Una familia espera justicia hace  cuatro años por la muerte de su hijo

El crimen de Walter Ponce, ocurrido el 16 de enero de 2014, dejó a una familia destrozada, incluso con secuelas en algunos de sus miembros. Su madre, Rosa Velárdez, y una de sus cinco hermanas, Romina Ponce, le contaron a El Tribuno el calvario que padecen desde hace más de cuatro años tras lo ocurrido en Dragones. "Los asesinos estuvieron solo seis meses privados de la libertad por ser menores, ahora con la mayoría de edad siguen libres y disfrutan de la vida, mientras nosotros tenemos que aguantar todo tipo de burlas, incluso de la Justicia que en dos ocasiones permitió que el juicio se postergara". A la madre de la víctima le cuesta hilvanar frases por algunos segundos, el dolor sigue intacto en su corazón.

En medio de tanto sufrimiento, las fuerzas surgen de algún lugar y siguen. A contrapartida de lo que viene pasando en los últimos años en Salta, donde causas penales concluyen con sentencias firmes al cabo de meses, esta vez la familia de la víctima no consigue cerrar ese doloroso y primer proceso que significa atravesar las audiencias contra las personas que cometieron el delito.

"La primera vez, el 30 de octubre del año pasado, el juicio se suspendió en Tartagal porque uno de los dos imputados tiene un parentesco con uno de los jueces", contó Rosa y agregó: "Ahora nos llegó el comunicado ayer -por el miércoles- que el abogado de Aranda, uno de los asesinos, solicitó posponer la fecha. Nos preguntamos, ¿hasta cuándo vamos a seguir esperando? Están jugando con mi familia, con todo el dolor que nos dejaron", apuntó la mujer, irritada por la situación mientras seca sus lágrimas.

   Walter Ponce

Walter tenía 20 años y toda una vida por disfrutar. Era el cuarto de siete hermanos y el más chico de los dos varones. Como casi todos sus hermanos, trabajaba para ayudar con el sustento económico en su hogar y estudiaba en el Profesorado de Educación Física de Orán, donde alquilaba junto a un compañero. "Le gustaba hacer deportes, por las noche dictaba un taller de vóley para los chicos de la calle, la idea era sacarlos de ese ámbito y orientarlos en el deporte", recordó Romina. "Si algo tenemos que agradecer a nuestros padres es la educación que nos brindaron siempre, no nos dieron lujos pero sí una crianza orientada por el camino correcto. Mi hermano nunca había tenido inconvenientes con nadie, no era de andar vagando por la calle buscando pleitos".

En la cancha vieja

Las mujeres contaron cómo fue la noche que Walter terminó al costado de su moto sin vida. "Como era su costumbre, cuando estaba en Dragones a Walter le gustaba salir a correr en la cancha vieja ubicada al costado de la ruta. Fue y volvió, estaba en el fondo de la casa cuando recibió un mensaje y salió de nuevo. "Ya vengo viejo...', dijo. En ese momento mi papá comentó que lo había notado raro, el tema fue que Walter recibió entre seis o siete mensajes de texto de Cristian Torres, el que apuñaló a mi hermano, donde lo citaba a pelear. "Vení maricón, put... nos hagamos cagar...' decían los mensajes que pudimos capturar del celular de Walter".

El recuerdo crudo del crimen quiebra una y mil veces a la madre y la hermana de la víctima. "Recibió tres puñaladas, una fue directo al corazón, las otras en el brazo y al costado del cuerpo. Adrián Aranda lo agarró para que Cristian Torres lo apuñalara, a mi hermano no le dieron chances de nada, lo estaban esperando para matarlo". Romina es contundente en su testimonio, mientras su madre sospecha que en el momento del hecho una tercera persona pudo haber participado. "Para mí fueron tres", dijo Rosa en alusión a Facundo Barros, el joven que supuestamente salió con la víctima hacia la escena del crimen. "Eso dijeron los asesinos, que mi hijo fue con Barros, primo de Aranda, pero a nosotras no nos consta, Walter salió solo hacia ese lugar".

Fue Barros quien salió corriendo y le avisó a su padre que "Cristian había apuñalado a Walter", dijo Rosa. El señor llegó hasta la cancha conocida como "Carrera de Tito Vera", y según sus declaraciones "Cristian gritaba desesperado que era un asesino porque lo había matado a Walter". Al cabo de varias horas, y que el cuerpo de la víctima fuera trasladado al hospital San Roque de Dragones en la camioneta de un finquero, la Policía detuvo a Torres. "El asesinato fue cerca de las 22 y él -por Cristian Torres- fue detenido a las dos de la mañana. Aranda cayó después porque se hacía pasar como testigo cuando en realidad fue cómplice del crimen". Ese mismo año, tras seis meses detenidos, los jóvenes acusados de homicidio fueron absueltos en Salta capital porque "dos de los tres jueces decidieron que tenían derecho a estudiar y trabajar, seguir haciendo su vida como si nada", contó Rosa Velárdez.

 

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