Tanto en el reciente congreso de Prograno como en el que realizará Crea la otra semana, las perspectivas de reactivación económica más tangibles están en la exportación de alimentos.

Entre la tecnología genética, la metalmecánica, el uso de computadoras, ciclomotores y drones, el desarrollo agrícola nada tiene de parecido con la tradición gauchesca. Pero el campo sigue siendo la fortaleza y la ventaja comparativa. El Mercosur empieza a ser observado como el productor de la mitad de los alimentos de todo el mundo en la próxima década.

Salta dispone de enormes posibilidades para desarrollar ganadería, cereales, legumbres y oleaginosas, frutas y maderas.

Primera advertencia: los mercados del primer mundo ponen condiciones para la compra de alimentos, ambientales y sociales. En la provincia, en estas áreas falta una mirada madura: tanto en las campañas en supuesta defensa del monte nativo como en la cruzada contra las antenas, el dato científico está ausente. Y las autoridades no lo aportan. Cualquiera puede decir cualquier cosa y convertirla en un dogma.

Hace pocos días, una estimación del departamento de Agricultura de Estados Unidos proyectó que en 2018 nuestro país exportará más de 500 mil toneladas de carne. La Argentina fue líder en el rubro, cayó al puesto 14 durante "la década ganada" pero ya llegó al sexto lugar.

Salta cuenta con tierras y condiciones para cuadruplicar el número de bovinos, pero falta la decisión política. En tanto, siete de cada diez kilos de carne que consumen los salteños viene de otras provincias. El temor es que otra vez se pierda el tren.

 

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