La mitad de los crímenes se cometen con arma blanca

En Salta el arma preferida para matar es el cuchillo o un arma similar. A raíz de la información recabada desde el archivo del diario El Tribuno, cotejada con la de fuentes oficiales como el Ministerio Público Fiscal, el Poder Judicial y la Policía de la Provincia de Salta, en lo que va del año son 72 los crímenes entre los confirmados de manera fehaciente y los que se califican como "dudosos".

Del total de esos hechos de sangre casi el 50 por ciento fue cometido con un arma blanca: un cuchillo, un hacha, una tijera, punta, una pinza o un machete. El dato, aunque llamativo, tiene su lógica: son elementos a los que se accede con facilidad: suelen estar en las casas, no tienen un costo muy elevado y, si la persona tiene habilidades manuales, se fabrican artesanalmente con objetos que también suelen haber en el hogar.

Uno de los últimos episodios de violencia en el que un arma blanca fue el objeto que apagó la luz de alguien fue el 27 de agosto, cuando Ariel Guzmán recibió un puntazo mortal por parte de su concubina luego de haber tomado alcohol en una casa ubicada en el asentamiento Nueva Esperanza, en Pichanal. El cuerpo de la víctima quedó tendido en la vía pública y la joven agresora fue detenida.

La determinación de acabar con la vida del otro con un arma blanca supone, entre otras variables, el hecho de saber que en cualquier cocina se puede hallar un cuchillo, tipo de arma que suele ser mortal. También supone la utilización simple de la misma, a diferencia de un arma de fuego, por ejemplo. Si bien se trata del recurso más cercano al criminal, también se lo piensa desde lo psicológico, ya que al empuñar un arma blanca presume el acercamiento y hasta el contacto entre la víctima y el victimario.

Entre los asesinatos más sangrientos que se cometieron en lo que va del año en Salta hay que remarcar el femicidio de Jimena Beatriz Salas, una mujer de 44 años. Según el Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF), la mujer recibió más de 40 puñaladas -sin especificar el tipo de arma blanca utilizada- en el interior de su casa ubicada en el barrio San Nicolás, en Vaqueros, el viernes 27 de ene ro.

En otro de los violentos femicidios ocurridos en lo que va de este 2017, Betina Ismael Sánchez (26) recibió 11 puntazos por parte de su pareja, Leonardo Sánchez (30), quien minutos más tarde también falleció.

La muerte del cambista en plena city salteña causó gran conmoción: Felipe Torres (57) murió tras recibir más de 10 puñaladas en su oficina de calle España.

En el interior, a las puntas

Dentro de la categoría de crímenes cometidos con armas blancas en Salta en lo que va del año, el interior provincial parecería ser el escenario predilecto para la utilización de una punta a la hora de matar. "En el interior es mucho más utilizado este tipo de elemento, como puede ser cuchillo, pinza, tijera o elemento punzante. El cuchillo es el arma más fácil de ser portada por la persona. Por lo general en este tipo de agresiones graves u homicidios, en capital no suele darse que lleven el arma, mientras que en el interior por cuestiones culturales la persona sí acostumbra a llevar un arma blanca", expresó en diálogo con El Tribuno Olga Cruz Paz, licenciada en Criminología de la Policía de Salta.

De los 34 homicidios cometidos con alguna punta en la provincia, que se desprenden del total de 72 homicidios en Salta hasta fines de agosto de este año, según datos extraídos de las publicaciones de este diario, el 61 por ciento ocurrió en el interior de la provincia.

De los 16 femicidios (mujeres que mueren en manos de hombres por el solo hecho de su condición de mujer) registrados desde enero hasta el momento en Salta, tres fueron cometidos con arma blanca. Son los casos de las mencionadas Salas y Sánchez, y el de Cintia Betina Rodríguez (17) hallada sin vida en Finca Granados, a pocos kilómetros de Aguas Blancas.

En otros dos femicidios los hombres envenenaron a sus víctimas, son los casos de Alejandra Párraga, quien murió junto a su hijo de 2 años Amir, tras beber cianuro, y existen sospechas de que Paola Álvarez también habría sido envenenada.

Mientras que en el barrio Norte Grande, a fines de enero, Carolina Saracho, de 28 años, fue quemada por su pareja.

Ahorcamientos

Un dato no menor entre las diversas cifras que surgen de manera trágica en el análisis y desarrollo de la temática es que los cuatro crímenes por ahorcamiento son femicidios. Tres de los aberrantes hechos ocurrieron en el interior provincial. De las cuatro víctimas, una era menor de edad, se trata de Camila Rodríguez, de 15 años, quien fue hallada muerta en un cañaveral sobre la ruta 50, en Orán, y también tenía signos de haber sido apuñalada.

Uno de los primeros femicidios del año fue el de Élida Santillán, de 35 años, ocurrido en la ciudad de Tartagal. La mujer fue atacada por su pareja, Víctor Arias (46), quien en plena vía pública y después de varios golpes de puño, la tiró al suelo y se lanzó encima de ella, y con ambas manos la asfixió hasta matarla.

De idéntica manera (asfixia mecánica) y con indicios de haber sido ultrajada sexualmente, el 26 de abril encontraron muerta a Gerónima Romero Bautista, de 47 años. La mujer era oriunda de Profesor Salvador Mazza; ese día había salido de su trabajo y cruzó la frontera hacia la localidad boliviana de Yacuiba, donde fue hallada sin vida. Su desaparición fue radicada en la comisaría 40 de Salvador Mazza, en suelo argentino. 

El 27 de mayo Gabriela Marisa Subelza, de 22 años, fue estrangulada con el cordón de una de sus zapatillas, y arrojada en un basural de Villa Lavalle en esta capital, escenario que según diferentes testimonios, funcionaría como “aguantadero”. 

En la causa hay, actualmente, dos detenidos sospechados del horrendo crimen, que dejó a una nena de 5 años sin su madre.

Armas de fuego

A diferencia de un arma blanca, la de fuego casi que no da oportunidades a la víctima de vivir para contarlo. Claro, existieron casos aislados como el del bagayero Gerónimo, en la ciudad de Orán, donde tras recibir varios disparos efectuados por un sicario -más de diez disparos-, el hombre sigue con vida. 

En lo que va del 2017 diez son las personas que perdieron la vida por el disparo de algún proyectil (13,88 por ciento del total de crímenes).

La lista de nombres ultimados con un arma de fuego es la que sigue: Marcos Salazar (18), Facundo Colemani (19), Fernando Moisés Rivera (18), Ramón Reymuth (22), Kevin Maximiliano Aparicio (16), Hernán Cruz, Raúl “Coya” Martínez (27), José Manuel Giménez (23), Ismael “Kako” Barrios (21) y Mario Alfredo Santos (18). 

En varios de los casos el choque entre bandas, incluso con ajustes de cuentas, es la característica más común.

Alcohol y pelea, un cóctel ideal previo a un crimen 

El cuchillo es el arma más utilizada, pero también la más compleja de investigar.

Olga Cruz Paz es licenciada en Criminalística de la Policía de Salta. Al ser consultada por El Tribuno sobre la violencia empleada en un hecho de sangre a través de un arma blanca, la comisario inspector a cargo de Accidentología de esa fuerza expresó: “En el interior culturalmente todavía suelen portar algún tipo de arma blanca, a diferencia de la ciudad, y llevan desde un cuchillo hasta una punta, pinza, tijera o algún objeto con filo cortante. Es un arma que las personas portan fácilmente y acceden a ella en distintos ámbitos como, por ejemplo la cocina”, sostuvo.

El interior provincial es un escenario donde, en caso de utilizar un arma de fuego, “prevalecen las armas largas por la cultura de la caza”, señaló. 

Tanto en el interior como en la capital salteña también intervienen otros factores, como el consumo desmedido de alcohol y de drogas, que contribuyen a desencadenar un hecho violento.

“Hay lesiones graves que a veces terminan en homicidio; son acciones que por lo general se producen en una gresca donde un grupo de personas al comienzo de la reunión está en armonía y con el correr de las horas, bebidas y sustancias de por medio, el clima se va agudizando hasta llegar a los altercados que derivan en lesiones graves”, contó Cruz Paz.

Panorama

“Son pocos los homicidios con arma de fuego, por lo general se utiliza un arma blanca, sobre todo un cuchillo. También con elementos contundentes, ya sea una piedra, un bloque o un palo. Después están los casos en los que una persona ejerce violencia sobre otra aprovechando la contextura física, por ejemplo, un hombre contra una mujer”, apuntó. 

Hace tres años que la División Criminalística de la Policía no interviene en homicidios dolosos, causas que quedaron en manos del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF). 

“Tener el elemento agresor es importante, porque es uno de los principales indicios que serán cotejados, luego de tener la autopsia del cuerpo, con otros elementos para saber cómo fue la mecánica del hecho, entre otras cuestiones”, añadió. 

No siempre el arma blanca es identificada por los investigadores de un crimen, si bien la autopsia del cadáver devela qué tipo de arma terminó con una vida. Cuando el crimen fue perpetrado con un arma de fuego, a través del proyectil, la pólvora, la entrada y/o salida de la bala en el cuerpo y otros indicios se puede determinar qué arma se utilizó. “En cambio con un cuchillo, la contextura de la hoja y todo eso requieren de elementos más precisos para determinar el objeto que causó el daño”, concluyó.

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