El fuego sagrado de informar e interpretar

En pocos días más, la ciudad de Salta será sede del encuentro de periodistas de la SIP, Sociedad Interamericana de Prensa, y El Tribuno, anfitrión de lujo para tan importante evento. Este acontecimiento se constituye en excelente oportunidad para reflexionar sobre este interesante instrumento de comunicación y su rol en la grande Historia de la Humanidad, como quienes ejercen tan noble profesión.

Hemos de computar a la prensa entre los elementos que favorecieron las ideas que cuestionaron a los monarcas absolutos. La edición de folletos, libelos, hebdomadarios y periódicos progresó extraordinariamente durante el siglo XVIII, y aunque muchos de ellos fueron censurados por las autoridades reales, las impresiones fueron introducidas clandestinamente en los diferentes círculos de pensamiento.

Una vasta organización de libreros y comisionistas difundieron los folletos más radicales, a veces ante los ojos de la policía. Así, el siglo XVIII fomentó el auge de los periódicos, aparecidos en la centuria precedente. Los cotidianos vieron la luz en todos los países europeos. Y es que, en toda Europa, se empezaba a reflexionar sobre el negativo desempeño del Absolutismo Monárquico, cuyo antecedente moderno está constituido por las doctrinas de la Compañía de Jesús, expulsada por los reyes de Francia, España y Portugal. Más tarde teóricos ingleses y singularmente franceses, fueron los agudos críticos de las Monarquías de Derecho Divino.

El nacimiento de los medios

Si bien la prensa tiene sus más remotos antecedentes en el Acta Diurna, semanario romano del 59 A. C., las Actas Senatus y Annales maximi, seguidos por las hojas de avisos que se colgaban en sitios públicos en la Europa medieval, es en el siglo XV que, a instancias de la expansión de la imprenta, se inicia en Alemania el Nuremberg Zeitung en 1457. En 1615 vio la luz el Frankfurter Journal y 1622 el Weekly News. También la Gazzeta Publica en 1641 y la Gaceta Semanal en Barcelona de 1661.

Es el siglo XVIII, el que pondrá en la vía pública la prensa de opinión, no sólo dirigida a relatar los sucesos cotidianos, sino aquella que polemiza, plantea y radicaliza la discusión acerca de las reales inequidades en el seno de la sociedad del Antiguo Régimen.

La prensa de opinión es la que coloca los temas socio - políticos - económicos y culturales, en la vía pública para conocimiento de la población. Estos aspectos de la realidad de su tiempo sólo tenían difusión en los salones privados de Ninon de Lenclos y de Mesdames de La Sabliere y Deshoulieres. También en el famosísimo Salón de Madame de Sta‰l. Salones de damas que contribuyeron poderosamente a difundir no sólo la Enciclopedia, sino el pensamiento ilustrado (Aufkl„urung), el racionalismo y el naturalismo, notable triunfo en la conciencia europea. En estos salones se difundió la obra de Bayle, Newton, Locke, Pufendorf y Grocio entre otros.

Esta reflexión fue el viento huracanado que abría paso de modo implacable a la crítica contra la mentalidad tradicional. Una crítica en modo alguno violenta, sino fina, irónica, al gusto de la época. Pero una prensa que contribuyó a configurar las futuras revoluciones burguesas y que sacudieron el yugo del Antiguo Régimen.

Es en el siglo XVIII, en que la prensa se constituye como un cuarto poder que interpela a quien ejerce el poder.

¿Cómo cercenar, cómo proscribir a un columnista de opinión que, por antecedentes históricos, debe reflexionar sobre las estructuras de la sociedad en la que está inserto?

De los paradigmas

Otra reflexión nos lleva a plantearnos desde que lugar centra sus ideas un columnista de opinión. Tal vez un paradigma humanista en el que lo fundamental es el hombre, al estilo de Protágoras (el hombre es la medida de todas las cosas). O adhiere a un paradigma pragmático, en donde su interés personal es el fundamento de vida. Tal vez se subordine a las apetencias y sea servil ante el Leviatan.

Primera religión

Pero también cabría reflexionar desde una perspectiva cristiana, ya que el Cristianismo se erige en la Historia de la Humanidad como la primera religión que vino a igualar a todos los hombres, y puso fin a la esclavitud en un mundo antiguo en el que todas las culturas tuvieron extremas desigualdades.

Una reflexión desde la óptica cristiana, nos lleva a un terreno de orden moral, puesto que el Hombre no puede realizarse plenamente en busca de su Fin divino con sólo su esfuerzo individual, ha menester de la ayuda de los demás y, por ende, de la sociedad.

"El Estado o la Sociedad política, surge así como una exigencia natural, la cual como tal, proviene de la Ley moral natural. Desde la Moral puede el Hombre alcanzar su dignidad de persona y su desarrollo humano. Con esta reflexión se interpreta que el Estado y por ende quienes ejercen su gobierno, deben ser para la persona, para la realización plena de las potencias materiales y espirituales", texto de Monseñor Octavio Nicolás Derisi en Los Fundamentos Metafísicos del Orden Moral. UCA, Editorial El Derecho, Buenos Aires, 1980

El contenido del Cristianismo de por sí rico, se encuentra robustecido en la vastedad de las Encíclicas, que reflexionan y esclarecen las problemáticas sociales, empezando por la Rerum Novarum, base de la Doctrina Social de la Iglesia. 

El campo ético de la prensa

Con este fundamento, se entiende la responsabilidad que les cabe, a quienes tienen el privilegio de analizar la realidad cotidiana y plasmarla en la letra de molde diariamente. El ejercicio de pensamiento, análisis y reflexión, además de la contrastación de ideas no debería ser objeto de censura y reprobación y mucho menos al interior del seno periodístico.

En definitiva, la discusión está centrada en un campo de la Ética. Y el posicionamiento de cada columnista es de orden ético.

El pensamiento crítico

Pero también para la plena realización del pensamiento crítico y reflexivo, es menester el ejercicio de la libertad, dimensión de realización plena de la persona. La libertad no es contemplativa, sino que actúa y modifica el ser propio y ajeno para alcanzar el bien intentado: es esencialmente práctica. La libertad no se dirige a aprehender el ser inmodificado como la actividad teorética de la inteligencia, sino que penetra y actúa en el ser para transformarle e imprimir en él las modificaciones necesarias, para hacerlo servir a su bien.

Por su actividad libre, el Hombre siempre introduce cambios en el ser propio y en el exterior a él, para ordenarlos, en la doble dirección, al bien intrínseco humano y al bien extrínseco de su propia actividad.

Una aproximación al tema nos pone frente a la necesidad de indagar qué se informa, quienes informan, la pertinencia de la comunicación en la sociedad en la que está inserto el periódico. Otros interrogantes nos pueden conducir a reflexionar sobre los objetivos y fundamentos que subyacen en los periódicos y cuáles son los paradigmas que los informan. Qué clase de vínculos se establecen con los diversos sectores de la comunidad, y que puedan ofertar su bagaje de información en beneficio de la ciudadanía en general. 

La información, es en sí un tipo particular de conocimiento que la prensa pone a disposición de la comunidad. Su libre circulación siempre redunda en beneficio de esta. El lector, a través de la información debiera interpelar a los gestores de políticas públicas. Así, la noticia permite el cuestionamiento y el replanteo de los contenidos.

Otro pensamiento nos lleva a considerar la necesidad de generar espíritu crítico y la posibilidad de evaluación en los procesos de adquisición de la información, construcciones estas que han de ser en útiles a la sociedad.

Un servicio público

En ese análisis también cabe la necesidad de indagación de la real dimensión de la labor en la prensa, ya que deviene en un auténtico servicio público.

La prensa, como generadora de información cotidiana, ofrece un principio que permite el análisis. Pero es claro que, sin espíritu crítico, sin el cuestionamiento necesario, no habrá posibilidad de tocar las sensibilidades que construyan las políticas públicas transformadoras de la sociedad. 

El mero aplauso, no es el camino de la transformación social. Tampoco la recurrente subordinación. 

Hace cuatrocientos ocho años, vio la luz en 1610 “Nuntius sidereus”, obra por la cual su autor fue condenado. Ante la ejecución, decidió abjurar del contenido de sus teorías. Al concluir su retractación musitó: “E pur si muove”. Y es que la realidad de los hechos, con el tiempo se impone y sobrevive a los intereses particulares.

Ante la lúgubre realidad, el periodista no puede llamarse a silencio y recluirse en la calidez de su hogar. Es menester que los gestores de políticas públicas sean interpelados. Deviene necesario que el Poder sea cuestionado, criticado y que, ante la expresión de descontento de la opinión pública, la prensa difunda sus opiniones sobre sus volubles acciones. Los silencios no redundan en la mejora de la realidad que nos circunda. Es menester la presencia de tribunos contemporáneos que se erijan en voceros de una ciudadanía atravesada por múltiples problemáticas, en mucha de las regiones que están atenazadas por lacerantes inequidades y, muy lejos del desarrollo material y espiritual de sus habitantes.

La Prensa, en su análisis de la arrolladora realidad, siempre expondrá medularmente tanto la grandeza y la épica de los grandes hombres, como señalará las debilidades y las pequeñeces de los mortales. La Prensa, que todo lo escudriña y todo lo comunica, es anticipo del juicio de los hombres de su tiempo.

La prensa se constituye como el cotidiano desafío de informar a los vastos sectores de la sociedad. Es reflexión y crítica, es pensamiento y análisis, pero es también la posibilidad de desandar el insondable camino para alcanzar la utopía de un mundo mejor. Es anhelo, es ejercicio de forjar ideas, es sueño de libertad, y es, à el comprometido y audaz vuelo de la palabra.

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