Gimnasia necesita "acomodar" la cabeza para no recibir el peor aplazo semestral

Dicen los psicoanalistas que nuestra autoestima influye en todas nuestras decisiones y elecciones más significativas, y hoy por hoy es la autoestima quizá el componente más debilitado de un plantel de Gimnasia y Tiro que extrañamente pareció perder confianza desde aquel 3-0 parcial a favor ante Central Córdoba de Santiago del Estero en el Gigante. 

La endeblez anímica de un grupo al que no le sobran recursos de jerarquía ni variantes, pero que aún así puede dar mucho más, quedó en evidencia en sobradas situaciones en los dos últimos partidos, en los que recibió una marca de goles en contra sin precedentes en la historia, y quedó desnuda en la incapacidad para sostener un resultado ante un rival que lo intimidó con aplomo, convicción y buen juego, justamente, factores de los que también viene careciendo en albo.

También fue evidente en la escasa reacción y la vulnerabilidad ante un rival duro, pero para nada imbatible, como Defensores de Belgrano de Villa Ramallo, que le propinó una goleada épica. La fragilidad mental y la confianza erosionada también quedaron al descubierto en la anarquía táctica en la que se sumerge el equipo, y hasta en el simple hecho de quedarse atornillado ante un rebote en un penal en contra.

Y, por supuesto, en la cabeza de grupo, en aquel que debe templar, guiar y ordenar, los jugadores tampoco encontraron resoluciones lúcidas ni una brújula que los oriente, ya que el DT Riggio también equivocó en reiteradas ocasiones el camino con sus desaciertos.

Gimnasia cayó en un octogonal picante, con una alta vara y contrapuestas realidades presupuestarias. Pero sin lugar a dudas que su rival más difícil a vencer es su profunda crisis emocional, más allá de que hoy el equipo no tenga marca, que los defensores queden más expuestos ante rivales de más fuste y que Leguiza no atrape los balones, aunque no lo respalden desde adentro.

Quizá hoy Gimnasia carezca de armas equivalentes para pelearle a otros equipos que sí tienen con qué aspirar a más. Quizá vuelva a ser superado por otros rivales de talla y quizá la chance de un ascenso a través de play-offs o de una posible invitación a una B Nacional reestructurada sean una quimera. Pero actitud y entrega deben ser innegociables. Y eso es lo que debe recobrar.
 

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Sección Editorial

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