Torturas en Malvinas: “Me estaqueó y me hizo comer entre el excremento”, contó una de las víctimas

El excombatiente Silvio Katz está esperanzado porque un juez de Tierra del Fuego citó a indagatoria a 18 oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas, bajo la acusación de haber torturado a soldados durante la guerra en las Islas Malvinas. "Espero que me citen a declarar, porque yo formo parte de esa megacausa", asegura Katz a Clarín, en diálogo telefónico.

-¿En qué consiste tu denuncia?

-Denuncié por torturas y malos tratos a un subteniente de ese momento, que a mí me hizo poner las manos, los pies y la cabeza entre el agua helada, que me estaqueó y me hizo comer entre el excremento. "Judío de mierda" fue lo más suave que escuché de él en Malvinas, hasta pasar hambre, no sólo a mí, sino a mucha gente que estábamos en el grupo que él tenía a su cargo. El que me torturó se llama Eduardo Sergio Flores Ardoino. 

-¿Te torturaba más por ser judío?

-Tenía predilección por los judíos, era un nazi en potencia. Y yo era el único judío del grupo. Siempre se refería a mí en forma despectiva. Decía "despierten al judío de mierda", "traigan al judío traidor", al "judío sorete", siempre con algún descalificativo. Me hizo sacar la ropa, quedé en remera y calzoncillos cortos, me estaqueó y me hizo orinar por mis compañeros. Era todo lo indigno que se podía ser. 

-¿Qué excusa dio para estaquearte?

-Habíamos ido a buscar comida al pueblo, con otro compañero. Cuando estábamos volviendo, nos dijo que la habíamos robado, que dábamos vergüenza y nos estaqueó. A mí, por ser judío, hizo que me orinaran encima. Hacía mucho frío, con llovizna, viento y temperaturas bajo cero.

-¿Cuánto tiempo estuviste en las islas, durante la guerra?

-Desde el 11 de abril, hasta dos días después de la rendición. Yo estaba en el Regimiento 3 de Infantería de La Tablada. Y nos mandaron al lugar donde según el Ejército iban a desembarcar los ingleses, aunque después ellos desembarcaron en otro lado y nosotros quedamos en la retaguardia. Junto conmigo, en mi pozo estaban Roque Arrieta, Alberto Avellaneda y Jorge Martinoli, entre otros. Eramos más de 50 en nuestro grupo. 

-Cómo estabas cuando volviste de la guerra?

-Tenía pie de trinchera, por congelamiento de extremidades. Es que tenía dos pares de medias, nada más. El clima hacía que no se sequen, no tenía ropa para cambiarme. Me hacía poner los pies en agua congelada y eso hizo que se me lastimaran los talones. Si yo no hubiera vuelto apenas terminó la guerra, hubiera perdido los dos pies, me los habrían amputado. 

-¿Tuviste apoyo acá, cuando volviste?

-No. Yo empecé a hablar de esto en 2009, cuando hice la denuncia y empecé a hacer terapia. Antes no tenía ganas de hablar de la dignidad que perdí, la vergüenza que sentía. Me junté con los de Cecim (Centro de Ex Combatientes de las Islas Malvinas), de La Plata. Y también con un grupo de siete judíos excombatientes, que a veces nos juntamos a comer. En 2012 hicimos un acto de judíos excombatientes, con la AMIA y la DAIA. Tuvimos reuniones, por la doble condición que teníamos, al ser judíos y haber defendido al país en la guerra, porque somos argentinos. Tuve que reconstruir sobre cenizas lo que es mi vida. Ahora estoy casado, tengo dos hijos, una familia hermosa. Ellos son los pilares del Silvio que soy ahora. Puedo hablar, porque tengo una familia que me contiene.

Fuente: Alejandro Alfie - Clarín

 

 

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