además, ambas me acompañan en los viajes y juntos escuchamos los relatos de la gente. Yo figuro y doy la cara, pero es el mismo grupo que siempre trabaja conmigo y eso termina reflejado en el libro”, explicó. Acerca de la nueva locación donde transcurren las acciones, una casona en La Silleta, dijo: “Quería darle un toque mágico a un lugar que tal vez exista un día en la realidad. El que menciono es un espacio que tengo en el campo y donde proyecto recibir un día a los niños y que ya se va plasmando en la ficción. Ahora nos vamos al campo, a un lugar con características mágicas más relacionadas con la tradición”, señaló. En el segundo libro aparecen el Duende de los Sueños y las hadas que lo ayudan a repartir el polvillo mágico que duerme a los niños, por lo que cabe preguntarse si van a ir ingresando en este universo ficcional más elementales de la naturaleza. Fabio no lo puede asegurar ni descartar aún, tal vez por aquello de que la ficción tiene sus propias demandas. “Así como apareció la Duendecilla por relatos de la gente que dice haber visto las ‘duendas’, vamos a tratar de que la gran familia esté relacionada con el mundo de los duendes como esos primos hermanos que ellos tienen a lo largo de la geografía como el Pombero, el Yasy Yateré o el Coquena”, señaló. 
También es palpable el encuentro buscado con los narradores orales de las comunidades del interior, un diferencial del modus operandi de Pérez Paz y que sustancia también “Mitos y leyendas”, el programa de televisión que conduce por Canal 11 los domingos a las 13.30. Ellos anduvieron por Tartagal, Aguaray, Salvador Mazza, Orán, Iruya, Metán, Rosario de Lerma, Rosario de la Frontera, J. V. González, Apolinario Saravia, El Quebrachal, Cachi, Payogasta, El Carro, Campo Quijano y Chicoana, un recorrido que no pasa inadvertido para el lector atento.
“Tengo la suerte de que la gente siempre nos espera con gran entusiasmo y eso da la pauta de que quieren involucrarse con las alternativas culturales que ofrece Salta. Nunca quisimos que Duende Amigo sea solo un producto de librería, sino algo más humanizado: que el chico sepa que puede hablar con un autor, que alguien le va a escuchar sus sugerencias, que le puede entregar un dibujo”, expresó. 
Con “Duende Amigo 5... rtes” se reenciende el fuego sagrado para sentarse en torno de él y recupera autoridad la palabra de los ancianos y de los niños. Así la literatura puede servir para fomentar una actitud vital que lucha contra ese empequeñecimiento de la alta productividad, las obligaciones incesantes y el escaso tiempo que no solo abren brechas entre generaciones, sino que espacian la escucha y los abrazos. Así opera la temporalidad paradójica de la transmisión a través de la lectura. Esa temporalidad continua y discontinua en la que la palabra se conserva y se renueva al mismo tiempo, pero que siempre va creando una red social. “Dicen que los niños no leen, que los integrantes de la familia no hablan y ojalá la búsqueda de las moralejas produzca más diálogo y más encuentros” es el deseo de Fabio. 

Anticipo de Duende Amigo 5

Duendechito y Duendezita, los nuevos y bromistas personajes. 

Ustedes ya conocen el ritual. Cuando transcurre exactamente un año, los duendes vuelven a aparecer. Esta vez había una complicación que me tenía preocupado: yo ya no vivía en la casa de nuestros encuentros de siempre. 
Ahora estaba en La Silleta, una localidad situada entre Salta capital y Campo Quijano. Si bien era una casa de campo, tenía todas las comodidades para mis amiguitos: una higuera, una sala amplia para que contaran sus relatos, bolillas para Duende, flores para Duendecilla, sandías para el Abuelo y otros detalles especiales; pero no sabía si me iban a encontrar. 
Cuando llegó el día, a pocos minutos de la medianoche, até a los perros y subí hasta la torre para tener una mejor vista. A lo lejos, pude divisar las luces de un vehículo que venía hacia mi casa. A medida que se acercaba lo pude reconocer: era el camión de la Abuela de los duendes (el que usa para acopiar sandías). Venía levantando polvareda por los caminos de tierra. Unos metros antes de llegar, los duendes pararon a preguntar algo, pero los pobres vecinos se espantaron cuando los vieron y salieron corriendo. Se acercaron un poco más y, por suerte, estacionaron frente a la casa de mi vecinito lector. El nene los reconoció y se animó a hablarles. Vi que les hacía señas y gritaba: “¡Es allí, en esa casa con torre, con forma de cabildo, ahí está!”. Los duendes subieron al camión y llegaron hasta mi puerta. Tocaron las manos y bajé corriendo con mi familia a recibirlos. Ahí estaban Duende, Duendecilla y Duende Abuelo. Después de unos fuertes abrazos el viejo protestó con ironía: 
-¿No tenía un lugar más lejano para vivir?
-¡No se queje, amigo! No estamos tan apartados de la ciudad. (...)
Fui hasta el vehículo y saludé a la Abuela que estaba al volante. A su lado, en el asiento, había dos duendecillos muy pequeños y hermosos que me miraban tiernamente. Eran un nene y una nena. Sin dudas, aquella pancita de mellizos que tenía Duendecilla en nuestro último encuentro había dado sus frutos. 
-¡Hola! -dijo la duendecita sacándose la timidez inicial. 
-Pero cómo... ¿Ya hablan? ¿Tan chiquitos?
-Y sí -dijo Duende muy seguro-. Nosotros venimos del mundo de la fantasía, donde todo es posible. 
-Es verdad. Tenés razón, los felicito. ¡Son hermosos! A veeeeer ¿ustedes quiénes son, chiquitines?
-¡Yo zoy Duendezita!- me dijo primero la nena. 
-¿Y vos, pequeño?
-Yo, Duendechito... de los hermanos el varonchito- respondió el petisín. 
-¿Quieren bajar?
-¡Zí! -dijo ella. 
-¡Chí! -dijo él. 
-Los va a poder reconocer sin siquiera mirarlos -dijo la Abuela, mientras arrancaba el camión- ella habla todo con zeta y él todo con che. 
 

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