Gobernar y legislar es decidir para el futuro. No sumarse a las corrientes minoritarias pero bochincheras. La dirigencia de Salta no puede actuar inspirada por el pensamiento mágico. La salud humana mejoró sustancialmente cuando los médicos reemplazaron a curanderos y chamanes. Es el dato o la creencia. El temor a las antenas no es más que temor. No existe ninguna comprobación verificada que avale ese miedo. Los expertos que se oponen solo testimonian que “no hay seguridad de que las antenas no hagan daño”. Los que las defienden sostienen que “toda tecnología debe ser utilizada con controles técnicos”. Controles que no se reclaman sobre la actividad radiactiva de emisiones de TV, FM, microondas o radiología. En la ciudad de Salta funcionan 1.100.000 celulares. ¿Es racional que quien usa celulares se oponga a las antenas?
Si los concejales que se oponen -y los que dudan- realmente creen que las antenas son cancerígenas deberían prohibir por ordenanza el uso de celulares. No lo hacen, simplemente, porque saben que los “autoconvocados” se indignarían.

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Sección Editorial

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